2 de agosto de 2013 - 22:36

¿Fin de ciclo o cepo político?

El autor sostiene que los probables cambios políticos en el país luego de las elecciones harán surgir multitudes de oportunistas que querrán seguir la dirección de los vientos y a la vez, harán que el poder político establecido recurra a cualquier argucia

"De lo peligroso que resulta creer a los fugitivos".

Nicolás Maquiavelo

. Discurso sobre la primera década de Tito Livio, libro II, 31.

Ya lo planteaba Maquiavelo respecto de los que -al borde de los cambios que siempre se dan- antes comprometidos con el poder pretenden vislumbrar el sentido de los cambios para volcar sus timones a babor o a estribor según soplen los nuevos vientos.

También podríamos homologar lo antes dicho advirtiendo que no existe nada peor que un converso y hoy los hay en casi todos los ámbitos, además de los que han tenido prensa, precisamente por su condición exasperada de esa característica; tal el caso de Víctor Hugo Morales. Me pregunto al respecto: ¿En qué momento vislumbrará el cambio de las tornas y actuará en consecuencia? Probablemente estaremos entrando en una nueva etapa de la política en la Argentina: la de la "conversibilidad".

Por otra parte, menear candidatos cual arlequines titiriteros -como en el caso de Martín Insaurralde, quien poco más es conducido de la mano de CFK para hacer "uno" o "dos" y previendo con anticipación el estado de los sanitarios- nos muestra la poca o nula entidad del meneado a quien poco más falta que le indiquen que diga un verso "para las visitas".

Las campañas, más que esclarecer, confunden.

Independientemente de los votos que de por sí tienen los partidos, el electorado pseudo independiente advierte que el abanico de ofertas opositoras no ofrece alternativas sino matices y los mismos son exacerbados, por lo que los personalismos priman por sobre cualquier propuesta.

Aquí en Mendoza, pasamos de la idea de calzarnos las pistoleras y salir a cazar delincuentes, a la de incentivar contratos que expolien nuestros recursos no renovables en connivencia con quien no tiene jurisdicción sobre los mismos, es decir, el Estado Nacional.

Vaya otra muestra de la sumisión y la obsecuencia -condición necesaria y suficiente- para perdurar en estos tiempos para zafar del cepo del ninguneo y el ostracismo.

Otros gobernadores -y no importa el signo al que pertenecían- supieron plantar cara a los embates de la Nación y generaron, por sí y para la provincia, un desarrollo autóctono, original y consecuente con el proyecto de una Mendoza autosustentable y lideradora de la región. Nada más lejos hoy de la realidad que cotidianamente palpamos los ciudadanos y la sociedad en general.

Pasamos de los pantalones largos a calzarnos los cortos para jugar un juego en donde la dueña de la pelota decide las reglas, los tiempos, los jugadores, el inicio y la finalización del partido, quién va al banco y hasta los penales, aun si fueron cometidos fuera del área.

Muchos hablan y pontifican con respecto al final de un ciclo. Yo no estaría tan seguro dado que ante la posibilidad y/o probabilidad de su final, se ha preparado un aparato que todo lo contiene y, en el supuesto de un cambio, tanto habrá que podar que el conflicto nos esperará a la vuelta de la esquina y la revolución "nac y pop" será cierta y cruenta.

Probablemente se desarticule la escribanía legislativa y tal vez alguno que otro juez se decida a fallar de acuerdo a Derecho y no a mandato, pero adhiero a Maquiavelo respecto de la credibilidad y peligrosidad de los que fugados de la realidad, pretenden imponernos otra que existe solamente en el discurso al que muchos llaman "el relato".

Aspiro y espero que el mundo de los hermanos Grimm no siga haciendo pie y que luego de la pesadilla, veamos y construyamos una nueva oportunidad (de tantas), para un país que se sigue negando a "ser lo que debe ser", ya que si no -como lo sentenció San Martín- nuestro destino será poco más que la nada. Y es que por más pesimista que parezca esta conclusión, la misma es corolario del discurso ya que, aparentemente y desde él, después de CFK está el abismo.

Sin embargo, la fuerza de la esperanza es tan grande que demostró en los campos de Treblinka y Auschwitz y en tantos otros, que los sobrevivientes pueden y deben rehacer y renacer la vida.

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