28 de agosto de 2016 - 00:00

Francia y Alemania contra el burka

Los distintos modos en que franceses y alemanes analizan y aprovechan políticamente las restricciones al uso del burkini y del burka por parte de las inmigrantes musulmanas.

La batalla de Europa por el atuendo que las musulmanas pueden usar en público pasó del clamor por la prohibición de los burkinis en Francia a un llamado contundente del bloque gobernante de la canciller Angela Merkel a prohibir el uso de los velos que cubren la cara en escuelas, universidades y cuando se maneja, en Alemania.

Es claro que a la propuesta alemana la impulsa una temporada política que se está intensificando, así como el aumento en el apoyo a la extrema derecha desde que Alemania aceptó a más de un millón de refugiados el año pasado. La ansiedad popular es cada vez mayor a causa de la integración de los refugiados, quienes provienen, en su mayor parte, de países musulmanes.

El plan alemán se produce poco después de un acalorado debate en Francia por el burkini -traje de baño de cuerpo entero con cubierta para la cabeza- desde que un puñado de municipalidades costeras se unieron al alcalde de Cannes para prohibir ese tipo de prendas en las playas municipales. El primer ministro Manuel Valls de Francia apoyó la medida ya que “ese traje de baño es un signo de la esclavitud de las mujeres”.

En Alemania, solo se han producido disputas aisladas por el burkini, y la mejor forma de resumir la reacción ante la controversia en la vecina Francia es con el comentario sobre la declaración de Valls que apareció en el periódico de negocios Handelsblatt: “¿Acaso el hombre no tiene otros problemas?”.

No obstante, la propuesta que se está planteando en Alemania en relación a restringir el burka deja claro que Francia no es el único país europeo que está tratando de resolver si algunas formas islámicas de cubrirse la cabeza equivalen a una barrera para la participación total de las mujeres en la sociedad occidental.

Merkel había enviado una señal sobre una prohibición parcial de los velos para cubrir el rostro, cuando le dijo a un grupo de periódicos provinciales que “desde mi punto de vista, una mujer totalmente cubierta por un velo apenas si tiene una oportunidad de integrarse por completo en Alemania”.

De Maizière y Merkel estuvieron a punto de llamar a una prohibición absoluta del burka, pero la propuesta que se planteó recientemente va sigilosamente por un camino que ya recorrieron los franceses con una ley de 2010, por la cual se prohibió cualquier forma de ocultar la cara.

Los franceses, también, presentaron ostensiblemente la ley bajo el argumento de la seguridad pública. No obstante, desde entonces han encontrado que definir la forma de cubrirse el rostro y hacer cumplir la ley son desafiantes, en el mejor de los casos. A partir de la primavera de 2015, el resultado había sido alrededor de mil multas, pero muchas de ellas correspondían a infractoras reincidentes. Muchos musulmanes en Francia critican la ley porque margina todavía más a las musulmanas ya que, de hecho, se las obliga a quedarse en sus casas.

El sistema de gobierno de Alemania, construido con cuidado después de la época nazi para prevenir la acumulación de poderes en el gobierno, significa que las autoridades intervienen menos que en la vecina Francia, donde la conservación del laicismo es una norma establecida de tiempo atrás.

Con el plan alemán no se prohibirían los chales ni los abayas que cubren el cuerpo completo y es frecuente que se usen con el hiyab, un pañuelo para la cabeza que no cubre el rostro, para el cual los funcionarios alemanes reconocen que no se conseguiría la aprobación del tribunal constitucional del país.

Se prohibirían los velos completos para la cara en escuelas y universidades, así como para manejar, comparecer a los juzgados o en las oficinas del registro público, o cuando se pase por el control de pasaportes. Las mujeres que quieran usar un velo para la cara en público no deberían impartir clases ni ser servidoras públicas, dijo De Maizière al anunciar el plan en la televisión matutina. “Queremos que sea un requisito legal mostrar la cara en lugares en los que es necesario para la cohesión de nuestra sociedad”, notó.

