viernes 7 de agosto de 2020

Leonor Deis en los viñedos de la Bodega Doña Paula para saber cómo responden las plantas a los cambios de temperatura
Fincas

Leonor Deis: “estamos estudiando cómo van a responder las plantas de vid en 50 años”

La investigadora de la Facultad de Ciencias Agrarias está trabajando en un estudio, cuyos resultados le permitirán adelantarse a las posibles consecuencias del cambio climático en los viñedos.

Leonor Deis en los viñedos de la Bodega Doña Paula para saber cómo responden las plantas a los cambios de temperatura

Se espera que para 2100 la temperatura media del planeta se haya elevado unos 2°, lo que puede tener implicancias aún desconocidas para la producción, particularmente en provincias como Mendoza, donde el recurso hídrico es escaso. Leonor Deis, investigadora de la Facultad de Ciencias Agrarias, desarrolla un estudio en los viñedos de Bodega Doña Paula para intentar establecer cómo responden las plantas a las variaciones de temperatura que se registran naturalmente en los paños que se encuentran en laderas.

-¿Qué objetivo tiene el estudio que están desarrollando?

-Como los viñedos de Bodega Doña Paula están en el piedemonte, hay microclimas dentro de un mismo paño (250 hectáreas), por la pendiente, porque baja el aire frío de la montaña. Estamos buscando esos puntos más fríos y más calientes, para ver qué estrategias, si es que hay alguna, han desarrollado las plantas de malbec y de cabernet. Si tienen más calidad o más rendimiento, si crecen más, si el consumo de agua es mayor, o menor.

Eso es lo que estamos tratando de identificar. Estamos en la etapa de seleccionar los lugares y de registrar las medidas visuales de crecimiento para que si éstas nos dan diferencia estadística, buscar en la parte molecular qué se estaría expresado de forma distinta.

-Es decir que están intentando determinar qué adaptación ya se produjo a una mayor temperatura…

-Se espera que la temperatura aumente dos grados para el 2100. Dentro del mismo viñedo, por esos puntos fríos y más cálidos, hay una diferencia aproximada de 1 a 1,5 grados y estamos tratando de ver si hay un punto que ya tenga 2. En ese punto, suponiendo que lo encontremos, ya tengo la respuesta de lo que va a pasar.

-¿Ya tienen 1,5° de diferencia en un mismo paño?

-En días especiales, entre el punto más frío y el más cálido, sí. Pero tenemos cuatro meses de datos meteorológicos, nada más. Es arriesgado decir que lo voy a encontrar seguro o a tener ese nivel medio siempre. Por lo menos, en días de verano esa diferencia la tengo. Ya puedo estar adelantada en el punto más caliente para ver lo que le va a pasar a la planta en 2100. Y si es sólo un grado más, en 2070.

Ese es el principal engranaje del estudio. Adelantarnos 50 o 60 años sin calentar el ambiente artificialmente, porque la mayoría de los estudios le ponen un calefactor a la planta al lado, eléctrico o a gas. Pero nosotros estamos buscando los 2 grados más, naturales, que ya hay en el terreno. Eso ya lo han hecho en Alemania, Nueva Zelanda, Inglaterra, el norte de Francia, en las laderas de montaña. Y efectivamente, ellos, según la inclinación de la pendiente llegan a tener hasta 4 grados de diferencia.

Leonor Deis desarrolla un estudio para saber cómo responden las plantas a los cambios de temperatura.

-¿Qué ventaja tiene este sistema más natural de medición con respecto a un calefactor?

-Primero, el calefactor, en general, lo están usando en la época de crecimiento de la planta y se están olvidando del invierno, cuando toda su fenología -cuándo brota, cómo- depende de lo que pasa durante el invierno. Otro problema que tienen, los que son pasivos, que no usan energía extra sino solar, es que sólo calientan de día, pero las noches cada vez son más calurosas y varios días las temperaturas mínimas están sobre 20°. Y los activos no logran durante el día mantener siempre la misma diferencia y en Argentina el número de plantas involucradas es muy pequeño por los altos costos de llevar aire acondicionado, electricidad, cubrir las plantas.

