8 de febrero de 2014 - 22:46

La guerra silenciosa entre Pérez y Ciurca

El Gobernador se ha puesto un nuevo objetivo: ser el conductor del PJ. Lo mismo quiere el Vice. El choque parece inevitable.

Son el agua y el aceite dentro de la política y el Partido Justicialista mendocinos. Pero tienen el mismo objetivo inmediato y el problema es que para alcanzarlo tendrán que enfrentarse. Es uno o el otro. No hay lugar para los dos. Francisco Pérez está decidido ahora a transformarse en el conductor del peronismo provincial. Para esto, junto con la renovación del gabinete, empezó a armar su propio sector interno. Carlos Ciurca hace dos años viene trabajando con la misma meta.

Es cierto, el Gobernador y el Vice tienen diferencias casi desde que asumieron. Sus estilos, sus metodologías, sus historias políticas son opuestos y esto los ha llevado a tener roces subterráneos, directos o elípticos, que hasta ahora nunca fueron explicitados públicamente, más allá de algunos mensajes encriptados confundidos dentro de una catarata de declaraciones.

En el entorno de uno y otro destacan que, más allá de algunas zancadillas y peleas por el protagonismo, la “relación institucional” es muy buena, que dialogan y toman algunas decisiones juntos. “Trabajan para no pelearse”, grafica un funcionario que sigue a diario ese vínculo. La marcha del Gobierno está por sobre todo, dicen, porque es la única forma de poder pensar en entregar el poder a otro peronista en 2015.

El lunes pasado, de hecho, Pérez y Ciurca se reunieron para plantear la agenda de las próximas semanas. Allí, se habló de la idea de congelar el salario de los funcionarios (una medida con ínfimo impacto en las cuentas públicas pero que pretende ser un gesto de austeridad) y también de cómo encarar la trabada negociación por el Presupuesto con el radicalismo, que por fin parece haber avanzado.

Pero una cosa es la “relación institucional” y otra muy distinta es la política. Por eso, este año, ese pacto de no agresión puede romperse. Hasta ahora Pérez había puesto todas su energías en la gestión, desechando la política interna. Ciurca se había concentrado en la negociación legislativa con la oposición y también en el armado territorial de su línea, La Corriente. La avanzada para dar vida al “paquismo” (ver página 2) modifica ese delicado equilibrio.

Las duras caídas electorales de agosto y octubre ante el radicalismo hicieron entender a Pérez que había sido un error relegar un armado político propio. Debió asumir el costo de esas “palizas” sin siquiera tener a uno de los suyos en las listas del PJ. Los candidatos eran de otros, pero las derrotas parecían propias. Para colmo, el descontento social manifestado en las urnas le dejaba en claro que la gente no consideraba a su gestión tan buena como él la creía.

Fue entonces cuando empezó a planear la “refundación” de su gobierno. Nuevas caras que respondieran exclusivamente a él y que le permitieran hacer política con la gestión para empezar a torcer el destino. Era eso o condenarse al vacío de poder que lo aguardaba a la vuelta de la esquina, apenas empezara la discusión por el candidato a gobernador del PJ el año que viene.

El verano de los cambios

Ávido de protagonismo, Pérez fue cambiando su gabinete a cuentagotas, como esas viejas campañas publicitarias que juegan a develar de a poco una incógnita desde la que partieron. Así ganó titulares en los medios, su obsesión, como si eso le garantizara aprobación y popularidad.

Para completar ese plan, no se fue de vacaciones, se quedó todo enero al frente del Gobierno y se garantizó más protagonismo, en un mes habitualmente flaco de noticias. Más aún le jugó a favor que Ciurca se acogió íntegra y extrañamente a las vacaciones legislativas: se tomó cinco extensas semanas en las que no pasó ni a saludar.

Esa “desaparición” de Ciurca se pareció más a una corrida del escenario a propósito que a un descanso. Claro que no pasó desapercibida en el Ejecutivo. Los nuevos ministros son de “Paco”, con sus aciertos y sobre todo sus errores, parece que quiso decir. El Vice fue informado pero no consultado respecto de esos nombramientos y cambios y, al igual que muchos intendentes, parece no estar de acuerdo con la mayoría de los elegidos.

La batalla entre Gobernador y Vice podría ser corta si el PJ finalmente renueva sus autoridades en abril, como se había estipulado tras la suspensión de la fecha anterior, en diciembre, por la necesidad de reordenarse tras la derrota. Pero la realidad indica, según coinciden todos los sectores, que la elección del presidente partidario ha sido “frizada” hasta nuevo aviso.

El motivo es sencillo: el incierto escenario político y económico nacional y su impacto en Mendoza no dan espacio a esas discusiones menores. A ello se suman a diario otros problemas para el Gobierno, como el trágico choque de un camión que iba a contramano por el Acceso Este y dejó como saldo 17 muertos. Esta fatalidad sin explicaciones racionales sería sólo eso y no tendría consecuencias políticas si no fuera porque hubo avisos al 911 que no tuvieron en cuenta los operadores. Entonces las miradas vuelven a apuntar a la gestión y la Policía.

Cara a cara

“Queremos acumular poder para cuando llegue el momento de elegir al sucesor”, explica uno de los integrantes de la mesa chica del paquismo. “Debemos tener peso interno y por eso ahora hay representantes nuestros en todos los departamentos”, agrega, para luego reconocer el error de haber dejado de lado este aspecto esencial de todo gobierno. “Paco confió en que Ciurca lo iba a acompañar más”, desliza el interlocutor.

Un golpe de efecto podría darse pronto si finalmente se suman los intendentes de Integración: Félix (San Rafael), Agulles (Malargüe), Salgado (Santa Rosa) y Rodríguez (Tupungato). Esta línea fue creada en 2012 a instancias del cuarto piso de la Casa de Gobierno, que buscó terciar en la puja entre el sector Azul y La Corriente con los que habían quedado “huérfanos” .

Otros que aunque no se sumen abiertamente podrían apoyar son los intendentes azules Righi (Lavalle) y Aveiro (Tunuyán), de buen diálogo con el Ejecutivo. Si bien no son intendentes, también son considerados clave en el armado dos “ex” con buena inserción en territorios gobernados por el ciurquismo: Amstutz (Las Heras) y Parisi (Luján).

En el búnker del Vice toman nota de los movimientos en Casa de Gobierno, pero no parecen preocuparse. “La conducción no se declama, se ejerce”, responde un allegado a Ciurca parafraseando a Perón y deja en claro que la construcción política es un proceso que va más allá del obvio apoyo de los funcionarios, en alusión a la primera reunión del paquismo de hace diez días. Por eso contraataca: “Le pueden hacer meter mucho la pata a Paco, porque eligió encerrarse en un entorno institucional que, cuando lo llevás al territorio, no funciona”.

Entonces aparece nuevamente una crítica frecuente a Pérez dentro del PJ: su inexperiencia política, ésa que, por ejemplo, lo lleva a poner una fecha límite a una improbable aprobación del Presupuesto para quedar pagando a los días porque su apriete mediático fracasó. Pero así es el Gobernador: impulsivo, calentón, con modos más cercanos a los del kirchnerismo duro que a los del peronismo clásico. Lo opuesto a un conciliador y calculador Ciurca, que parece haber estudiado al detalle el manual del buen peronista. Sus caminos parece que confluirán pronto pero el agua y el aceite no se mezclan.

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