14 de junio de 2014 - 00:00

Fernando Iglesias: “Hay que crear instituciones que representen al ciudadano del mundo”

El dirigente porteño integra la organización Democracia Global, una ONG que propone crear un parlamento mundial. Cree que Argentina tiene un federalismo fallido y atrasado, y que el peronismo encarna “lo más atrasado del país”.

Todo en el siglo 21 está globalizado, excepto la democracia. Con ese fundamento, distintos intelectuales, organizaciones no gubernamentales y algunas fuerzas políticas impulsan la creación de un parlamento mundial elegido directamente por los ciudadanos de cada país. En realidad, retoman una cuestión de la que ya hablaban hace varias décadas personajes como el físico Albert Einstein o el intelectual francés Albert Camus.

En Argentina, el proyecto está promovido por Democracia Global, una ONG con sede en Buenos Aires que está aliada al Movimiento Federalista Mundial fundado en Suiza en 1947. Su actual presidente es Juan Carlos Balduzzi y desde 2009 participa en foros, conferencias y actividades desarrolladas en distintos países.

El ex diputado Fernando Iglesias, vicepresidente de la organización, señala la necesidad de conectar el concepto de federalismo tal como se lo concibe a nivel nacional con el proyecto a escala mundial. La tesis sobre la que se basa el trabajo de la ONG es que "los problemas y crisis globales requieren soluciones globales".

Iglesias advierte que Argentina representa un "federalismo fallido", subraya el atraso evidenciado en varias provincias y señala al peronismo como su principal responsable.

-¿Qué se entiende por democracia global?

-A nivel regional, internacional y mundial se toman decisiones políticas a espaldas de la sociedad, por lo tanto vemos la necesidad de crear instituciones que representen al conjunto de los ciudadanos del mundo. Necesitamos, para los grandes problemas globales, normas de regulación promovidas en forma realmente democrática.

-¿Quiénes adhieren a este proyecto y cómo se viabiliza?

-Muchas organizaciones no gubernamentales, intelectuales y fuerzas políticas advierten cada vez más claramente la necesidad de impulsar soluciones globales sin fórmulas elitistas ni autoritarias. Un paso decisivo es la creación de una Asamblea Parlamentaria en las Naciones Unidas, embrión de un futuro parlamento mundial dedicado a problemas como el control de la emisión de gases que provocan el cambio climático, la lucha a favor de un desarme efectivo y la regulación del mercado financiero global y de internet.

-¿Por qué el Manifiesto por una Democracia Global dice que la política atrasa?

-Hoy es instantánea la conexión a través de la Red con cualquier parte del planeta, el mundo es más pequeño que los estados nacionales cuando fueron creados. La tecnología y la economía avanzan a gran velocidad, el sistema financiero desarrolló un poder extraordinario, mientras en el plano político se sigue con una idea completamente ligada a un Estado nacional que no puede dar soluciones por sí mismo. La política avanza mucho más lentamente y es necesario superar ese atraso.

-¿Está preparada América Latina para avanzar hacia la democracia global?

-Nuestra región no puede afrontar por sí sola problemas como la crisis climática y un sistema financiero global que somete a los estados nacionales a situaciones de volatilidad e inestabilidad que complican el desarrollo, con el agravante de instituciones internacionales como el G-20 o el FMI en las que está insuficientemente representada. Pero no son muchos los líderes latinoamericanos que lo entienden.

-¿Cuáles son los principales obstáculos que se deben sortear en la región para que haya una verdadera integración?

-Hay sectores muy hostiles que piensan América Latina y sus propios países desde una perspectiva del siglo XIX, como ocurre en Venezuela. Hay un eje claramente populista que conforman ese país, Ecuador, Bolivia y Argentina, donde están en riesgo todas las características republicanas intrínsecas a la democracia.

Es necesario trabajar mucho a nivel regional, porque si hubiera verdadera integración democrática, y no simplemente reuniones ocasionales de líderes providenciales, Argentina se vería obligada a respetar una serie de reglas que hoy no cumple.

-En ese marco ¿qué papel juega la Unasur?

