Miel: el sector crece, pero con un marco externo amenazante

Se estima que Argentina exporta más del 90 % de la miel que produce. / Archivo
Se estima que Argentina exporta más del 90 % de la miel que produce. / Archivo

Referentes del sector destacan el creciente interés por sumarse a una actividad con buenos precios, pero las denuncias de EE. UU. contra otros países (incluida Argentina) ponen en duda el escenario internacional.

El sector de la miel atraviesa una buena temporada, con más participantes, tras un fuerte aumento de los precios el año pasado y con la posibilidad de ampliar en producción y variedades. Sin embargo, algunas denuncias de Estados Unidos ponen en duda el buen momento del sector, que busca formalizarse a nivel local.

Se estima que Argentina exporta más del 90 % de la miel que produce, con una calidad reconocida a nivel internacional que la hace el segundo país exportador del mundo (detrás de China, con sanciones por adulteración). A nivel mundial, los mayores consumidores son Estados Unidos, Alemania, Japón, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

Según los datos del Departamento de Apicultura de Mendoza, en la provincia hay registrados 541 productores apícolas, distribuidos principalmente en San Rafael (113), General Alvear (72), Lavalle (54), Guaymallén (42) y Tunuyán (38). De esos, alrededor de 200 están aprobados y vigentes a nivel nacional, mientras que el resto debe actualizar sus papeles. En total, se estima que hay alrededor de 122 mil colmenas en la provincia (115 mil de productores mendocinos y 7 mil de productores no mendocinos).

En cuanto a épocas de cosecha, depende de la zona y las flores que aprovechan. Para algunos productores la parte fuerte se da entre julio y agosto, para los que aprovechan las flores del algarrobo (con mucho néctar) es entre noviembre y diciembre, y para otros es durante el verano, de diciembre a febrero.

Alberto Carbajo, presidente del Consejo Apícola Asesor de Mendoza, afirmó que el interés por la miel continúa creciendo, sobre todo después de que en la temporada pasada el precio pagado a los productores locales pasó de $ 130 a $ 310 por tambor de 300 kilos, valor empujado por aumentos de consumo y el precio a nivel mundial. “Sigue el interés. Es algo en desarrollo que se articula con organismos como el INTA y el INTI”, comentó.

El productor indicó que a través de satélites se estudian zonas adecuadas para la apicultura y que así, por ejemplo, hay lugares como Ñacuñán y Santa Isabel que superan la media de producción histórica (de 12-15 kilos por colmena) y han generado hasta 80 kilos de miel por colmena.

“Hay bosques de algarrobo y atamisque muy buenos. La miel que se obtiene con el néctar del algarrobo es muy blanca. La miel de Mendoza debe ser una de las que tiene menos concentración de agua. Tiene un sabor muy concentrado, se considera de muy buena calidad”, describió Carbajo.

Entre colmenas

Sebastián Ávila, referente del programa nacional de apicultura en Mendoza y jefe de la Agencia de Extensión INTA Santa Rosa, explica que una abeja puede volar hasta 2,5 kilómetros (depende de la oferta de alimento del ambiente) lo que configura que el área de pecoreo -la superficie de recolección de néctar- sea de 2 mil hectáreas. Por ello, un problema es la localización entre apicultores, ya que la normativa provincial establece que la distancia entre dos apiarios (conjunto de colmenas) debe ser de más de 2,5 km.

“Superficie hay, lo que es necesario es una mayor organización entre los propios productores. En la zona Este nos hemos organizado antiguos y nuevos apicultores en un consejo de la zona este, además de los consejos departamentales y el provincial. Cada vez se suman más productores, tenemos un grupo donde compartimos novedades y organizamos algunas compras de insumos”, comentó el extensionista del INTA Santa Rosa.

Además, un problema es que muchos productores extraen la miel de manera informal y la idea es organizarse, mejorar las salas de extracción comunitarias y generar nuevas de localizadas de manera estratégica. “En los últimos años se ha visto más participación de los productores. En la zona Este se han reincorporado algunos que estaban retirados y además hay apicultores jóvenes. A nivel provincial hay gente que incursiona en la apicultura”, apuntó Ávila.

Por su parte, Ramiro Giandinoto, apicultor de San Rafael, destacó un menor rendimiento comparado con 2020 (por el tipo de cambio “planchado” y la inflación), pero aun así aseguró que hay interés en el sector. Como aspectos positivos señaló que hay un “interés de la sociedad en el consumo de los productos de la colmena”, disposición en ser “ecofriendly” con las abejas, incluyendo una mejor conducta hacia el ambiente, y “mayor incorporación de tecnología y formación en el sector (lenta pero paulatina)”.

