2 de agosto de 2017 - 00:00

Gobernar: ¿administrar la economía o cuidar al pueblo?

Buena pregunta para estos días y para deshojar la historia del comportamiento social desde los albores de la humanidad.

Digo, ante todo, que la palabra "gobernar" me disgusta y me irrita. Es continuar entendiendo a la sociedad como el "conjunto de los desiguales": estamos los de abajo y están los de arriba. Como lo indica el aforismo: 'todos somos iguales, pero hay algunos más iguales que otros'.

Los de arriba -que, supuestamente, son los mejor preparados y cualificados- piensan y deciden por nosotros. Deciden nuestras vidas, nuestro bolsillo y nuestro futuro. Es lo que sufrimos y lo que intentamos digerir para no morir en el intento de conformar una sociedad más igualitaria. Para nada interesa que la Constitución , las Leyes y la Justicia proclamen que 'todos tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones'.

Desde la Revolución Francesa -para no ir más lejos- estamos intentando una convivencia en la que, realmente, todos seamos sujetos y actores y no objetos manipulados por otros/as. Hoy se habla, hasta el hartazgo, de 'democracia participativa'. ¡Ojalá fuera! Hermoso anhelo y proyecto que naufraga en palabrería, discursos y promesas. Porque, siempre, quienes tienen "la sartén por el mango, y el mango también", se creen superiores al resto. Con el desgraciado agregado de que las y los ciudadanos continuamos eligiéndolos, alimentando, así, su creencia de "superioridad".

En una "sociedad de iguales", deberíamos estar conjugando los verbos compartir, acompañar, coordinar, participar, colaborar. Nadie debe ser dueño o patrón de nadie. Sí. "Argentina año verde", dirán muchos. Pero otros no perdemos la esperanza y seguimos caminando y trabajando para que la convivencia de mañana sea mejor que la de hoy.

Es perentorio pensar el país como un todo y en el interés de todos, a partir de los intereses de las grandes mayorías históricamente descuidadas; "los nadies", como dice Galeano. La arrogante idea de una "Argentina potencia" o de una "Mendoza potencia" -que siempre fue la zanahoria para atraer a ciudadanos incautos y buscadores de un mesías- debe dar lugar a la opción de dar primacía a la persona humana y sus necesidades. Las "tres T" del Papa Francisco: techo, tierra y trabajo.

“Estar al servicio de los ciudadanos” no es administrar la economía, controlada por el mercado, sino cuidar del pueblo, de la calidad de su vida y de su dignidad. Gandhi decía que la política es un "gesto amoroso para con el pueblo, el cuidado de la cosa común".

La pregunta del millón

Pero ir hacia una sociedad más participativa y más respetuosa y respetada, cuidando -en primer término- de las grandes mayorías históricamente descuidadas, ¿no comporta que haya un desarrollo económico sustentable y estable? La economía, ¿no es lo más importante?

Y allí vamos. ¿Creen, ustedes, que nuestra economía -y la economía mundial- se preocupa del bienestar de las personas? ¿O se preocupa solo de favorecer a algunos? ¿Creen que la riqueza, generada por tantos y tantos con su labor diaria, se comparte equitativamente? El dinero, que es nuestro modo de intercambio de bienes, ¿es para asistir a las necesidades (de todo tipo) de las personas o es para engordar las arcas de los financistas, de los bancos, de los cinco (5) grandes grupos económicos de la Argentina y del mundo?

Alguien dijo: "Nuestra economía mata a las personas porque está fundada en el robo con guante blanco, porque fabrica dinero falso sin respaldo real (intereses), porque es una mentira bien vestida que se basa en la explotación del más débil".

* En nuestro sistema económico, es fundamental el crédito y el interés. Pero este último se ha convertido, hoy, en usura pura y dura: si el prestamista (particular, banco o financiera) gana sólo por prestar, eso es claramente usura, porque -en ella- la ganancia procede del dinero mismo y no de los objetos naturales o del trabajo.

* Ese atraco del interés se apoya, además, en la mentira de que el dinero es fecundo por sí mismo. Pero el dinero sólo puede ser oportunidad, nunca causa de riqueza. El dinero que me presta el Banco no es tal: el Banco me da un dinero que no tiene. El Banco lo que hace es darme una especie de aval o de ficción, poniendo en mi cuenta unas cifras con las que yo podré empezar a invertir. Y por ese dinero que no me ha dado, el Banco me cobrará unos intereses grandes mientras que, por el dinero que yo le he depositado, me dará un interés mínimo, ridículo.

* Esa fábula del dinero, falso y fecundo a la vez, tiene que acabar fallando, sea porque a uno no le salen los negocios o porque lo dilapida. Así se producen las crisis que son intrínsecas a nuestro mercado y más cuanto más perfecto mercado sea. En las crisis, la reacción lógica de la gente es ir a sacar el dinero de los Bancos, pero resulta que estos ya no lo tienen. Por lo que el Estado habrá de sostenerlos -¡con dinero de los ciudadanos!, claro está- para evitar que se pierdan los depósitos de la gente. Es decir: nuestro dinero tiene que ir en socorro de otras personas que fueron estafadas por los Bancos.

* En una sociedad donde todo es mercantil y donde cada cual aspira a tragarse al otro buscando el máximo interés, la única manera de crear empleo es no pagarlo o darle un trozo de pan. Marx todavía hablaba de pagar "lo justo para que pueda reponer su fuerza de trabajo"; hoy ni eso: porque si no repone sus fuerzas; siempre hay una multitud esperando poder ocupar su puesto.

Así es nuestra economía: ladrona, mentirosa, explotadora e impune. Y gracias a eso eficaz.

¿Alguien se atreve a decir que esta economía no mata?

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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