¿Recordás cuando de chico te juntabas con amigos y desconocidos ante la puerta del hotel donde se hospedaba tu banda preferida?
¿Recordás cuando de chico te juntabas con amigos y desconocidos ante la puerta del hotel donde se hospedaba tu banda preferida?
Podías pasar horas, y hasta días, esperando que alguno de tus ídolos asomara la nariz y, al menos, agitara su mano en señal de "sí, ya los vi".
Eso ya reconfortaba. O cuando te gastabas el último peso que tenías en el bolsillo para dar con un póster, o con el cómic que nadie más tenía: solo uno entendía ese sentimiento de idolatría.
Pero, ¿eso cambió en el siglo XXI? Para nada. Solo mutó.
Lo que antes se llamaba "club de fans" (un grupo de personas que admiraban a un mismo personaje, ya sea real o ficticio), ahora se llama "fandom". Se trata de una nueva forma de "admirar" que tiene un aliado fundamental: las redes.
¿Qué es "fandom", entonces? Se refiere al grupo de personas aficionadas a una serie, cómic, videojuego, banda, película, animé o algún otro tema. Es una expresión de origen anglófono y está construida a partir de la contracción de "fanatic" y "kingdom", que sería algo así como "reino del fanáticos".
Si bien siempre existieron, y seguramente más de uno ha formado parte de algún club de fans a lo largo de su vida, en la actualidad los fandoms le dan mucha más popularidad a aquello que idolatran.
¿Y cómo lo hacen? Fácil, a través de Internet. Pero, como este mundo es tan diverso, hay quienes son buenos fandom y quienes no lo son, los denominados “fandoms tóxicos”, que en las redes hay (y de sobra).
Los llamados "fandoms tóxicos" tienen tanto poder que - si se lo proponen- son capaces de hacer que el mismo director de una serie cambie todo "a piacere" de estos grupos.
Es como decir: son los fans más fans. Y, si bien no está mal que existan, lo curioso es el poder que han alcanzado a tener gracias a las redes sociales, blogs y otros espacios. Pueden idealizar a un personaje (real o de ficción) o defenestrarlo, al punto tal de que la industria piense en hacerlo desaparecer.
Pero esto no termina ahí, porque hay casos donde han llegado a acosar virtualmente a actores (que representan a algún personaje), guionistas, directores o productores de algún contenido que admiran, provocando que algunos decidan desaparecer de la mátrix a causa de tanto hostigamiento.
Un caso concreto fue lo que ocurrió con la asiática Kelly Marie Tran, cuando afirmó haber dejado las redes luego de ser atacada por fans de la archi conocida saga “Star Wars”.
"Esto deja en evidencia que no solo hay fanáticos muy fanáticos, sino que ellos encuentran en las redes el lugar para expresar sus pensamientos y fuertes críticas a los mismos contenidos que admiran", analiza la socióloga Carina Furlán.
Lo más interesante de este grupo de nuevos fans es que “consideran ser los dueños de lo mismo que idolatran. Entonces, sienten que tienen más poder que los mismos creadores”, dice la especialista.
Además, sostienen con firmeza que los directores, productores y hasta actores tienen la obligación de escuchar lo que tienen para decir, ya que se piensan como los verdaderos gurús de los contenidos que admiran.
“Y, cuando no encuentran una respuesta, aprovechan las redes para volcar su enojo, decepción o frustración frente a un nuevo episodio, disco o cual sea su objeto de adoración”, explica.
Otro dato a destacar es el sector etario que se cree que forma parte de estos grupos. Hay descripciones que dan a entender que se trata solo de adolescentes, pero no es tan así ya que "en el mundo de los fanatismos puede encajar una persona (ya sea hombre o mujer) adolescente como de mediana edad", dice la psicóloga Laura Giménez.
Lo que más llama la atención “es el comportamiento que los fandoms muestran en las redes: mensajes altamente agresivos acompañados por presión constante hacia la industria para que ésta cumpla sus pedidos y así sostener el producto que tanto admiran y sobre el que creen tener poder”, agrega.
Y es ahí cuando la tecnología, una vez más, nos muestra su alcance y potencial. "Las redes son el escenario ideal para compartir pensamientos, opiniones y hasta críticas. El tema es que estas publicaciones, al estar en la red, viajan a una velocidad impresionante, logrando contactar con millones de personas en el mundo que, quizás, piensan y opinan igual. Por eso es que, si bien los fans existieron siempre, los fandoms, son una mutación de aquellos clubs en los que solo se juntaban a cantar canciones o a intercambiar figuritas", añade la socióloga.
Pero, ¿por qué se da? Es sencillo: Si la industria cambia los contenidos que ellos admiran, sienten que parte de ellos muere.
Entonces, algunos entran en crisis: "Se han identificado tan fuertemente con personajes, melodías, sonidos, escenarios (y demás) que cualquier modificación en el producto representa una pérdida en sus recuerdos más profundos", dice la psicóloga, haciendo básicamente referencia a que mucho de lo que admiramos, lo admiramos desde edades muy tempranas.
“Y, si algo de eso cambia, sentimos que algo en nosotros se derrumba, se quiebra. Es por eso que intentan sostenerlo, porque se han vinculado afectivamente con lo que admiran”, afirma.
"Ahí es cuando saltan a defender con uñas y dientes la continuidad del contenido, mostrándose reacios a cualquier modificación, aunque sea mínima", comparte Furlán.
Cabe destacar que hay quienes prefieren ver agonizar sus objetos de adoración, antes de verlos cambiar para transformase en un contenido renovado y, quizás, más acorde a los tiempos que corren.
Esta idea de fandom nos hace reflexionar sobre "el lugar que ocupa, o que le damos, a aquello que admiramos. Además, reconocer en nosotros nuestros aspectos violentos -internos- que explotan en las redes sociales queriendo imponerse a como dé lugar", piensa Giménez.
"Este fenómeno no solo ocupa un lugar importante en la época actual, sino que, al propagarse por el mundo entero, hasta puede ser contagioso", dice Furlán, quien cierra afirmando que "admirar a un artista -o a un contenido determinado- es muy interesante, porque se produce una identificación que nos genera felicidad, placer. El problema está cuando a ese sentimiento le agregamos altas dosis de violencia y redes sociales". Un combo explosivo.