Algunas “contras” que el sanrafaelino remarcó son los “bajos controles al desmonte de parte del Estado, el avance de los monocultivos en las áreas productivas principales, incertidumbre en el precio internacional debido a la demanda por dumping ejercida por EE. UU. y el atraso cambiario respecto a la inflación”.

Vale mencionar que algunos apicultores como Giandinoto se dedican a la producción de material vivo con selección genética, proveyendo a productores y criaderos de reinas: “Hacemos mejoramiento genético y seguimiento para obtener líneas madres así como también reinas para los colegas que necesitan producir tan noble producto como es la miel”.

Otra mirada es la de Soledad Accordino, profesora de Biología y parte de una familia de apicultores en Las Heras. La productor indicó que las ventas de 2021 han sido similares a las del año pasado, cuando “la pandemia hizo que mucha gente comenzara a consumir miel”. Respecto a la gente interesada en iniciar la actividad, opinó: “Hay algunos que preguntan, pero cuando se dan cuenta de la inversión inicial, se quedan ahí”.

El mercado externo

El mercado mundial es un factor decisivo a la hora de analizar el estado del sector. “Afrontamos la incertidumbre de quizás recibir una sanción impositiva arancelaria de parte de Estados Unidos por algunos conflictos o desmanejos realizados por empresas argentinas (según los denunciantes estadounidenses) que impactarían directamente en el valor de la miel percibido por los productores”, apuntó Ramiro Giandinoto.

Alberto Carbajo explicó que en la última temporada, con el aumento de consumo y denuncias de adulteraciones de miel china, en Estados Unidos se llegó a pagar la tonelada de miel entre U$S 3.500 y US$ 4.000. Por el tema salud, la miel pasó de ser el quinto endulzante en ese país a ser el primero. Sin embargo, las nuevas denuncias frenaron el aumento de precio.

Países como Argentina, Vietnam, China y Brasil tienen una denuncia por dumping, que es vender un producto por debajo de los costos de producción. “Toda la bonanza anterior se ha visto perjudicada por esta denuncia. A partir de ese momento se frenó la subida, el precio en Argentina a granel bajó a $ 280 por kilo en tambor de 300 kilos (200 litros), y ahora ha escalado por la inflación. Algunos pagan $ 330 por kilo la nueva cosecha”, detalla Carbajo.

Las denuncias implican un aumento de aranceles, y si antes Argentina pagaba un 15 % de arancel, ahora deberá pagar 45% (un número menor que China, que tiene un arancel de 150%). Carbajo aporta un dato relevante, la denuncia del dumping es para miel a granel: “Si nosotros vendiéramos fraccionado no estaríamos afectados por el dumping. En nuestra cooperativa hemos presentado un proyecto para salas de fraccionamiento”.

La oportunidad de venta en el mundo está, ya que EE. UU. y Europa tuvieron una baja producción este año por los intensos calores. Es de destacar que la miel argentina está reconocida como una de las mejores del mundo por su calidad. Incluso en Alemania se mezcla miel argentina con la china para nivelarlas y tener una buena relación costo-calidad.

La importancia de caracterizar las mieles

Un equipo de 12 personas del Inta Mendoza-San Juan trabaja en un proyecto que busca fortalecer el sector apícola de los Valles Cordilleranos de Cuyo mediante la caracterización de sus mieles. El objetivo general es aportar a la valorización y diferenciación de mieles mediante indicadores socio-ecológicos construidos por el entramado organizacional apícola de estos valles.

Sebastián Ávila, extensionista del INTA en Santa Rosa, comenta que la propuesta es identificar los apiarios y los apicultores de la zona, saber dónde están ubicados y cuál es la flora melífera, en qué cantidad relativa están y los aportes de néctar que hacen a la colmena para la producción de miel. “Se toman algunas muestras de miel de productores de la zona, medio kilo de miel, y se hacen análisis del contenido de polen en un laboratorio de San Juan”, detalla.

La diferenciación de las mieles potencia oportunidades de territorios como la presencia de mercados de proximidad. La caracterización implicaría trabajo a campo de reconocimiento del ambiente y una parte analítica: físico-química, polínica y sensorial, y una parte valorativa de modo tal que sea factible fortalecer los conocimientos locales del sistema socio-ecológico en el cual la apicultura tiene lugar.

Ávila destacó que, además de este proyecto, se trabaja mucho con las Unidades Demostrativas Apícolas, que son apiarios donde se aplica tecnología señalada por el programa nacional de apicultura (Proapi), que busca disminuir la mortandad invernal de las abejas, poder multiplicar la producción y generar miel de calidad. Hoy hay cinco unidades (una Maipú y cuatro en el este). Allí se hacen también capacitaciones para los productores y estudiantes interesados.

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