19 de noviembre de 2017 - 00:00

Hollywood en castellano (abusos sexuales de aquí y de allá)

1. Este es un mundo hipócrita. Escritas, parvas de canciones de amor, millones de besos románticos y muchachos que, en cinemascope, hacían todo por ellas. Por un lado, novelitas rosas, por el otro, productores de Hollywood abusadores, artistas de cine violadores, y miles de espectadores anónimos que, después de que la pantalla imprimiese su "The End", en el silencio cómplice del hogar, hacían imperar la ley del macho cabrío.

2. Este es un mundo en el que siempre han ganado los ricos, los poderosos y el "sexo fuerte". Las estadísticas sobre el número de mujeres abusadas y/o violadas, por parientes o por extraños, siempre fue abultado, indignante, pero poco extendido en los debates públicos y mediáticos.

Las provincias con mayor cantidad de violaciones sexuales denunciadas en relación a su población son Salta, con 27,5 violaciones cada 100 mil habitantes; Misiones, con 23,3 violaciones; y Mendoza, con 18,9 violaciones por año (fuente, últimos datos del Ministerio de Seguridad de la Nación publicado en Chequeado.com).

Según el informe del Ministerio de Seguridad, en delitos como "corrupción, abuso deshonesto, ultrajes al pudor, rapto y tentativas de violación", la cantidad de víctimas registradas fueron 13.520 en 2015, 37 por día.

Sigue el desfile de datos vergonzantes: una de cada cinco mujeres de nuestro país fue abusada en el colectivo. Es decir que fue apoyada, rozada o manoseada durante el viaje urbano o inter urbano (*). Lugares con muchos testigos, mayormente a la luz del día, pero bajo la oscuridad de una sociedad que es especialista en naturalizar los delitos sexuales.

3. Durante los 80 y 90, y gran parte de este milenio también, se vivió una era de supuesta modernidad, supuesta libertad de género en Occidente, supuesta era de cierta extensión de los derechos de las mujeres, que -al mismo tiempo- se solapó con una situación preexistente: el hombre siempre se sintió con potestad sobre el cuerpo de la mujer.

Si sucedió en Hollywood, donde un productor como Harvey Weinstein abusó y violó a cientos de mujeres (muchas de ellas, actrices de renombre que subieron al estrado y tuvieron que agradecerle el Oscar o el premio de turno ganado al acosador)... ¿qué creen que puede llegar a suceder en tal o cual oficina privada o pública, o en el negocio de la esquina?

La relación de poder asimétrica entre jefe-empleador y empleada, en el marco de una sociedad que gusta de mirar a otro lado, ha sido caldo de cultivo para la proliferación de cientos de denuncias de abuso, insinuaciones y hasta violaciones.

Mientras gente como Weinstein o Kevin Spacey o Roman Polanski, por nombrar solo a tres, acallaban las voces de sus víctimas con la artillería de un ejército con los mejores abogados del planeta, en otros ámbitos laborales menos glamorosos, el silencio cómplice, el "dejar hacer" de la sociedad y el "no te metás" hicieron mucho para que los abusos se multiplicaran como peste.

Por un lado, los artistas o productores de la Meca del cine gozaron de un halo protector; incluso su "excentricidad" les permitió cruzar ciertos límites con una facilidad pasmosa.

Pero por otro lado, muchos otros varones cometieron los mismos delitos, sabiéndose hamacar en un contexto fértil para sus propios intereses, repleto de frases como "y qué querés, si se vestía con esas minifaldas" o "ella lo provocaba".

4. Es apenas una anécdota, escuchada por ese estudiante de 18 años que entró a trabajar como cajero de un supermercado, con la esperanza de hacer sus primeros manguitos.

Las cajas de cobro eran pobladas por una decena de mujeres jóvenes, muchas de ellas sostén de familia, dispuestas a hacer lo necesario para no perder el laburo en nuestra Argentina de crisis perenne.

"Los jefes de Caja se las 'pasan' a la mayoría", confió un compañero. "Ellos son los encargados de rendir las tarjetas de crédito de cada una. Y si tal o cual no acepta 'salir' con ellos, se empiezan a 'perder' cupones. Y nadie quiere trabajar gratis".

Ese estudiante de 18 años, en los 90, no dudó de que aquello fuese posible (aunque nunca tuvo pruebas). Como que era común (es común) y a nadie le sorprende, que en conglomerados masivos, alguna amiga, prima o conocida contase que fue apoyada, tocada o "piropeada" de la manera más guarra posible.

Las mismas chicas que tenían sus desgraciadas anécdotas de 'incidentes' con algún tío abuelo en la infancia. Las mismas chicas que han naturalizado el miedo de no poder andar solas por las calles de noche. De no poder ser dueñas de las calles de su propia ciudad.

5. Vivimos en un mundo en el que ganan los ricos, los poderosos, los machos. En el que se impuso la imagen de la mujer como objeto. Un objeto cuyo supuesto dueño, el hombre, puede usar, gozar, manipular y hasta tirar.

Para romper con este estado de situación de las cosas, lo primero que hay que hacer es dejarse sorprender, ahogar silencios y querer escuchar. Es la única manera de que esta película tenga un final un tanto feliz.

(*) “Encuesta sobre violencia contra las mujeres en el espacio público”, realizada por el Observatorio Ni Una Menos de la organización de Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá) en 11 provincias y contemplando 1300 casos.

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