Por Fabián Galdi - [email protected]
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Nueve meses pasaron desde que el 27 de mayo del año pasado se hizo trizas la credibilidad y confianza sobre la máxima entidad que rige el destino del fútbol: la FIFA. Acostumbrada su dirigencia a un amesetamiento natural en cuanto a la toma de decisiones, el modus operandi había transformado de motu proprio a la institución en un enclave que bien podría definirse como FIFAlandia.
Ni más ni menos que un mundo ideal tapizado de alfombras rojas para su clase dirigente y en un contraste marcado con la indefensión que abarca a millones de practicantes del deporte más abarcador e inclusivo en todo el planeta. La fábula sobre el 'Rey desnudo' bien podría aplicarse a una línea sucesoria que desde hace seis décadas supo gobernar sin oposición y ejerciendo el poder piramidal sin control de los sectores dirigenciales medios, tales los casos -sucesivamente- del inglés sir Stanley Rous, el brasileño Joao Havelange o el suizo Joseph Blatter.
El fútbol ha sobrepasado largamente el rótulo de un mero entretenimiento, al punto de que se ha transformado en una herramienta de socialización cuyo poder de penetración es infinito. Alrededor del fenómeno se halla montada una industria de dimensiones gigantescas y que no reconoce límite geográfico alguno. El anglicismo mainstream la define a la perfección: cultura de masas a partir de la referenciación de normas, hábitos y costumbres a escala globalizada.
¿Qué causa provocó tamaño escándalo al punto de que las denuncias por sobornos y lavado de dinero alcanzaron a los cuadros dirigenciales medios y bajos en la estructura de la FIFA? No fue fruto de la casualidad ni del azar, sino que tuvo su origen en la embestida a fondo de la jueza estadounidense Loretta Lynch, quien había sido designada por el presidente Barack Obama. Hasta ese momento, el organismo con sede en Zurich jamás había sido abordado por cuestiones jurídicas y gozaba de una impunidad absoluta.
Hasta en sus propios reglamentos, la entidad impedía a cualquiera de los clubes afiliados en todo el planeta a presentar demandas civiles contra cualquier confederación, federación o asociación de fútbol afiliada. De esta manera, ningún recurso -por mínimo que fuere- estaba en condiciones de ser avalado. Es más, quien así lo hiciese era pasible de una penalización drástica y que podía llegar hasta la desafiliación inclusive.
Además, la determinación de la misma procuradora general permitió avanzar sobre la dirigencia futbolística, a la cual acusó de valerse de sus altos cargos para obtener sumas de dinero en forma ilegal a través de las coimas. Blatter, en tanto, se limitó a decir que nada habría ocurrido si Estados Unidos se hubiera quedado con la sede del Mundial 2022, el cual quedó en manos de Catar.
El dirigente helvético siempre se caracterizó por una gran habilidad para evitar quedar ligado a un hecho que pudiera acarrear una investigación. Sin embargo, nunca imaginó que la jueza pudiera llegar tan lejos y que avanzara progresivamente en lugar del estancamiento al que estaba acostumbrado el mundo FIFA.
En ese marco, se realizó anteayer el proceso de renovación de autoridades. En ninguno de los casos, los candidatos podían quedar al margen de la tendencia: tanto Europa como el mundo árabe están influidos y penetrados por vínculos comerciales con el gigante norteamericano.
Sí queda claro que el fútbol, desde el punto de vista geopolítico, tiende a modificar de eje en el corto plazo y que la concentración de poder puede cambiar de manos conforme a que mientras se debilita el eje Zurich/resto de Europa Occidental, automáticamente crece el estadounidense con una proyección que apunta a consolidarlo como potencia emergente a escala premium.
Y mientras, sin respuestas y debilitada ante la Justicia, la reacción de la dirigencia tradicional de la FIFA vuelve a fortalecer el concepto de FIFAlandia. Sin ir más lejos, Blatter supo encargar una película hecha a medida para ser estrenada durante el pasado Festival de Cannes. De hecho lo logró, pero debió someterse a la decisión de los organizadores: el filme "United Passions", cuyo costo se estima en 30 millones de dólares, finalmente fue estrenado... pero en la playa de estacionamiento.