La semana pasada, Hillary Clinton tuvo una fascinante entrevista con Jeffrey Goldberg, del The Atlantic. La entrevista captó la atención de inmediato debido a la manera en que ella habló de sus diferencias con el presidente Barack Obama.
La semana pasada, Hillary Clinton tuvo una fascinante entrevista con Jeffrey Goldberg, del The Atlantic. La entrevista captó la atención de inmediato debido a la manera en que ella habló de sus diferencias con el presidente Barack Obama.
Si bien reconoció que nadie llegará a saber algún día quién estaba en lo correcto, Clinton argumenta que Obama pudiera haber hecho más por ayudar a la oposición moderada en Siria a combatir al régimen del presidente Bashar Assad.
“El hecho de no haber logrado contribuir a la formación de una fuerza de combate creíble de personas que fueron los originadores de las protestas en contra de Assad. dejó un gran vacío, mismo que los yihadistas ya llenaron actualmente”, le dijo ella a Goldberg.
Si bien demostró amplio respeto hacia la inteligencia y juicio del presidente, Clinton también dejó en claro que ella sería una líder de política exterior más decisiva.
“Las grandes naciones necesitan principios de organización, y 'No hagas cosas estúpidas’ no es un principio organizacional”, dijo, citando la famosa frase de Obama.
Sin embargo, la entrevista ilumina igualmente los diferentes sabores del pensamiento demócrata con respecto a política exterior. Actualmente, estamos viviendo lo que bien pudiéramos admitir que es la Era de Irak.
Los cuatro presidentes pasados de EEUU han terminado atraídos a esa nación debido a que epitomiza el problema fundamental al centro de tantas crisis: la interacción entre el gobierno secular a la baja y el Islam radical.
En su entrevista con Goldberg, Clinton equipara el momento actual con la Guerra Fría. Estados Unidos enfrenta un movimiento global diverso, motivado por una ideología hostil: el yihadismo.
"Los grupos yihadistas son territorio gobernante", dijo. "Sin embargo, ellos nunca se quedarán ahí. Están impulsados a expandirse".
Este yihadismo aparece en muchos contextos, pero ya sea en Gaza, Siria o Irak, dice, "todo es una gran amenaza".
Clinton habla como una demócrata Truman-Kennedy. Obviamente ella es mucho más multilateral que los republicanos, pero hay cierto tono muscular, ciertos supuestos de que habrá ideologías hostiles que amenacen a Estados Unidos.
Hay también un gran aspecto estratégico en su mente. Estados Unidos tiene que idear una estrategia “global”, le dijo a Goldberg, para contener, disuadir y derrotar a enemigos contrarios a la democracia.
Ella argumenta que a veces se necesita una acción severa. “Pienso que Israel hizo lo que tenía que hacer para responder a los cohetes”, declaró, acogiendo la reciente estrategia israelí.
“No me quedan dudas de que Hamás inició este conflicto. Así que la responsabilidad final debe descansar en Hamás”.
Este tono a veces marca tensión con el enfoque que Obama articuló en su discurso de West Point en la primavera o en su entrevista con mi colega Thomas Friedman el viernes pasado.
Obama ha tenido cuidado de no organizar una gran parte de su política exterior en torno a un combate al yihadismo. La visión de política exterior que él describe, como se esperaría de un ex profesor de leyes, se forma alrededor de una reverencia a ciertos procedimientos: hacer concesiones, inclusión, reglas y normas.
La amenaza que él describió en su discurso de West Point fue una táctica, terrorismo, no una ideología, yihadismo. Su principal argumento fue en contra de un medio no de un fin: la eficacia de la acción militar.
Obama es notablemente cauto, argumentando que EEUU se equivoca cuando intentan hacer demasiado. Su mentalidad va en contra de la intervención.
A veces, cuando la situación lo exige, él va en contra de su temperamento natural (le dijo a Friedman que lamenta no involucrarse más en Libia), pero eso requiere un gran empujón, y él se resiste a lo largo del camino entero.
En su discurso de West Point, erigió barreras para la acción. Argumentó, por ejemplo, que EEUU podría emprender acción directa solo cuando “haya casi certidumbre de que no habrá bajas civiles” (este no es un estándar que Franklin Roosevelt habría aplicado.).
Obama y Clinton representan diferentes tendencias de los demócratas. En sus descripciones de la situación actual en Irak, Clinton hace énfasis en que no puede haber política incluyente a menos que el califato sea verdaderamente obligado a retroceder, al tiempo que Obama argumenta que seremos incapaces de lograr que el califato retroceda a menos que los mismos iraquíes creen una política incluyente.
El lenguaje de Clinton apunta hacia algún tipo de intervención. Obama da indicaciones de alejarse de eso, aunque pudiera verse obligado por sucesos a involucrarse más.
Será fascinante ver cómo se desarrolla el enfoque de Clinton en las elecciones primarias de los demócratas (yo apostaría a que ella va tener un desafío más serio de lo que la gente espera actualmente).
En la práctica, el enfoque de Clinton me parece más sólido, por la misma razón que la intervención temprana en contra del cáncer es más segura que la cirugía más tarde.
En Oriente Medio, grupos malévolos como el Estado Islámico crecen a menos que sean contenidos. Incluso en situaciones en las que nuestros ”amigos" son disfuncionales, el mundo tiene que supervisarlos de alguna manera, usando una multitud de palancas.
Habiendo hecho tan poco en Siria e Irak durante el último año, podemos ponerle fin al califato o podemos permanecer fuera de Irak, pero no podemos hacer ambas.
Si no se emprenden acciones preventivas que sean constantes y determinantes, del tipo al que Clinton se inclina, entonces terminas obligado a lanzar el tipo de gran acción de riesgo que Obama aborrece.