Lo flanqueaban los dirigentes conservadores de dos estados donde habrá elecciones el mes entrante -Lorenz Caffier, de Mecklenburg-Vorpommern en el noreste, y Frank Henkel, de la ciudad-estado de Berlín. Ambos están haciendo campaña con contundentes plataformas sobre el imperio de la ley y habían llamado a prohibir el uso de los velos. “El burka no pertenece a Alemania”, dijo Caffier esta semana y Henkel dijo que esas formas de cubrirse son “una jaula de tela”.

Se han incrementado los llamados de los conservadores para al menos las prohibiciones parciales a las formas de cubrirse el rostro a medida que el bloque gobernante -los demócrata cristianos de Merkel y su partido hermano en Bavaria- ha perdido terreno frente a Alternativa para Alemania, un partido contra los inmigrantes. El partido de extrema derecha ha llamado a la prohibición de los velos y hasta de los minaretes en las mezquitas, y tiene el punto de vista de que el Islam es incompatible con la Constitución alemana.

Jorg Meuthen, uno de los dirigentes de Alternativa para Alemania, le dijo a DPA, la agencia de noticias alemana, que la propuesta de los conservadores era un intento por obstruir el ascenso de la extrema derecha. Reconoció que es raro que se vea el burka en Alemania, pero dijo que su partido está trabajando en establecer una prohibición en un intento de abordar en forma preventiva el tema antes de que se convierta en un problema mayor.

Nadie sabe si la propuesta se convertirá en ley. Merkel gobierna en una coalición con los socialdemócratas de centro izquierda, varios de los cuales han cuestionado la necesidad de una prohibición y han expresado inquietudes en cuanto a que ello contribuya a lo que ven como una xenofobia en aumento.

Sin embargo, algunos socialdemócratas han apoyado una prohibición a cubrirse el rostro completo.

“El efecto operativo de una prohibición es cercano a cero”, comentó Heinz Buschkowsky, un socialdemócrata que consiguió la atención nacional cuando fue alcalde de Neukolln, distrito berlinés densamente poblado por inmigrantes. “Pero la prohibición del burka enviaría una señal social (...) El burka dice que la mujer es propiedad del hombre, y nadie más puede verla”, continuó. “Eso es la más oscura de las edades medias, lo opuesto a la autodeterminación. Una prohibición del burka muestra lo que funciona y lo que no funciona en nuestro país”.

Alemania alberga a cerca de cuatro millones de musulmanes, incluidos tres millones de Turquía. Muchos del más de un millón de refugiados que llegaron hace poco al país son musulmanes, que, con frecuencia, estaban huyendo de la guerra en Afganistán, Irak y Siria.

En Alemania, no existen estadísticas oficiales de la cantidad de mujeres que usan burkas o pañuelos que cubren el rostro, pero no se ven mucho en las calles alemanas.

En forma similar, la controversia por el uso del burkini ha sido rara aquí. Según se informó, una mujer de origen libanés, de Berlín, llamó a la policía a un spa termal en el vecino estado de Brandemburgo porque les pidieron a su hija y a ella que no nadaran con burkinis. Berlín, donde vive una comunidad musulmana grande, permite los burkinis; Brandemburgo no tiene ninguna regulación.

A finales del mes pasado, en la ciudad de Melk, en Austria, a orillas del río Danubio, de repente se prohibió el burkini en un balneario municipal, aunque los funcionarios ya antes habían rechazado un llamado a la prohibición que había hecho un partido de extrema derecha.

Sin embargo, en un ejemplo de cómo difieren las opiniones sobre el atuendo musulmán para nadar, la ciudad de Dreieich, en la región del Ruhr, informó que tenía 12 burkinis para rentar, ya fuera para nadar o para las madres musulmanas que quieren estar junto al agua para ver nadar a sus hijos.

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