Todos deseamos que nuestros chicos lean desde pequeños y amen los libros porque sabemos que la lectura, sin dudas, conlleva muchísimos aspectos positivos para su presente y su futuro. Pero, ¿cómo logramos que se formen como lectores?
Todos deseamos que nuestros chicos lean desde pequeños y amen los libros porque sabemos que la lectura, sin dudas, conlleva muchísimos aspectos positivos para su presente y su futuro. Pero, ¿cómo logramos que se formen como lectores?
Si bien no hay recetas mágicas, sí podemos afirmar que hay experiencias sencillas y disfrutables en familia que marcan la diferencia.
En primer lugar, pensemos que los niños no se forman como lectores solitos. En la mayoría de los casos, se hacen lectores porque tienen adultos a su alrededor que dedican, aunque sea algunos minutos por día sin interrupciones, a leerles, a explorar libros juntos o compartir historias.
También se forman como lectores porque ven a los adultos que los rodean leer para entretenerse, para buscar información y aprender. Ven que los adultos eligen y disfrutan de la lectura.
Además se forman como lectores porque tienen a su alcance libros atractivos que los tientan y los invitan a explorarlos.
Es decir, los chicos se hacen lectores no solo por el aprendizaje y las experiencias de lectura que viven en la escuela -que, sin duda, son fundamentales- sino también por las que viven en sus hogares con papás, mamás, abuelas, abuelos, tíos y hasta hermanos mayores.
Nos hacemos lectores porque nos enseñan a leer en la escuela y porque…
Papá nos marca un chiste en el diario para compartirlo.
Mamá viene con el libro en la mano a la cama e inventa una historia diferente inspirándose en las ilustraciones.
La abuela nos cuenta cómo se enamoró del abuelo.
Llevamos libros en la mochila por si tenemos que esperar a que nos atiendan en el médico.
Visitamos librerías y nos quedarnos horas aun si no vamos a comprar nada.
En definitiva, convertirnos en lectores es un proceso complejo en el que influyen muchos condicionantes y en el que la escuela es solo una parte.
Continuar en casa la formación del lector se da en cada escena donde la palabra tiene un lugar primordial junto con la comunicación y el intercambio afectivo.
No hay duda entonces: leer con los chicos cotidianamente refuerza el contacto con los textos, fortalece vínculos y prepara el camino de un futuro lector.