28 de febrero de 2014 - 18:09

Franny Glass: canciones del otro lado del río

Con tres discos editados y uno en camino, el uruguayo es uno de los nombres propios de la escena cancionística rioplatense. Conoció Mendoza hace tres años, cuando Supervielle presentó el disco “Reverie”. Ahora vuelve para multiplicar la cifra en el último

¿Quién es Franny Glass? Franny es una chica; es la hermana de Zoe Glass. Ella y él son dos de los personajes que aparecen en varios relatos de Salinger (en libros como “Nueve cuentos” o “Franny y Zooey”).

Pero Franny Glass también es el alter ego de Gonzalo Deniz, músico montevideano, estudiante de cine, lector voraz, amigo de los espacios alternativos y las canciones que cuentan una historia.

Deniz integra dos proyectos distintos: Mersey (la banda de rock que formó con sus amigos de la infancia) y el que bautizó con el nombre de la chica de Salinger. Colaboró con Luciano Supervielle, Fernando Cabrera y Jorge Drexler.

Dice, prefiere la introspección del proceso compositivo a la espontaneidad del toque en vivo y el mecanismo minucioso de la grabación. Por eso, como Franny Glass tiene tres discos editados y uno en camino. Y el reconocimiento: es uno de los nombres propios en la escena cancionística rioplatense, junto a músicos como Aristimuño, Lucio Mantel, Pablo Dacal, Coiffeur o Pedro Piedra, de Chile.

Franny Glass conoció Mendoza hace tres años, cuando Luciano Supervielle presentó el disco “Reverie” (y él regaló un puñado de hermosas canciones). Ahora vuelve para multiplicar la cifra en el último apunte de Verano Zero, junto a Melodítica, Emilio Cardone y la porteña Error Positivo (hoy, en el Hall de Le Parc, a las 21.30).

“Desde que viajé con Luciano (Supervielle) siempre estuvo la idea de poder volver a tocar con mi proyecto...”, dice, desde su casa de Montevideo.

-¿Qué te provoca ir a un lugar desconocido?

-Uno nunca se acostumbra al hecho de viajar a lugares nuevos. Primero que nada, voy contento porque mi oficio es el que me lleva. Voy, también, con curiosidad; me pregunto quién me irá a ver, qué conocen de mí. Nunca sé muy bien qué esperar y siempre me llevo lindas sorpresas.

-Curiosidad: ¿quién es Franny Glass?

-Franny Glass nació como un proyecto paralelo a Mersey, cuando estábamos grabando el primer disco. En medio de la grabación, que duró un año y medio, alquilé un estudio y grabé nuevas canciones.

De este proceso nacieron “Con la mente perdida en intereses secretos” (2007) y más tarde fueron editados “Hay un cuerpo tirado en la calle” (2009), y “El Podador Primaveral” (2011). El próximo -cuenta- es “Planes”: “En diciembre sacamos el primer adelanto. Después de Carnaval sacaremos el segundo y tras las Pascuas, el disco”.

-¿De qué va el disco?

-El disco tiene que ver con el desfasaje de dónde se siente uno que está y dónde la gente te ubica. Juega con esta idea de que, muchas veces, la gente que se dedica a la música, que edita discos, siempre está un paso adelante del lugar en el que la gente que escucha música piensa que está. El músico suele estar en otros planes, proyectando adónde quiere que vaya su música.

-¿De dónde parten tus canciones?

-Actualmente empiezo a trabajar sobre un grupo de canciones, ya con una idea de un disco. Siempre trato de despegarme de las temáticas del disco anterior. Cuando se vuelven muy personales, trato de disfrazarlas, de ponerles ficción; no me interesa que las letras hablen de mí sino que refieran a cosas que leí, vi en una película o escuché en otras canciones. A veces vienen palabras, melodías, y ese es un proceso más inconsciente.

-¿Tu relación con el cine se cruza en este proceso?

-Las canciones basadas en imágenes son las menos. Generalmente están basadas en una narrativa, cuentan una historia. Cuando comencé a componer para este proyecto, volcaba en las canciones ideas que tenía para cortos, quedaban como pequeñas escenas. La unión más concreta entre el proyecto musical y el cine fue componer para una película, “Rincón de Darwin”, de Diego Fernández (productor de “Whisky”).

Dice Gonzalo: “Como compongo mucho, siempre tengo material para repartir entre los dos proyectos. Últimamente la diferencia se hace más visible”.

-Tu capacidad de producción, entonces, es enorme.

-Componer es lo que más me gusta, es el proceso que más disfruto. Me gusta más que tocar en vivo y que grabar. En ese orden.

-Si pensamos en el auge de la canción a uno y otro lado del Río de la Plata, ¿te sentís parte de la denominada escena cancionística?

-Es una realidad que a nivel regional un montón de gente tiene proyectos que, con sus personalidades y estilo propios, forman parte de un todo. Porque comparten un rasgo generacional y un mismo contexto. Ahora se puede grabar con otros medios, colgar los discos en internet, editar un disco sin un sello discográfico, pensar en un proyecto solista. Todo eso generó un mismo modo de composición y de producción, y una escena. Con trabajos diferentes, claro.

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