Forrajes: un negocio de 650 hectáreas en el corazón de Santa Rosa

Forrajes: un negocio de 650 hectáreas en el corazón de Santa Rosa
Es una de las producciones que tienen para semilla, Tarditti explica que sólo producen a demanda y que clima seco es propicio para este desarrollo.

Daniel Tardito siembra girasol, maíz y sorgo híbrido, además de papa, maíz súper dulce, algodón, poroto mung, cebolla, entre otros. Cómo cambió la idea de cultivo en el departamento.

Hace más de tres décadas que el bonaerense Daniel Tardito se dedica a la reconversión de tierras. Es decir, a plantar en suelos incultos o en los que quienes estaban se fueron y dejaron propiedades en desuso. Esta tarea lo llevó a lugares tan distantes como Rusia, China, Armenia y Marruecos, pero eligió asentarse en Santa Rosa, en donde tiene 650 hectáreas dedicadas a la producción de semillas y forrajes, regados por 14 pivotes.

Hoy, hay algunos emprendimientos de cultivo de forrajes en la provincia y también otros pocos que utilizan pivotes para regar los cultivos, pero cuando Tardito llegó al Este provincial, hace unos 11 años, y mencionó que iba a utilizar un pivot, todos se le rieron en la cara. “No era la primera vez que me pasaba. Es habitual. La barrera más difícil de vencer cuando uno hace una transferencia de tecnología es la cultural, porque se rompen tradiciones generacionales”, explica.

El Girasol Híbrido, uno de los cultivos en los que se trabaja en Santa Rosa.

Es que el productor había comprado 3.500 hectáreas, que habían tenido viñas de la ex Fundación Mendoza (antes Bodegas Recoaro) pero se encontraban abandonadas, producto de la reconversión hacia los varietales, que provocó que extensos viñedos de uvas comunes fueran dejados de lado en esa zona. Se le ocurrió anunciar que no sólo no iba a producir más uvas, sino que, además, iba a utilizar un pivot porque, de esa manera, necesitaba sólo un tercio del agua y un tercio de la electricidad.

Una pregunta un poco inevitable es cómo, después de haber estado en tantos sitios, eligió quedarse en Mendoza. “Es mi país y la provincia me encanta. En comparación con otros lugares en donde trabajé, Santa Rosa es Nueva York”, lanza con humor. Lo cierto es que ese departamento del Este también tiene algunas condiciones que lo llevaron a decidirse a desarrollar ahí su emprendimiento.

Para producir semillas, detalla, se necesita que el clima sea extremadamente seco y, si es posible, que no llueva, porque la humedad trae consigo problemas sanitarios que atentan contra la calidad. Por otra parte, en las tierras elegidas no había cultivos contaminantes alrededor, lo que también impacta en el producto final. El tercer factor fue el recurso humano.

Alfalfa, una de las forrajeras que trabajan en el campo ubicado en Santa Rosa.

Tardito cuenta que trabajó en lugares en donde el nivel de analfabetismo rozaba el 80% e, incluso, la religión alteraba las rutinas laborales. En cambio, en Mendoza, se sorprendió al encontrar un 85% de alfabetización, lo que no sólo es alto en comparación con otras partes del mundo, sino también con otras regiones del país.

Además, la mano de obra local cuenta con una gran ventaja y es que, al haber trabajado con vid y frutales, sabe “leer” el cultivo y está acostumbrada a tomar decisiones. Así como en las plantaciones de soja o maíz, un equipo plantea lo que se debe hacer y lo comunica al operario, que tiene que subirse al tractor y cumplir con esas indicaciones, en Mendoza, el trabajador debe decidir qué rama poda y cuál no, qué fruta cosecha y cuál deja un tiempo más en la planta.

Como contraparte, añade, están acostumbrados a un cultivo que, en ciertos momentos del año, sólo requiere atención cada 15 días. En cambio, con las semillas “todo se cuenta por días o por horas” y, cuando se está cosechando, no se conoce de día o noche, ni de sábados o domingos. Mientras que, cuando no hay nada que hacer, toca el descanso. Esto requiere también de un cambio cultural.

Hoy son tres familias las que desarrollan el emprendimiento de producción de semillas de girasol híbrido, maíz híbrido, sorgo híbrido, papa, maíz súper dulce (consumo), algodón, poroto mung, cebolla (semilla y consumo), ajo, zanahoria (semilla y consumo) y zapallo. Además, entre los cultivos de verano, se intercala cobertura de invierno basada en trigo y cebada.

Se trata de un esquema de producción a demanda, por lo que sólo producen aquello para lo que ya tienen clientes, tanto en el país como en el extranjero. De hecho, actualmente reciben más pedidos que la capacidad que tienen para responder a ellos. Como no quieren perder clientela y es difícil acceder a financiamiento bancario para incorporar más hectáreas a la producción, decidieron lanzar una propuesta de inversión, en la que los interesados pueden comprar desde una hectárea de tierra productiva y recibir una renta promedio de 8% en dólares.

“Hago Zoom con gente de todo el país. Salgo con la cámara al campo y les muestro qué hacemos y cómo trabajamos. Muestro la otra Mendoza”, señala y agrega que la respuesta de los potenciales inversores ha sido muy buena. Son tierras que ya se encuentran en producción y alquiladas a productores, por lo que la inversión se empieza a recuperar en forma inmediata.

Tardito se mostró un defensor del uso racional del agua y planteó que, con la misma cantidad de este recurso, si en lugar de regar por inundación del campo o por manto, se utilizaran sistemas más modernos, se podría ahorrar el triple del líquido disponible o regar el triple de superficie que la actual.

En cuanto al potencial del límite Este de la provincia, manifestó, con la mirada curiosa del foráneo, que “por algún motivo que desconozco, para el mendocino la provincia se empieza a morir en San Martín. Pero Santa Rosa tiene un potencial muy interesante”. Tardito comentó con pesar que el lugareño está convencido de que todo va a desaparecer y que le cuesta mucho levantarles la autoestima. Destacó que “se pueden hacer cosas. Con esfuerzo, renegando. Pero hicimos algo más para que la zona crezca”.

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