Se habla mucho de la envidia positiva y negativa, pero en realidad la envidia en sí misma es querer tener lo del otro, sin poder ver ni reconocer lo que uno tiene.
Se habla mucho de la envidia positiva y negativa, pero en realidad la envidia en sí misma es querer tener lo del otro, sin poder ver ni reconocer lo que uno tiene.
Lo ideal es poder disfrutar sin comparaciones dañinas, sino más bien que nos inspire para buscar el propio brillo que todo ser humano posee.
La envidia positiva en todo caso se vincula como un aprendizaje respecto al sujeto que logra el éxito, pero sin querer ser él, sino centrados en lo que podemos hacer desde nuestra propia riqueza.
La envidia en sentido propio es una sola, y tiene que ver con una sentimiento destructivo y dañino hacia la otra persona, que lo único que hace es despojar a las seres humanos de sus fortalezas más grandes para corroerlos por dentro.
La envidia en términos estrictos termina siendo un fuego que consume al sujeto en sí mismo.