Pero así y todo, en la facultad, en otro proyecto en el que participo, lo estamos haciendo con calefones solares. Le hacemos circular cañerías de agua caliente alrededor de la planta. Estamos haciendo las dos investigaciones en paralelo. El tema del agua caliente es que se calienta mucho un solo costado de la planta, no es parejo. Incluso, las hojas que tocan la cañería se queman. Estamos buscándole la vuelta con más de un sistema.

-Para tratar de determinar cómo va a reaccinar la planta al calor dentro unas décadas...

No todas las variedades responden igual. Por ejemplo, con la fecha de brotación, el malbec se tiende a adelantar y con el chardonnay no importa lo que pasa en invierno, brota siempre en la misma época. Queremos ver esas respuestas diferenciales que tienen cada una de las plantas y sobre todo las de malbec, syrah y bonarda, que son las principales uvas tintas cosechadas acá.

Ver qué va a pasar, como van a responder. ¿Van a aumentar los rendimientos? ¿Va a disminuir la calidad? ¿La calidad va a ser la misma con más rendimiento? ¿Cuál va ser el consumo de agua? Porque si hace más calor, la planta transpira más. ¿Hay que regar más o podemos usar alguna estrategia para mejorar la eficiencia?

A su vez, en los estudios que estamos haciendo a campo en Doña Paula, estamos trabajando con dos fechas de poda porque han visto en Francia que, si se deja que la planta brote y después, cuando tiene un brotecito de 10 o 15 centímetros, se vuelve a podar, pasa un mes hasta que brota nuevamente. Entonces, se atrasa la maduración de la uva un mes y, en vez de madurar como está madurando ahora, a fines de febrero, que hace mucho calor, esperamos que terminen madurando a fines de marzo, como antes. Así, la maduración se produce con temperaturas más bajas y adecuadas para que tenga mayor cantidad de compuestos polifenólicos.

-¿Qué estudios se le hacen a las plantas?

-En las plantas mido cuánto transpiran, cuánto crecen, cuál es su estado hídrico, cuántas hojas tiene, es decir, cual es el área foliar, y lo que se llaman los componentes del rendimiento, que serían: número de racimos, cuánto pesan, cómo son las bayas. Y de ahí saco los granos, las bayas de la uva, y las llevo para analizar qué tipo de compuesto tienen de color, que son antosianos y taninos.

Esas muestras uno las saca de la finca con nitrógeno líquido, para frenar el metabolismo, las guarda en un freezer a 80 grados bajo cero y después analiza. Una parte, por cromatografía, para ver qué compuestos tienen y en qué cantidad. Y otra, para el análisis molecular, para establecer qué ruta metabólica se está expresando más, qué encima o gen se expresa para que la planta tenga más o menos color o mayor o menor cantidad de ciertos compuestos.

-Con los resultados, ¿qué esperan poder lograr?

-Para mí, que soy más productivista, creo que es fundamental saber qué tengo que ajustar para seguir manteniendo los rendimientos. Porque vinos de mil dólares son 10 en el mundo, el resto es volumen. Entonces, se trata de no perder calidad pero tampoco volumen. ¿Qué hago? ¿Podo más o menos? ¿Tarde o temprano? ¿Riego más o menos? ¿Pongo mayor o menor cantidad de plantas por hilera? En base a cómo responde la planta, se pueden buscar estrategias para paliar los efectos del cambio climático.

Perfil

Leonor Deis es profesora adjunta e investigadora de la Cátedra de Fisiología Vegetal, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo. El estudio que comenzó a fines de enero en los viñedos de Bodega Doña Paula se denomina “Instalación de parcelas pilotos para la definición de estrategias de adaptabilidad de los viñedos al cambio climático”. El proyecto es financiado por el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología, Cofecyt), del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, y también por la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).