15 de agosto de 2014 - 00:00

Fugas previsibles

La economía argentina no es una economía normal. En ella han pasado muchas cosas en relativamente pocos años y si hay algo que los argentinos tienen incorporados son los mecanismos de defensa. Como en una zona acostumbrada a los bombardeos, todos saben rápidamente cómo resguardarse en lugares seguros, los argentinos se refugian en el dólar ante cualquier atisbo de turbulencia. Mucha plata ya les han robado y tratan de que cada vez sea menos.

Cuando el Banco Central devaluó la moneda más de un 20% en enero último, tomó de sorpresa a muchos, ya que el gobierno aseguraba que no lo haría. Sólo se salvaron los que nunca creen en los gobiernos, sobre todo cuando las declaraciones son inconsistentes con la percepción general.

Ya desde que se aplicó el cepo cambiario, el desarrollo de un mercado paralelo se aceleró y se generó una desconfianza que se vio reflejada en los diversos modos en que los argentinos buscaron para hacerse de dólares. Así apareció el "contado con liqui" a través de operaciones de bolsa para sacar divisas del país. También se aceleró la compra de autos o paquetes de viajes.

Luego de la devaluación se autorizaron nuevas operaciones de bonos para hacerse de dólares internamente y en forma legal, mientras se autorizó una compra minorista dirigida a asalariados y monotributistas.

Todas estas operatorias siguen vigentes pero se habían tranquilizado mediante la decisión del BCRA de aumentar las tasas que paga por las letras (Lebac) y con eso indujo a que los bancos también aumentaran las tasas para que los ahorristas lo hicieran en pesos y no presionaran en el mercado del dólar.

Esta medida dispuesta por Juan Carlos Fábrega le gustó a la presidenta porque hizo desaparecer al dólar de las tapas de los diarios, pero comenzó una tarea de desgaste del ministro de Economía, Axel Kicillof, culpando a la medida por la recesión. El titular del Banco Central le dijo: "Si no parás la inflación, no puedo hacer otra cosa".

Finalmente, el ministro convenció a Cristina y obligó a Fábrega a bajar la tasa, creyendo que el mercado respondería igual que en economías normales, es decir, al bajar la tasa disminuye el ahorro y aumenta el consumo.

Pero ya dijimos, la argentina no es una economía normal. Con una inflación que, por ahora pinta terminar cerca del 38%, la baja de tasa no cambió la decisión de los ahorristas, que sólo se pasaron de pesos a dólares.

La Presidenta había fustigado a los que ahorraban por miedo a perder el trabajo y les dijo: "Si ahorran por miedo a perder el trabajo y no consumen, lo que conseguirán es, finalmente, perder el trabajo por caída del consumo".

Pero entre la inflación y la decisión de quedar en un default permanente, son los grandes inversores los que han decidido dolarizar sus carteras de inversión porque las circunstancias lo único que hacen es aumentar la incertidumbre.

La fuga hacia el dólar era previsible, genera más miedo y no induce a una recuperación de la economía Tienen  que recuperar la confianza, pero es una materia en la que Kicillof siempre salió aplazado.

Por Rodolfo Cavagnaro  - Esopecial para Los Andes

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