Una interpelación respaldada por la Constitución

El de Manuel Adorni es el primer caso que conduce a una interpelación y posible destitución de un jefe de Gabinete desde la oficialización de dicha figura política, con la reforma de la Constitución de 1994.

El escándalo generado por la investigación judicial al jefe de Gabinete de la Nación, Manuel Adorni, no debe transformarse en una novela política más, sino en la oportunidad que tiene la dirigencia de cumplir con una función importante que fija la Constitución Nacional, como es limitar el poder de las autoridades.

Se sabe que la letra constitucional es muy clara en tal sentido, por lo que les corresponde, en este caso, a los miembros del Congreso de la Nación velar por el cumplimiento de preceptos fundamentales, como evitar abusos de autoridad y hechos de corrupción.

El de Adorni es el primer caso que conduce a una interpelación y posible destitución de un jefe de Gabinete desde la oficialización de dicha figura política, con la reforma de la Constitución de 1994.

Concretamente, lo que aparece como posible es la efectivización de la moción de censura, que en Argentina se aplica solamente para el jefe de Gabinete y no para el resto de los funcionarios del Poder Ejecutivo. Requiere del voto mayoritario de los componentes de las dos cámaras del Congreso.

El tratamiento de la moción de censura obliga a la interpelación del funcionario. Para la eventual remoción del cargo se requiere la mayoría absoluta (mitad más uno) de la totalidad de los miembros de ambas cámaras legislativas.

No quedan dudas de que se trata de un tema de enorme envergadura política, ya que los datos revelados y las contradicciones públicas por parte del funcionario potenciaron el afán investigativo de la oposición y liberaron lógicas alarmas entre los propios miembros del oficialismo y, más aún, en sus aliados estratégicos.

El presidente de la Nación, que no dudó en remover a los dos jefes de Gabinete que antecedieron a Manuel Adorni, se muestra en este caso decidido a mantener a su actual funcionario en el cargo, incluso con manifestaciones públicas que hasta pueden llegar a comprometer la labor de la justicia. Por otra parte, la causa de la controversia, como es una acusación de corrupción en ejercicio de la función pública, bien podría haber justificado, al menos, la separación temporaria del cargo hasta que la justicia resolviese el caso.

Por ello es muy importante que el Congreso agote las instancias para colocar al alto funcionario en una interpelación necesaria que llegue a determinar el grado de responsabilidad que le cabe entre tantas afirmaciones y contradicciones.

Las dos votaciones populares que respaldaron al actual gobierno, tanto en 2023 como el año pasado, sin ninguna duda apoyaron su imagen de transparencia y propósito de eliminación de los viejos vicios y corruptela que mostró la denominada vieja política. Ello obliga a las autoridades de turno a someter todo acto sospechado de irregularidad al funcionamiento de las instituciones.

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