En el habla cotidiana, escuchamos expresiones que asociamos a la religión católica, pero que han trascendido ese ámbito de uso y que se utilizan para la comunicación diaria; consideremos algunas y veamos qué significan y cómo deben usarse.
En el habla cotidiana, escuchamos expresiones que asociamos a la religión católica, pero que han trascendido ese ámbito de uso y que se utilizan para la comunicación diaria; consideremos algunas y veamos qué significan y cómo deben usarse.
‘Viacrucis’ indica, literalmente, el “camino de la cruz” que, dividido en catorce estaciones, permite conmemorar en cada una un episodio de la pasión de Cristo; en sentido figurado, puede aludir a una situación de sufrimiento intenso y prolongado. Vemos estas dos acepciones en los ejemplos “Los fieles, en Semana Santa, han ido, con fervor, haciendo cada estación del viacrucis” y “Cumplir esos trámites burocráticos es un verdadero viacrucis”. La expresión puede escindirse en las dos palabras originales: ‘vía crucis’, con lo cual –salvo por la tilde– se regresa al origen latino; sin embargo, el Panhispánico recomienda la escritura en una sola palabra, sin tilde, por ser grave terminada en –s. Hay que destacar que, aunque ‘vía’ es de género femenino, ‘viacrucis’ posee género masculino: ‘el viacrucis’.
Para las fechas patrias de nuestro país, además de los actos cívico-militares, se lleva a cabo un ‘tedeum’, en cada iglesia importante de las provincias: ¿qué es un tedeum? Es un cántico religioso de acción de gracias, que comienza con las palabras latinas “Te Deum laudamus” (“Te alabamos, Dios”). El error más generalizado es colocarle tilde, que no es correcta por tratarse de vocablo agudo terminado en ‘m’ precedida del diptongo –eu–. El plural es ‘tedeums’: “Se realizaron simultáneamente tedeums en varias catedrales provinciales”.
Cuando se usa el término ‘credo’, se puede aludir al conjunto de convicciones de una persona o grupo: “Hubo representantes de los diferentes credos de la ciudad”. La palabra deriva del verbo latino “credere”, conjugado en su primera persona del presente (“yo creo”); entonces, el ‘credo’ resulta la oración en que se hace profesión de fe de las principales creencias cristianas: “La voz del tenor se elevó firme cantando ‘Creo en Dios, Padre todopoderoso’, con emoción y recogimiento”. Con la palabra ‘credo’ se forman frases de uso coloquial, tales como ‘con el credo en la boca’, para señalar gran temor por lo que vaya a suceder; también, si se quiere indicar que algo se lleva a cabo en un instante, se usa la frase ‘en un credo’, mientras que cuando se quiere ponderar lo extraordinario o llamativo de algo, se dirá ‘que canta el credo’: “Contó una anécdota tal que canta el credo”.
¿Qué significa el vocablo ‘amén’ con que ponemos fin a una plegaria? El término llega al español desde el latín tardío “amen” y desde el hebreo “?m?n”, con el valor de “verdaderamente”. El diccionario académico nos lo presenta, en una primera entrada, como una interjección, usada al final de una oración, con el significado de “así sea”. También, con este valor interjectivo, puede usarse para manifestar vivo deseo de que tenga efecto lo que se dice. En este sentido, se da la expresión ‘decir amén a todo’, como locución coloquial equivalente a “asentir a todo”; también, ‘llegar a los amenes’ es afirmar que se llega a último momento, cuando algo finaliza. ¿Y qué quiere decir ‘en un santiamén’? La expresión equivale a decir “rápidamente”, pero casi nadie conoce el origen del vocablo: cuando se rezaba en latín, al santiguarse, la fórmula era “In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amen” (“en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”). En esa fórmula, las dos últimas palabras se pronunciaban unidas y casi como un solo vocablo, ‘santiamén’, que provenía de la unión de los dos términos finales del santiguamiento. Existe una segunda entrada para ‘amén’, no vinculada al ámbito religioso, sino proveniente de la locución ‘a menos’. Este nuevo ‘amén’, como locución prepositiva, significa “además de”: “Amén de inteligente, es bella”.
Las personas mayores solemos usar formas no entendidas por los más jóvenes; así un funcionario, para sincerarse, dijo públicamente que debía hacer un ‘mea culpa’. ¿Qué quiso decir? La traducción literal es “por mi culpa” y consiste en que alguien reconoce las faltas que ha cometido y sus consecuencias. Si bien el vocablo ‘culpa’ es de género femenino, la locución se considera masculina, ‘el mea culpa’, y se pluraliza únicamente en el artículo, ‘los mea culpa’. Resulta interesante conocer que ‘mea culpa’ viene de una oración cristiana, denominada “Confiteor” (“yo confieso”), en la cual el individuo reconoce sus pecados, arrepentido, ante Dios, y utiliza la expresión ‘mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa” (“por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa”).
Escuchamos al solista de nuestra conocida “Misa criolla” cantar con devoción “Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, danos la paz”; relacionamos esa letra con el “Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem”. Fusionadas las dos primeras palabras de esa súplica, originan el español ‘agnusdéi’; encontramos en el diccionario académico que también puede nombrar una lámina de cera impresa con alguna imagen, bendecida y consagrada por el Papa. Además, puede aludir a un relicario que las mujeres llevaban al cuello. Tildamos la palabra por ser vocablo agudo terminado en diptongo; su plural es ‘agnusdéis’.
Y siempre en el ámbito musical tan caro a nuestros afectos, ¿cómo explicar qué significa el vocablo ‘réquiem’? El término, de origen latino, significaba “descanso”. Por el recurso lingüístico-literario llamado sinécdoque, en que la parte sirve para designar el todo, la primera palabra con que comienza la misa de difuntos se utiliza para nombrar la totalidad de la obra. En efecto, recordamos haber cantado con fervor obras de esta índole, pertenecientes a autores y épocas diferentes, con el texto “Requiem aeternam dona eis, Domine” (“Oh Señor, dales el descanso eterno”). El vocablo se vinculaba al verbo latino “requiescere” (“calmar, aquietarse, reposar”). Forma el plural ‘réquiems’ y recibe tilde como palabra grave terminada en –s agrupada con otra consonante.