Raúl Fragapane: “Nos falta cereza para abastecer a más mercados”

Raúl y Saro Fragapane, producctores y exportadores frutícolas de Mendoza. Foto: José Gutierrez / Los Andes
Raúl y Saro Fragapane, producctores y exportadores frutícolas de Mendoza. Foto: José Gutierrez / Los Andes

El gerente de Fragapane Hermanos mantuvo una entrevista junto a su padre Saro, donde hablaron de la cosecha de cerezas 2022 y las expectativas del sector frutícola. Perspectivas 2023.

La firma se llama Fragapane Hermanos, pero quienes llegaron a Diario Los Andes para hablar sobre el sector frutícola fueron un padre y un hijo: Saro Fragapane (93 años), cofundador de la empresa con sus hermanos, y Raúl (60 años), su hijo, que hoy es el gerente general. Como productores y exportadores de frutas fresca, especialmente de cereza, los dos hablaron sobre la realidad del sector en la provincia y algunas oportunidades que no se aprovechan por falta de fruta.

- ¿Cómo han visto la cosecha de cereza este año?

- Raúl Fragapane: La cosecha viene muy bien, con buen volumen y calidad, mucho mejor que el año pasado. Estamos con un poquito más de cosecha que el promedio de otros años, y los mercados nos piden para exportarles. Esta temporada utilizamos la lucha contra heladas en nuestra finca propia del Valle de Uco y algunos productores también lo han hecho. Tenemos unas 100 hectáreas con cereza, ciruela, durazno, nectarín, pera y manzana, un poco de todo.

- Y más allá de su finca, ¿cómo ven la situación de la cereza?

- Saro Fragapane: Los productores están un poco mancomunados con las empresas, nos piden datos y los asesoramos en el laboreo de la finca. Todo lo que es exportación tiene que ser de primera calidad, siempre buscamos mercadería de calidad. Nos dedicamos a eso porque en el mercado interno, apenas sobra producción, se cae el precio y el valor no compensa los gastos.

- Raúl: Los productores están teniendo una buena cosecha, y están conformes con el valor que se da (alrededor de US$ 2,5 por kilo, a valor oficial). Como decía mi padre, ayudamos al productor para que tenga un producto de buena calidad y en el último tiempo han mejorado los rendimientos, porque el mismo productor ha intensificado la producción de cereza.

- Entre la cosecha y poner la fruta en el avión, ¿qué costo central hay en el empaque?

- Raúl: Lo principal es la mano de obra, por eso también es un producto con un valor elevado. Cuando se trae la cereza de la cosecha, a veces viene en ramillete y hay que despegarla, porque deben pasar de a una sobre la máquina para calibrarla y separar por tamaños. Aparte, en la caja no puede ir un ramillete, deben ir “de a una”, por eso es intensivo en mano de obra. No hemos tenido problemas en insumos porque prácticamente todo lo que usamos es de producción nacional y nos abastecemos con antelación, hoy tenemos suficiente material.

- ¿En qué aspectos se destaca la cereza mendocina?

- Saro: Estamos muy posicionados en los países donde enviamos, yo pienso que tenemos una calidad superior a la de Chile, en cuanto a sabor, la firmeza del producto, es un producto más duro. Además, cuando uno cosecha en primicia, se paga mejor valor que cuando entra la cereza chilena. Ellos cotizan a bajo precio con grandes volúmenes, nos obligan a ser competitivos.

- ¿Falta mercadería?

- Raúl: Nos falta cereza para abastecer a más mercados, cada vez tenemos más demanda. No llegamos a dar todo lo que nos piden desde afuera y por ahí tenemos que negar una compra por la falta de mercadería. Aclaro que son mercados distintos el interno y el externo, la cereza que pasa por la máquina clasificadora y no se vende afuera, se destina al mercado interno.

- Saro: Como dice Raúl, nos falta mercadería para abastecer a los mercados. Siempre tratamos de trabajar un buen producto para después no tener problemas con el cliente.

Fruticultura de ayer y de mañana

Cuenta Saro Fragapane que, un tiempo después de haber armado la firma con sus hermanos en la década de 1950, la empresa se dedicó en el ‘72 a exportar fruta a Brasil. Más adelante, cuando quedó él con sus hijos, las ventas se extendieron también a Europa y a Asia, con mercados como Medio Oriente, y comprando fruta a terceros.

- ¿Cómo ven la fruticultura de esos inicios y la de hoy?

- Saro: Muchos productores se inclinaron a la vitivinicultura y hace 25 o 30 años se dejó de hacer la cantidad de fruta que había antes, cuando la producción alcanzaba para mercado interno y para exportar. Hoy no podemos vender cantidad porque no hay cultivos, las heladas son un factor aparte, pero lo que falta son hectáreas de producción. El Valle de Uco ha mejorado, pero es poca la producción para abastecer a los mercados internacionales, menos aún en años como este con el impacto de las heladas.

- ¿Y en el mediano plazo?

- Saro: Creo que la gente se está dedicando un poquito más, los viveristas están vendiendo productos que antes no se vendían en durazno y ciruela. Hoy muchos están viendo que hay un valor que compensa la producción e invierten, sobre todo en el Valle de Uco. De 1500 hectáreas de cereza que había antes, pasamos a tener 900 porque no había un buen mercado, pero hoy sí existe.

- Raúl: Es difícil encontrar mercados afuera para lo que es fruta de carozo, porque Brasil está mejorando su producción nacional en ciruela y durazno en fresco, pero sí vemos nuevos espacios para la cereza. Yo veo que la fruticultura en Mendoza año tras año va en aumento, con calidad y buenos precios para el productor. En cereza hay posibilidades de seguir creciendo.

Vender a Medio Oriente

El Mundial de Fútbol 2022 en Qatar significó un aumento en las exportaciones mendocinas a Medio Oriente (43% más en valor, al tercer trimestre de 2022), y un producto que se comercializa es la cereza. Raúl Fragapane explicó que esa región tiene la particularidad de llevar volumen con una calidad superior que en Europa.

“Piden calibre grande, gordo, mientras que en Europa podés mandar algo más pequeño e igual lo vendés. Estamos teniendo buenos calibres así que actualmente no tenemos problemas para venderles”, describió el gerente de Fragapane Hermanos. La negociación parte con un precio mínimo, en base a los precios internacionales, y luego de ahí se van definiendo los acuerdos.

Otro detalle es que, en comparación con Europa, los países árabes pagan de manera más rápida, lo que ayuda a solventar los costos del empaquetado y el transporte. “La idea es poder seguir vendiendo más allá, siempre y cuando las cosechas acompañen”, apuntó Raúl Fragapane.

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