10 de agosto de 2013 - 22:40

Grillos de pelea

Un nuevo estudio demuestra que los grillos cambian su comportamiento agresivo cuando saben que otros grillos los están observando, siendo la primera vez que se observa este fenómeno en cualquier invertebrado. Se sabe que todos los mamíferos, aves y peces

En experimentos recientes, los grillos machos que pelearon en una arena actuaron con mayor violencia (y luego de ganar, se mostraron más jubilosos) cuando otro macho o hembra formaban parte de la audiencia.

Oriundos de todo el mundo, los grillos viven en comunidades definidas por conflictos entre individuos, normalmente para ganar acceso a territorios, recursos y parejas.

Pero las investigaciones más inmediatas se habían enfocado en los propios combatientes, sin ponerlos en las redes sociales donde viven.

Ahora, el nuevo estudio revela que el comportamiento de los grillos “es mucho más complejo del crédito que dábamos”, dice la directora del estudio Lauren Fitzsimmons, bióloga de la Universidad de Windsor, en Ontario, Canadá, que además es investigadora posdoctoral del Consejo de Investigación de Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá.

Robert Matthews, profesor emérito de entomología de la Universidad de Georgia que no participó del estudio, dice que “es un área que debió haber sido analizada desde hace mucho. Las contiendas no ocurren aisladamente”. “Siempre son en un contexto social”, explica.

Subiendo al escenario

Para sus experimentos, Fitzsimmons (en ese entonces estudiante de doctorado de la Universidad de Carleton) y su asesora Sue Bertram, atraparon grillos machos y hembras en campos locales y criaron su descendencia aisladamente, en el laboratorio. Después, el equipo puso pares de machos silvestres o criados en laboratorio en una arena chica de combate, en distintos momentos, lo que siempre llevó a enfrentamientos.

En un área de visión separada con vidrio adyacente a la arena, las científicas prepararon experimentos con tres situaciones de audiencia: un macho escuchando y viendo una pelea; una hembra escuchando y viendo una pelea, y sin audiencia. Los combatientes machos criados en laboratorio tuvieron una audiencia criada en laboratorio, y los grillos salvajes tuvieron una audiencia similar.

Posteriormente, las investigadoras grabaron cada pelea y las reprodujeron en cámara lenta, notando la agresión y comportamiento general de los machos en las tres situaciones distintas.

Cuando los machos se trenzan en combate, se tocan las antenas, se empujan con sus quijadas, se muerden y se agarran. El ganador sacude el cuerpo vigorosamente y se frota las alas para producir una canción distintiva, similar a “un baile de gol de campo de los jugadores de fútbol americano”, señala Fitzsimmons, cuyo estudio aparece en la edición del 9 de julio de la revista Cartas de Biología.

Los resultados mostraron que todos los machos pelearon con más violencia, y ejecutaron bailes de victoria más grandiosos, cuando un macho o una hembra observaba y escuchaba que cuando no había audiencia (en lo que respecta a los integrantes de la audiencia, pasaron casi la mitad del tiempo acicalándose y el resto como observadores absortos, especialmente cuando escalaba la pelea).

Lo que es más, en general los machos silvestres respondieron con mayor fuerza a la audiencia que los grillos de laboratorio, sugiriendo que los insectos que crecieron aisladamente en laboratorio no tuvieron suficiente exposición social a otros grillos como para saber qué estaba pasando.

Fitzsimmons sospecha que hay motivos por los que los peleadores machos actuaron más agresivamente alrededor de otros grillos, hembras o machos. Por ejemplo, las hembras prefieren a los machos dominantes (normalmente el ganador de una pelea), por lo que un macho agresivo podría lograr aparearse con la hembra si gana.

Y cuando en la audiencia hay un macho, los peleadores podrían mostrar agresión como forma de “publicitar su fuerza para indicar a otros machos que más les conviene no meterse con ellos”, explica Fitzsimmons

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Grillos inteligentes

En general, el estudio es un avance porque muestra que los insectos “en cierto grado, pueden aprender, que tienen capacidad de memoria o comportamiento adaptativo con el paso del tiempo”, afirma.

El próximo paso lógico, dice, es descubrir si los observadores (macho o hembra) son influenciados por la pelea, como por ejemplo al escoger pareja. “Es absolutamente posible”, considera Fitzsimmons.

Matthews acota: “Solíamos pensar que los insectos no aprendían nada, que estaba restringido a los vertebrados. Todo eso cambió ahora”. “Me pregunto” (agrega ingeniosamente), “qué hubiera pensado Pepe Grillo”.

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