6 de diciembre de 2019 - 21:40

Hitler no estaba seguro de su origen ario

A medida que la popularidad de Aldolf Hitler creció, lo hizo también su preocupación por demostrar que contaba con la "pureza de sangre" que exigía a los demás.

Diversos rumores pusieron en duda su origen ario y para acabar con estos contrató al investigador genealógico Karl Friedich von Frank. El historiador reunió cerca de dos mil documentos en base a los que presentó al Führer un completo informe sobre sus orígenes. Tras leerlo y acordar con el mismo, Hitler lo hizo publicar.

El libro vio la luz en 1934 bajo el nombre de “Die Ahnentafel des Reichskanzlers Adolf Hitler”, algo así como  "El pedigrí del canciller Adolf Hitler". Inmediatamente fue revisado por los opositores a Hitler quienes hallaron a una mujer llamada Katharina Salomon en el árbol genealógico, apellido que no sonaba muy alemán. En la segunda edición Frank corrigió el “error” y Salomon fue reemplazada por María de Hamberger. Claro que este detalle alimentó aún más los rumores.

Hace relativamente pocos años el historiador  Florian Bewell tuvo acceso a la documentación base, papeles que el genealogista no entregó a Hitler y conservó su familia:

“El hijo de Frank -escribió Bewell- me condujo a una cámara secreta, oculta tras una estantería de la biblioteca del castillo. Allí, al final del pasillo, me mostró un legajo de cientos de documentos pegados unos a otros y cubiertos de moho y polvo. Después de analizar un primer examen, lleno de prudencia, me di cuenta de que tenía ante mí todo el material secreto que había utilizado Frank para sus investigaciones sobre el origen de Hitler”.

Luego de analizar cada papel no pudo establecer una relación entre Hitler y el supuesto origen judío.

Pero ese no fue el único elemento enigmático. Para muchos sonaba “sospechoso” el origen “bastardo” del padre de Adolf Hitler.

Se lo registró al nacer como Alois Schicklgruber -apellido de su madre- y fue reconocido a los treinta años como Hitler por un supuesto tío paterno. Guido Knopp en el libro "Secretos del Tercer Reich" transcribe parte del documento original:  
"que el antiguo molinero George Hitler (...) fallecido el 5 de enero de 1857 en Spital y residente no empadronado, habìa declarado en su presencia y en repetidas ocasiones antes de morir que su última y definitiva voluntad era reconocer y legitimar plenamente (...) a Alois, nacido de María Ana Schicklgruber, por aquél entonces soltera, hija de agricultores y que posteriormente se convertiría en su legítima esposa, con pleno derecho para llevar su apellido y poseer todo su patrimonio".

Más allá de que este reconocimiento tardío sirvió mucho a Adolf, jamás tuvo certeza de quién fue su abuelo realmente, pues todo pudo ser solo un artilugio legal para cobrar la herencia. Esta situación no lo mantuvo siempre en vilo y vivió hasta el último de sus días preocupado porque alguien demostrara que no era totalmente ario. El temor llegó al punto ceder al chantaje de un sobrino creyendo que tenía datos al respecto, pero esa es ya otra historia.

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