5 de enero de 2014 - 00:07

¿Hay vida política después de la presidencia?

¿Qué hace un presidente a partir del momento en que deja la presidencia? El tema lo sacó en la última semana de 2013 Cristina Kirchner. En realidad, no fue ella en persona, sino Carlos Kunkel, su principal vocero para los temas electorales. “Cristina será candidata en 2015”, avisó Kunkel. Dijo que la veía “haciendo política y siendo candidata.”

Al día siguiente, la Presidenta consideró que esta causa ameritaba romper el silencio que ella sobrellevaba desde hacía 15 días, lo que significa que a su juicio superaba en jerarquía al colapso energético. La Presidenta desmintió tener intención de ser elegida en 2015 a algo.

Pero al esmerarse por no descolocar a Kunkel, no sólo convalidó la hipótesis de que todo había sido un globo de ensayo pergeñado en Olivos, sino que fortaleció el malentendido subyacente en el anuncio kunkeliano, que sugería que una candidatura consecutiva al ejercicio de la presidencia es lo contrario de un retiro. Falso: la historia demuestra que los cargos públicos nunca determinaron la sobrevida de un liderazgo político.

En mi libro “El final. Cómo dejan el gobierno los presidentes argentinos”, contabilizo 25 presidentes constitucionales -la longevidad promedio es de 72 años- que siguieron activos luego de serlo, empezando por los que completaron mandatos (el extremo del retiro definitivo tiene como abanderada a Isabel Perón). Al revés de lo que sucede en Estados Unidos, donde quien sale de la Casa Blanca nunca podrá volver, la gran mayoría de los presidentes argentinos siguió haciendo política.

No era raro en el siglo XIX que los ex presidentes devinieran senadores: lo fueron Mitre (también diputado), Sarmiento, Roca, Luis Sáenz Peña y José Evaristo Uriburu. Pero esa práctica, restablecida por Alfonsín recién en 2001, no fue consecutiva ni consagró líderes de época. Roca fue senador, pero Yrigoyen y Perón sólo volvieron a una candidatura para repetirse como presidentes.

Alfonsín, quien al igual que Alvear, Justo o Frondizi murió sin desentenderse de la política, tardó 12 años como ex presidente en ser senador. En ese lapso sufrió altibajos como líder, pero fue el gran protagonista de la reforma constitucional y del armado de la Alianza. Menem tampoco buscó una candidatura cuando dejó la presidencia.

En todo caso buscó un nuevo matrimonio, fue preso, fue padre y recién en 2003 intentó volver a ser presidente. Sólo usó el resorte de hacerse senador por La Rioja seis años después de salir de la Casa Rosada.

Esa senaduría es la contraprueba del falso antagonismo entre candidatura y retiro: en los hechos, Menem es un político retirado, sin seguidores orgánicos, que se hizo elegir y reelegir senador para protegerse de las persecuciones penales en su contra.

Muchos interpretaron que las palabras de Kunkel (y el presuroso desmentido de la interesada) aludían a esa propiedad gangsteril que se les halló a los cargos con fueros, la de funcionar como guaridas, pero el kirchnerismo tiene otro problema aún más acuciante: convencer a su militancia de que hay vida después de perder el control del Estado.

En el medio quedó el caso de Néstor Kirchner, cuya estéril decisión de ocupar una banca de diputado, donde batió récords de ausencia, fue independiente de su condición póstuma de ex presidente más poderoso de la historia.

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