18 de mayo de 2013 - 00:30

El gran atractivo de la psicología

Luces y sombras de los estudios psicológicos en un país con gran predominio de ellos, como es la Argentina, ya sea en las universidades como en la cultura general de la sociedad.

La cultura actual está invadida de psicología. Pululan las facultades de psicología, los candidatos a entrar en ellas son multitud, muchos creen que estudiarla es indispensable en la vida moderna. Las carreras universitarias de psicología desplazan a las de filosofía y letras. Buenos Aires es un centro mundial de psicoanálisis, tanto que entre nosotros se tiende a identificar psicología con psicoanálisis. Y psicoanálisis es Freud, pero las corrientes o escuelas psicológicas son muchas más. Actualmente hay una, la cognitivo-conductiva, que ha cobrado relevancia, sin desmedro de las otras.

¿Cuál es la atracción de la psicología? Unos esperan de ella que les enseñe a conocerse mejor, lo que está en la línea del mandato del templo griego de Delfos, "conócete a ti mismo". Otros, que les ayuden a conocer a los demás, deseo que puede surgir de diversos intereses, teóricos y sobre todo prácticos. Teóricos, porque no hay mejor conocimiento para el hombre que el del hombre mismo; y prácticos, porque sirve para comprender, enseñar, influir, gobernar, etc.

Pero la psicología es una cosa y otra el psicologismo. Éste presenta aspectos excesivos. Hace unos años escribí un libro que se titulaba "Psicología y ética de la conducta" (Buenos Aires, Dunken, 2006). El título apuntaba a una verdad que el psicologismo olvida. La necesidad de la ética. No se termina de entender al hombre desde la sola psicología, de su solo ser, olvidando su deber ser, es decir olvidando sus aspectos éticos.

Un caso palmario de psicologismo es Freud y el freudismo. Es notable, porque Freud era un materialista que creía que la psicología (y el psicoanálisis que él inventó) desaparecerían cuando las neurociencias avanzaran suficientemente.

Este médico vienés tuvo aciertos pero también yerros. No se puede ignorar que influyó grandemente en la cultura actual. Las técnicas que enseñó para indagar el inconsciente y tratar de curarlo, dieron trabajo y enriquecieron a muchos de sus cultivadores.

Freud mismo insistió en la necesidad de cobrar y cobrar bien la sesión de psicoanálisis. Muchos pacientes se convirtieron en adictos y se pasaron o se pasan largos años de sesión en sesión. No son pocos los que se convierten en habitués del sofá psicoanalítico. Todo esto produjo un mecanismo de retroalimentación social a gran escala, lo que propagó el psicologismo, sobre todo en las clases medias y altas.

EEUU, Francia y también la Argentina (Buenos Aires) siguen aficionadas al psicoanálisis, o a otros tipos de psicología. En nuestra Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Cuyo hubo, hace muchos años, una fuerte polémica cuando debió cubrirse la cátedra de Psiquiatría, a raíz de que los dos aspirantes principales a ocupar la cátedra tenían orientaciones opuestas.

Una era la psicoanalítica, representada por el Dr. Echegoyen, y la otra la de la psiquiatría clásica, representada por el Dr. Herrera. Se impuso este último. El primero pasó después a ocupar un cargo directivo en la Sociedad Psicoanalítica Internacional. Esta anécdota nos muestra la fuerte resonancia social (ideológica) que tenían estos temas en aquel tiempo. Y lo siguen teniendo.

Freud no acertó cuando afirmó que la psicología retrocedería ante las neurociencias. Aun incluyendo a los psicofármacos entre las neurociencias, comprobamos que la psicología y los psicofármacos siguen conviviendo. Se puede decir que están en un cierto equilibrio.

Freud se suicidó ingiriendo morfina, que de algún modo es un neurofármaco. La debía tomar para aliviar un tremendo cáncer de boca y garganta del que fue víctima.

Pero hablar de Freud nos obliga a recordar a su hija Anna, autora de una obra sobre el Yo y los Mecanismos de Defensa. Este trabajo sigue presente en el ámbito psicológico, con sus aciertos y limitaciones.

En nuestro país, incluida Mendoza, donde hay un núcleo importante, se practica otro método psicoterapéutico, creado por la médica argentina Dra. María Ana Ennis, llamado Psicoterapia Simbólica, y que, aunque no está dicho en la obra explícitamente, incluye los mecanismos de defensa del Yo como un paso o momento, y se beneficia con algunos aportes de Anna Freud. No se hace mención de ellos, probablemente para evitar cualquier asociación con el freudismo y su dogmática, de la que la Psicoterapia Simbólica está lejos.

El mundo psicológico se ha diversificado y enriquecido. Las corrientes y escuelas psicológicas, psicopedagógicas y psicoterapéuticas son muchas y muchos de sus cultores practican una combinación de varias de ellas. Esto aporta una riqueza positiva. Es una de las causas del atractivo de la psicología en el actual momento de su desarrollo. Pero esto no significa que los psicofármacos, las neurociencias, el conductismo y otros métodos hayan sido desplazados o eliminados.

En resumen, es cierto que la ciencia y la cultura se han psicologizado. Es un avance. Pero la psicología no cubre todo el saber sobre el hombre. Hay otros saberes sobre el hombre, y uno esencial es la antropología en todas sus formas, sin olvidar la antropología filosófíca. La psicología quedaría incompleta sin la filosofía. Que el atractivo de la psicología no nos haga olvidar la necesidad que tiene de la filosofía.

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