Fútbol y público: se perdió el folclore que reinaba en la tribuna - Por José Félix Suárez
¿Por qué desapareció aquella vieja alegría? La violencia nunca debió ganarle al fútbol.
Fútbol y público: se perdió el folclore que reinaba en la tribuna - Por José Félix Suárez
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Lamentablemente en los últimos tiempos la convivencia entre el público local y visitante se hizo cada vez más difícil hasta que con toda razón se prohibió su ingreso a las canchas. La violencia desmedida resultó el disparador de peleas, emboscadas, corridas, enfrentamientos, ajustes de cuenta, robo de banderas, golpes, amenazas y hasta muertes. Grieta favorecida por la falta de castigos severos como la progresiva quita de puntos a los clubes responsables de los desmanes de sus hinchas o la suspensión efectiva de los campos de juego desmadrados por el clima de protestas, descontrol e intolerancia.
Sin la invención del llamado público “neutral”, que se utiliza para permitir el ingreso del visitante y de ese modo burlar la sanción impuesta. Una verdadera pena porque entre lo más hermoso del fútbol, además del gol o una bella jugada, se encuentra el colorido de disfrutar a ambas parcialidades alentando a sus respectivas formaciones. Con la alegría, la pasión y el fervor del verdadero amor por los colores. Porque aunque parezca mentira en una sociedad enferma como la nuestra se dia mucho más al equipo contrario que lo que se ama al propio y se actúa.
La realidad es que se perdió el folclore y la alegría que reinaba en las tribunas. El ejercicio de la memoria, cuando se evoca a la nostalgia para asegurar que “todo tiempo pasado fue mejor”, trae el recuerdo en nuestras canchas de otras épocas mucho más gratas y felices. Como en la década del '50 cuando las mujeres tenían su propio corralito en un sector de las plateas y los padres podían llevar de la mano a sus hijos a cualquier escenario sin el temor que eso hoy provoca. Tiempos en que durante toda la semana se esperaba con ansiedad el sábado a la tarde o el día domingo para compartir en paz y armonía la fiesta del esperado clásico. Con el legítimo orgullo de los años '70, el grupo "Los caudillos del Parque", simpatizantes de Independiente Rivadavia, fue elegido y premiado por su ejemplar comportamiento a nivel nacional como “la hinchada de la paz”.
También recordamos a la agrupación “Los Leones del Este”, eternos seguidores del Atlético San Martín en toda la provincia y el resto del país con sus alegres marchas y pasodobles. Al igual que la bandita de los hermanos Rosales que acompañaban al “Maestro” Víctor Legrotaglie y a su Lobo del Parque con aquel “Hoy Mendoza está de fiesta, llegó el Víctor con su orquesta”.
Tiempos que no volverán. ¿O sí? ¿Por qué se perdió ese encanto, por qué se murió el folclore, por qué desapareció aquélla vieja alegría? La violencia nunca debió ganarle al juego. Por eso duele ver ahora tantos policías en las tribunas que ya no tienen visitantes.