"Le perdieron el miedo a la jefa; ya no hay temor a que te tilden de traidor si opinás diferente". La frase pertenece a un legislador peronista que es testigo de los movimientos que se están produciendo en el oficialismo nacional luego del 11 de agosto.
Concretamente, las fugas hacia el Frente Renovador de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires y en el Congreso nacional motivadas por la sorprendente performance del intendente de Tigre en las primarias y por el pobre desempeño del kirchnerismo en los principales distritos del país.
La unidad sostenida férreamente por la Casa Rosada en los últimos diez años, en base a una chequera abultada y la máxima de que los votos son pura y exclusivamente de Néstor Kirchner (primero) y (después) de Cristina Fernández de Kirchner, está hoy herida de muerte. El kirchnerismo dejó de ser la principal opción para los votantes y la situación fiscal y económica del país no hace más que complicarse día a día.
La gran incógnita es cómo serán 2014 y 2015 cuando el pato ya comenzó a renguear -por usar la metáfora que usan los norteamericanos para hablar de los dos últimos años de un presidente que no puede aspirar a su reelección- y con un peronismo disperso y envuelto en una puja por la sucesión que colisiona con la gestión.
La primera postal que arroja esta nueva realidad política es que los reacomodamientos entre el PJ que gobierna y el PJ opositor que quiere gobernar se parecen más a un desbande. Por un lado, la Presidenta retrocedió tras la derrota electoral y concedió a los trabajadores de clase media en relación de dependencia y a los monotributistas, gran alivio en la presión impositiva (liberó a 1,1 millón de empleados del pago de Ganancias y duplicó el monto de las categorías del monotributo) con medidas que pueden catalogarse de tardías, porque aparecen luego de una derrota pero que tienen un resultado directo en los bolsillos.
Pero, por otro lado, el kirchnerismo bonaerense dio un show digno de una enorme confusión política e ideológica respecto del tema de la inseguridad.
El tándem Daniel Scioli y Martín Insaurralde -este último principal candidato K en la provincia- hizo un giro hacia una política de mano dura y consiguieron el visto bueno del coronel Sergio Berni, el secretario de Seguridad nacional.
Pero el kirchnerismo de paladar negro, que resistió durante 10 años estas políticas y profesó el garantismo, se mostró incómodo y dejó en off side a Insaurralde, que propuso discutir un régimen penal juvenil que implicaría bajar la edad de imputabilidad de los menores que delinquen de 16 a 14 años.
El telón de fondo de estas volteretas son encuestas encargadas por la propia Rosada que indican que Massa estiró su ventaja sobre Insaurralde a 15 puntos lo que, de concretarse en las urnas, dejaría al oficialismo a tiro de perder el control de la Cámara baja.
En este escenario caótico pasó desapercibida para el Gobierno nacional la pelea cruenta que se desató en el peronismo mendocino la semana pasada cuando los intendentes Alejandro Abraham y Rubén Miranda concretaron un acuerdo electoral con el candidato a diputado nacional del PJ disidente, Daniel Cassia, con el modesto objetivo de que éste le arrastre el 4,5% de los votos que sacó en las primarias a sus listas de concejales, de manera de no perder el control de los cuerpos deliberativos municipales en manos del radicalismo.
El grito en el cielo lo puso el ex intendente de San Rafael, Omar Félix, quien va como segundo candidato a diputado nacional por el kirchnerismo detrás de Abraham y temió quedarse afuera del Congreso si Cassia le restaba votos a la lista nacional.
Félix, que es actualmente diputado nacional, amenazó con renunciar al bloque del Frente para la Victoria y con pedir la intervención del partido provincial, que conduce Abraham. Hubo llamados desde ambos sectores a la Casa Rosada, pero ningún funcionario cercano a la Presidenta se metió.
Todos están absorbidos por la pelea bonaerense y así la posibilidad de que por Mendoza ingrese un solo diputado K, en lugar de dos, se les pasó por alto, lo que demuestra cómo están las cosas en el centro del poder político del país. A Félix le sirvió más la ayuda recibida por el sector azul, que conduce Juan Carlos "Chueco" Mazzón, y la amenaza de renunciar, a la lista nacional, de los tres candidatos más puramente K, que las quejas en Olivos.
La estrategia que lleva adelante el Frente Renovador es dar una noticia semanal sobre su poderío político en crecimiento. La semana pasada anunciaron la conformación de los bloques en la Legislatura bonaerense y esta semana presentaron en sociedad el bloque de diputados nacionales.
En éste conviven duhaldistas, ex radicales K y ex kirchneristas. "Estamos administrando los tiempos", dicen confiados. La intención de fondo de Sergio Massa es que la población lo identifique como el nuevo oficialismo, no como un simple opositor. ¿Cómo es esto? Quiere aportar propuestas, aunque no sean novedosas y hasta algunas sean claramente impracticables, sobre los temas que más aquejan a los votantes para obligar al Gobierno nacional a reaccionar.
Por eso realiza conferencias de prensa para anunciar que "envía" -como hacen los Ejecutivos- leyes al Congreso. Hasta acá, le viene saliendo todo perfecto ya que Cristina Fernández tuvo que hacer anuncios sobre el impuesto a las Ganancias y mandó a Berni a apoyar las ideas de Scioli e Insaurralde sobre la inseguridad.
Por ahora, en Mendoza Massa no ha hecho pie pero uno de sus operadores más conocidos, Alberto Fernández, comenzó a articular con el diputado nacional Enrique Thomas y con el senador provincial Gustavo Balls. "Hoy el kirchnerismo sólo es una fuerza remanente. Todos están hablando de cómo será el post-kirchnerismo, de un ciclo que ya empezó", explica Thomas.
Aunque los cambios que se producen minuto a minuto en la política argentina sean apasionantes, lo que se está redefiniendo por estas horas no es sólo un nuevo mapa político sino los dos años por venir para todos los argentinos. Las diferentes hipótesis que se hacen sobre cómo manejará el poder una presidenta debilitada por las urnas, son infinitas y algunas alocadas.
Una señal indica que el temor a que el cuadro de debilidad se acreciente reina en el propio Gobierno y por eso éste decidió aprobar el Presupuesto 2014 antes de las elecciones por si luego de las mismas muchos legisladores dan el salto definitivo a la oposición y no tiene respaldo para sancionar la denominada "ley de Leyes".