-Cualquiera que conoce la historia del mundo sabe que no existe integración verdadera si no hay un parlamento y decisiones comunes. Es así como la Unasur no puede elaborar un plan de infraestructura destinado a una conectividad ferroviaria desde el Atlántico hasta el Pacífico, como logró Estados Unidos hace dos siglos.

Lo mismo ocurre con el Mercosur, que si tuviera un parlamento y una ley de regulación ambiental, hubiera ahorrado los enormes costos económicos y políticos sufridos por Argentina y Uruguay a causa de las pasteras.

-¿Qué posibilidades tiene hoy Argentina para insertarse en un proyecto global?

-Si bien no llegamos al extremo venezolano, tampoco hay en el Gobierno una concepción racional sobre lo que pasa en el siglo 21 ni una actitud favorable a la ampliación de la democracia a nivel supranacional, hasta el punto que en 2010 y 2014 no cumplió acuerdos firmados para concretar la elección directa y democrática de representantes para el parlamento del Mercosur. Como Cristina Fernández quiere prorrogar sus fueros, hace pocos días el kirchnerismo reinstaló ese proyecto, pero es una vergüenza que supediten todo a las aspiraciones de una persona. Además, se especializaron en pelearse con todo el mundo, incluidos nuestros vecinos.

-¿Qué adaptación a nivel interno supone la integración de Argentina a un esquema de democracia global?

-En realidad, se trata de trasladar a nivel global el modelo de federalismo nacional. La democracia global no implica un Estado mundial centralizado que controle todo. Las decisiones locales no pueden resolver el cambio climático o la regulación de los mercados financieros internacionales, pero la organización política interna es un problema de cada país.

-¿Cómo observa el modelo federal argentino?

-Argentina es un sistema de federalismo fallido. La experiencia demuestra que, a medida de que los presidentes llegaban desde más lejos en el interior del país, menos federalistas fueron. Carlos Menem llegó desde La Rioja y sabemos lo que pasó. Los Kirchner aparecieron desde el extremo más distante del país y fueron los menos respetuosos del federalismo. El problema de la concentración de recursos no es culpa de los porteños ni de la Capital Federal, sino de la falta de federalismo de los dirigentes.

-¿Por dónde puede empezar la solución a ese problema?

-Un aspecto fundamental es que los recursos de coparticipación no pasen por las agencias centrales, sino que vayan directamente a las provincias, para evitar que el Gobierno nacional los bloquee y extorsione a los gobernadores, imponiéndoles condiciones, como ocurre con el caso de Córdoba, por ejemplo. Los recursos deben ser girados directamente a las provincias para que en forma autónoma y federal decidan el destino de los fondos que les pertenecen.

-Así como a nivel regional existen asimetrías, también se dan a nivel interno. ¿Cómo observa esto en el caso argentino?

-Todos los países tienen regiones dinámicas y modernas que conviven con otras más atrasadas. El problema es que aquí se da una división muy tajante y cada vez mayor. Las partes más desarrolladas, como la que conforma Córdoba, tienen clases medias urbanas que producen riqueza a partir del trabajo intelectual, a la par de un sector agropecuario altamente tecnologizado y sectores vitales como las empresas de comunicaciones. Son justamente las que el actual Gobierno eligió como sus enemigos.

-¿A qué se debe esto?

-El Gobierno, y no me refiero sólo al kirchnerismo sino al peronismo en general, encarna lo más atrasado del país. Las provincias petropolíticas conforman una Patagonia infradesarrollada y vacía, mientras el norte quedó marginado del desarrollo durante el siglo XIX, configurándose feudos gobernados por caciques provinciales.

En el conurbano de las grandes ciudades están los vestigios del industrialismo, motor del desarrollo hasta mediados del siglo 20 que se transformó de a poco en el sector que mayor cantidad de pobreza genera. Este es el último de los grandes fracasos históricos del proceso populista liderado por el peronismo en el último cuarto de siglo. Los sectores más avanzados tienen la obligación de consolidar un liderazgo político que rescate a los habitantes de esas regiones.

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