El equipo de Cäsar trabajó con cinco grupos de titíes que viven en una reserva natural privada de la región de Minas Gerais, en Brasil. Cuando los investigadores colocaron un carancho de peluche (un ave depredadora) en la punta de los árboles, los titíes emitieron gritos A, que tienen un tono ascendente. Cuando los animales vieron una amenaza terrestre (en forma de un oncilla, un felino chico moteado), produjeron gritos B, sonidos con tono descendente.
Sin embargo, cuando el equipo movió de un lado a otro los modelos de depredadores, los monos modificaron sus gritos. Si el carancho estaba en el suelo, los monos empezaban con al menos 4 gritos A, antes de agregar a la mezcla gritos B. Si el oncilla estaba en un árbol, los monos hacían un solo grito A introductorio antes de cambiar a gritos B.
"Un solo grito realmente no dice al receptor qué es lo que está pasando, pero pueden inferir el tipo de predador y su ubicación escuchando los primeros cinco o seis llamados", dice el coautor del estudio Klaus Zuberbühler, de la Universidad de Neuchâtel, Suiza. "Los cinco grupos distintos tuvieron respuestas casi unánimes. No hubo desviación", apunta.
Llamados variados
Muchos estudios han demostrado que los animales y las aves usan distintos llamados de alarma para diferentes predadores. Algunas especies, como las suricatas y los pájaros carboneros cabecinegros, hasta pueden codificar la urgencia de la amenaza en sus gritos. Pero los titíes son los primeros animales no humanos que se descubre que codifican en sus alarmas el tipo de predador y su ubicación, dice Zuberbühler.
También son los primeros monos del Nuevo Mundo que muestran señales de sintaxis primitiva, precisa. Hasta ahora, se sabía que sólo los simios y monos del Viejo Mundo combinaban elementos individuales en distinto orden para transmitir significados diferentes. Este último descubrimiento sugiere que las reglas sintácticas simples pudieron haber precedido a la separación de estos dos linajes hace aproximadamente 40 millones de años.
Al estudiar más especies, el equipo espera entender mejor el origen de nuestra propia sintaxis. "Por ahora, no sabemos cómo se relacionan estos gritos con nuestra capacidad para producir y comprender estructuras de mayor orden", explica Zuberbühler. "Pero cuando empezamos a investigar esto hace 10 años, el conocimiento percibido era que los gritos de primates no humanos sólo hacen referencia a eventos, sin ninguna organización sintáctica ni combinaciones. Claramente no es cierto", apunta.
Pero Kurt Hammerschmidt, estudioso de comunicación animal en el Centro Alemán de Primates, en Göttingen, no está convencido de que los gritos muestren el tipo de organización estructural que sugiere el equipo. "No estoy seguro porque realmente no hay buenas señales de que las secuencias tengan más regularidades, además del primer grito, ni de que las combinaciones contengan más información", considera.
El equipo ahora planea reproducir a los titíes las grabaciones de las distintas secuencias de llamados para ver cómo reaccionan. También quieren estudiar a otros primates, especialmente a los grandes simios. "Nadie ha analizado sus combinaciones de señales gestuales y vocalizaciones, y posiblemente ahí es donde acontecerán descubrimientos futuros", finaliza Zuberbühler.
