El futuro de la vitinicultura: la especialización es imprescindible

La vitivinicultura es una actividad de largo plazo. Para que una viña entre en producción sostenible demora unos 6 años y, por supuesto, desde que alguien piensa un lugar para plantar hasta que el vino llega a la góndola, pasaron por lo menos 10 años.

Por eso, siempre que pensamos el futuro de la vitivinicultura debemos ver qué estamos haciendo hoy para que ese futuro se haga realidad.

Después de cíclicas crisis, muchas veces coincidentes con las de nuestro país, la vitivinicultura luce hoy bastante más ordenada.

 En los últimos 15 años se ha producido una reconversión importante de nuestras viñas hacia variedades de superior calidad.

Las bodegas se han equipado con tecnología actual y ha aparecido una cantidad importante de pequeñas bodegas de capitales nacionales y extranjeros construidas con todos los adelantos y sin escatimar tampoco en la parte edilicia. El recorrer turísticamente estos espacios es un auténtico placer ya que contribuyen a prestigiar a la Argentina en el mundo. Si bien en esta actualización todavía falta un camino importante por recorrer, confiamos en que eso suceda.

El desarrollo enoturístico cada día se potencia más, con toda su contribución a actividades conexas como la hotelería y la gastronomía, actividades que ayudan a las zonas de origen, especialmente a Mendoza, a que alcance la categoría de uno de los más importantes destinos turísticos de Argentina.

Nuevos desarrollos hoteleros y gastronómicos en las zonas de bodegas como Valle de Uco, Perdriel, Luján y Maipú, con algunos grados de sofisticación imprescindibles para atraer a turistas acostumbrados a recorrer los mejores lugares de Europa o Estados Unidos, potencian indudablemente esta actividad.

Estoy convencido de que el crecimiento de la industria vitivinícola argentina va a venir por el crecimiento de nuestras exportaciones. Si bien pasamos del 1% al 3% de la exportación mundial en los últimos 15 años deberíamos, en los próximos 10 años, duplicar esta presencia. Debemos convertirnos en proveedores confiables en el mundo del vino.

El malbec, esa variedad que se adaptó magníficamente en nuestras latitudes, tiene enormes posibilidades de crecimiento, pensemos que hoy solo es el 1% del consumo mundial.

Pero Argentina no es solo malbec, sino que tiene que exportar desde uvas en fresco hasta vinos a granel y mostos concentrados. En cada caso, con producciones adaptadas a esos destinos. No todo sirve para todo. La especialización es imprescindible.

Nos debemos un trabajo importante de convencernos hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos, y trabajar conscientemente buscando la viabilidad y sustentabilidad de nuestra industria.

Tenemos la tierra y tenemos los conocimientos para poder alcanzar el objetivo de desarrollar una industria fuerte, pujante y con una importante presencia en el mundo.

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