Sabemos que las funciones de la Universidad son la docencia, la investigación, la extensión y la gestión. Por medio de ella se produce el desarrollo y la difusión de la cultura en todas sus formas a través de la enseñanza, la investigación, la preparación técnica, la formación profesional y la elevación del nivel ético y estético.
La universidad tiene como misión responder a la demanda legítima de la comunidad regional que requiere de conocimientos específicos para su desarrollo. Para ello debe investigar y producir nuevos conocimientos y también transferirlos a la enseñanza universitaria y al medio social con servicios a la comunidad que generen y comuniquen conocimiento científico, tecnológico, humanístico y artístico del más alto nivel, beneficio que alcanzará al hombre y a la sociedad.
La universidad debe responder a los parámetros de calidad establecidos mundialmente y esta responsabilidad es ineludible, pero ése es un tema abundantemente debatido por especialistas en educación superior y no es el caso de esta comunicación.
Me interesa ahora la relación de la universidad y el mundo del trabajo y cuanto se dice sobre la ineficacia de la preparación que se da en las aulas para acceder al trabajo. Especialmente es común escuchar que las empresas se quejan de la falta de preparación y de la falta de habilidades laborales.
La mayoría de las universidades tienen convenios con empresas para que los alumnos desarrollen habilidades para el trabajo, porque éste se aprende trabajando y la gestión, gestionando. El desarrollo de las habilidades para el trabajo complementa la formación universitaria si puede acceder a ámbitos laborales que permitan un aprendizaje in situ.
Es decir que la preparación para la instancia laboral que deberán desarrollar los futuros profesionales necesita algo más que llevar hombres de negocios extra académicos a las aulas para contar sus experiencias (lo que es muy bueno, en muchas casos se hace y aporta distintas visiones al aprendizaje), pero no deja de ser la trasmisión de experiencias, que no es lo mismo que hacer la experiencia en un lugar de trabajo, porque la propia experiencia es intransferible.
Es decir que hay que mejorar los convenios para que las partes interesadas, universidades y empresas, logren el objetivo de la preparación para el mundo del trabajo, tema que afecta a ambas. No hay que pedir sólo a la universidad la responsabilidad de preparar para el trabajo en estos ámbitos, porque ella debe cumplir con muchos objetivos en la preparación de sus estudiantes.
Por otra parte, los "académicos" que trabajan en las universidades, especialmente en las profesiones técnicas o duras, llamemos así a la medicina, la ingeniería, la arquitectura y entre las ciencias sociales el derecho o las ciencias económicas, constituyen un cuerpo docente que está en el mundo del trabajo relacionado con su profesión, además de su desempeño universitario, de modo que transmiten a sus alumnos su experiencia en sus consultorios, estudios y en los cargos que desempeñan como profesionales en empresas privadas o en el Estado.
Es decir que la confrontación entre la llamada "corporación académica" enfrentada a profesionales que no dedican su tiempo a la enseñanza o a la investigación no es tal, ya que la mayoría de los profesores de las carreras profesionales llamémosle duras o técnicas de las universidades, tienen fuerte dedicación al mundo del trabajo. Por lo tanto los académicos no transmiten solamente aspectos teóricos sino que vuelcan su experiencia laboral en las aulas, más aún, siempre se les pide metodológicamente que sus clases sean teórico-prácticas.
Las carreras de ingeniería tienen un aspecto particular entre las carreras duras. Tanto la Universidad Nacional de Cuyo como la Universidad de Mendoza y la Facultad Regional Mendoza de la UTN, brindan estas carreras con un reconocido nivel de calidad y un alto índice de empleabilidad, lo cual es un orgullo para la provincia. Pero en los análisis estadísticos de los cuales no se puede prescindir para tener un cuadro realista de la educación superior, es bueno tener en cuenta que la ingeniería, desgraciadamente, es una de las carreras menos demandadas entre los posibles ingresantes.
La carrera de ingeniería es así un caso especial prácticamente en todo el país. Es conocida la falta de ingenieros dado que es una carrera poco elegida a pesar de ser promocionada y contar con becas para incentivar su elección y seguimiento. Sus egresados consiguen trabajo rápidamente también por estas circunstancias, más allá del excelente nivel que dichas carreras presentan en la Universidad Nacional de Cuyo, en la Universidad de Mendoza y en la Universidad Tecnológica Nacional.
Es bueno observar las estadísticas de ingreso a las carreras de ingeniería y la realidad nos indica que es bajo el número de aspirantes y más bajo el de ingresantes. En 2005, a la hora de analizar las estadísticas, los académicos notaron dos tendencias marcadas. Por un lado, la preferencia de los jóvenes por las humanidades y las ciencias sociales, un aspecto que se viene dando en los últimos años de manera sostenida. Por otro, el bajo incentivo para seguir ingeniería. Hay menos aspirantes a ingeniería, en parte, porque no se logra que los alumnos tomen suficiente aprecio a la matemática y a la física, que son materias troncales en ingeniería.
Las carreras con fuertes requerimientos de ciencias básicas en general son soslayadas por los aspirantes universitarios. Se destacó que la inserción laboral de los ingenieros es muy alta una vez que se reciben. Si se piden las estadísticas de 2013, veremos que estas tendencias siguen de manera muy parecida, diríamos que se mantienen iguales.
Por lo tanto, sintetizando, creo que la inserción en el mundo del trabajo tiene que ver con lo que se enseña y cómo se enseña en las aulas en cuanto a la teoría y la práctica, ambas necesarias, pero también con la posibilidad de desarrollar habilidades de trabajo que se despliegan trabajando en los ámbitos apropiados para ello, llámense empresas o el Estado, que permita una verdadera relación de práctica situada por medio de convenios que deben ser mejorados. La experiencia no es una capacidad transferible.
La universidad tiene que cumplir con sus funciones específicas y con su misión, que es compleja y vasta. Más allá de pedirle muchas cosas para la sociedad, la sociedad también debe tener un compromiso con ella, para que la universidad cumpla con sus principales objetivos de calidad en la producción de conocimientos desde la investigación y la transferencia a la docencia y a la sociedad.