El conflicto civil de Siria es tanto una guerra por representación como un punto de combustión para esparcir olas de violencia. Esto no empezó como una guerra religiosa. Sin embargo, tanto actores de poder sunitas como chiitas están capitalizando símbolos religiosos y sembrando pasiones sectarias que están haciendo olas a lo largo de la región. Las potencias saudita e iraní merodean en el fondo, alimentándose mutuamente.
A medida que el número de muertes en Siria sube a proporciones similares a las de Ruanda, imágenes de asesinatos masivos atraen a guerreros santos de países cercanos y lejanos. Los grupos radicales son los combatientes más efectivos y controlan el ritmo de los sucesos. Los grupos de la oposición siria están divididos en sí violentamente en líneas sectarias, de manera que el país parece estar ante una alternativa entre anarquía y atrocidad.
En tanto, todo parece indicar que el conflicto se extiende. La violencia entre sunitas y chiitas en Irak está subiendo. Informes en The New York Times y otros han dicho que muchos iraquíes temen que su país esté recayendo en lo peor del caos experimentado en la última década. Incluso Turquía, Paquistán, Bahréin y Kuwait pudieran infectarse.
“Podría convertirse en una guerra religiosa a lo largo de la región, similar a la presenciada en Irak entre 2006 y 2008, pero mucho más extensa y sin la influencia moderadora de fuerzas estadounidenses”, escribió Gary Grappo, oficial retirado del Servicio Exterior con larga experiencia en la región.
“Ha quedado en claro durante el año pasado que las insurrecciones en el mundo islámico y árabe se han convertido en un choque dentro de una civilización, en vez de un choque entre civilizaciones”, escribió hace poco Anthony Cordesman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “La guerra civil entre sunitas y alauitas en Siria está interactuando cada vez más con las tensiones de sunitas versus chiitas en el Golfo, que están orillando a Irak nuevamente en una guerra civil. Estas también interactúan con las luchas entre sunitas y chiitas, maronitas y otras de tipo confesional en Líbano”.
Algunos expertos incluso dicen que estamos viendo el surgimiento de un solo gran conflicto que podría formar parte de un traspaso del poder a lo largo de una generación, lo cual podría terminar por derrocar regímenes y trazar de nuevo las fronteras nacionales que fueron establecidas después de la I Guerra Mundial. Las fuerzas que sacuden a la gente y las meten en grupos polarizados parecen más fuertes que las fuerzas que las unen.
Está bastante claro que la reciente estrategia de EEUU de un retiro de huella ligera y formación de naciones en casa no ha ayudado a la situación. Estados Unidos podría haber dejado más tropas en Irak y apisonado la violencia allá. Podríamos haber intervenido en Siria en la época que aún se podía hacer algo y había una oposición razonable para moldear.
En esta hora tardía, una pregunta está en saber si el fuego sectario ha crecido tanto que está fuera de control. La segunda pregunta es saber si Estados Unidos tiene alguna estrategia para limitar la conflagración.
Justo en estos momentos, el presidente Barack Obama está concentrado en el ataque inminente en contra del gobierno de Assad, a fin de establecer la credibilidad de Estados Unidos cuando fija líneas rojas y reforzar la norma en el sentido de que el gas venenoso no es aceptable.
Sin embargo, el presidente estadounidense sí tiene madera de una estrategia antisectaria más amplia. Cuanto menos, él tiene tres enfoques sobre la mesa. El primero es la contención: intentar que el conflicto civil de cada nación sea contenido dentro de sus propias fronteras. El segundo es la reconciliación: la búsqueda de oportunidades diplomáticas para llevar al eje sunita, encabezado por los sauditas, hacia algún reacercamiento con el eje chiita, encabezado por Irán. Hasta ahora, se han dado pocas oportunidades diplomáticas para hacerlo.
Finalmente, está la neutralidad: las naciones en el eje sunita continuamente le piden a Estados Unidos que meramente se lance con ellos, para usar a la CIA y otras capacidades de EEUU a fin de ayudar a los sunitas a derrotar a sus rivales. La Casa Blanca ha decidido que elegir bandos de manera tan completa no es una opción efectiva a largo plazo.
En lo sucesivo, probablemente tenga que hacer un esfuerzo mundial de educación con miras a reducir las pasiones antisunitas y antichiitas. A Irán se le podría pedir un precio mayor, no solo por su programa nuclear, sino por sus trastadas por toda la región.
Sin embargo, en este punto, no está en claro si la interferencia estadounidense y del exterior contribuiría a aplastar los odios o inflamarlos. El legendario diplomático Ryan Crocker argumenta en un reciente ensayo en YaleGlobal que grandes intervenciones del exterior tan solo pudieran empeorar la situación.
“La dura verdad es que los incendios de Siria arderán durante algún tiempo en lo sucesivo. Como un importante incendio forestal, lo más que podemos hacer es esperar que lo podamos contener”.
El gas venenoso en Siria es horrendo, pero el verdadero infierno es regional. Cuando se ven las opciones estratégicas para lidiar con la situación en Siria, todas son terribles o demasiado tardías. La tarea ahora consiste en amurallar la situación para prevenir algo igualmente malo, pero de crecimiento mucho más acelerado.