Esto representa, además, una rentabilidad superior al 500%. El proyecto contó con el asesoramiento del Ing. Agr. Pablo Riera. El secreto, afirma el especialista, fue el manejo sostenible del cultivo, en el cual la nutrición vegetal tuvo un papel imprescindible.
La cosecha de ajos 2019 comenzó con un panorama bastante alentador para los productores locales, gracias a las medidas económicas propuestas por el Gobierno provincial para favorecer la exportación a Brasil y paliar la competencia del mercado chino. En este contexto, y en medio de una situación macroeconómica de incertidumbre donde el cultivo del ajo se posiciona como una veta de esperanza para la economía regional, conversamos con el Ing. Agr. Pablo Riera, Consultor Técnico de Bioaggil Argentina, encargado de asesorar a la finca de Montecaseros, San Martín.
¿De qué depende el rendimiento de un cultivo?
El rendimiento de un cultivo está determinado por múltiples factores, algunos de los cuales no dependen del productor como por ejemplo, las condiciones climáticas. Pero hay otros que sí y es fundamental priorizarlos, porque son la base para un cultivo exitoso; me refiero a las condiciones de la planta: la genética y calidad de la semilla, la preparación del suelo, la fecha de siembra, la gestión del riego y la nutrición. Siempre apuntando a las nuevas tecnologías que permiten un manejo agrícola sostenible.
La cosecha de este año en el proyecto de San Martín fue una consecuencia del trabajo en equipo con el personal de la finca, porque hemos aprendido a enfocarnos en esos factores y ser más conscientes a la hora de tomar decisiones. De esta forma, logramos aumentar la eficiencia y reducir los niveles de esfuerzo.
¿Qué papel juega la nutrición vegetal en el rendimiento y en la sostenibilidad del cultivo?
Juega un papel fundamental. En palabras simples, una nutrición vegetal óptima implica darle al cultivo los nutrientes que necesita en el momento exacto y en la cantidad precisa. No es muy distinto a la nutrición de las personas: para llegar a ser un atleta de alto rendimiento es necesario tener una alimentación balanceada desde la infancia. Con las plantas ocurre lo mismo; una nutrición vegetal deficiente o desequilibrada genera un cultivo débil y de bajos rendimientos.
En el caso del ajo, el objetivo de la nutrición equilibrada es garantizar un óptimo desarrollo radicular y foliar, y como consecuencia, obtener un máximo desarrollo de bulbos. Todo lo anterior se traduce directamente en kilos. Las nuevas tecnologías de nutrición vegetal han avanzado mucho en el desarrollo y sanidad de las raíces.
¿A qué se refiere con nuevas tecnologías de nutrición vegetal?
Me refiero al desarrollo de nuevos productos y tecnologías de aplicación que estén alineados con el concepto de agricultura sostenible. Es decir, que contribuyan a maximizar rendimientos con prácticas respetuosas del medio ambiente y perdurables en el tiempo.
Un claro ejemplo de esto es la aplicación de microorganismos benéficos para la bioestimulación y bioprotección de cultivos, como las Trichodermas y Micorrizas. Se trata de hongos que actúan a través del control biológico y contribuyen a lograr una estabilidad microbiológica del suelo, produciendo una acción selectiva sobre organismos patógenos y aportando a la sanidad de la tierra. En la finca de San Martín aplicamos los productos Aegis y Tifi durante la siembra para evitar el desarrollo de nemátodes.
Su planta de producción se encuentra en el Parque de Desarrollo Empresarial e Industrial de Maipú. Su diferencial es que cuenta con una amplia paleta de productos para la nutrición vegetal, la mayoría de ellos producidos por Italpollina, grupo de capitales italianos con presencia en más de 80 países y aliado estratégico de la empresa mendocina. Son productos aptos para una práctica tanto convencional como orgánica, con certificaciones internacionales. Además, Bioaggil tiene producción propia de fertilizantes líquidos destacados por sus altos estándares de calidad.