Los perros eran simbólicamente importantes en la mitología azteca. Se creía que servían a sus amos incluso después de la muerte, guiando el alma del difunto a través de los muchos niveles peligrosos del inframundo para llegar a Mictlán, el lugar de los muertos. También, un dios conocido como Xolotl (a veces representado con la cabeza de un perro) tenía fuertes vínculos con el inframundo.
Aún se desconoce si los aztecas asociaron a los perros sepultados con tal simbolismo. Los investigadores esperan que el sitio fúnebre ofrezca más pistas sobre cómo veían a los perros los residentes de la principal ciudad de los aztecas.
Cementerio de mascotas
Trabajando en un área de dos metros cuadrados, los arqueólogos descubrieron los restos caninos a entre 1,3 y 1,7 metros por debajo del nivel actual de la calle.
Los esqueletos estaban principalmente completos y bien conservados, pero su entierro no sigue ningún patrón particular que los arqueólogos pudieran discernir.
Todos los perros tenían altura media, representan varias edades al morir y conservaban la mayoría de los dientes. Probablemente eran perros comunes, no razas nativas mexicanas como el techichi (famoso por su corta estatura) o el xoloitzcuintli (que pierde sus premolares en edad adulta).
Sitios cercanos de excavación produjeron un estilo de alfarería conocido como Azteca III. Estas vasijas de arcilla naranja, decoradas con diseños geométricos negros, ayudan a datar a los perros al período conocido como Posclásico Tardío, del 1350 al 1520 DC.
Comedores de perros
Las investigaciones arqueológicas se han realizado en el vecindario conocido como Azcapotzalco, en la parte noroccidental de la extensa capital mexicana. En las épocas antiguas, esta área habría estado en la costa occidental del lago conocido como Texcoco, que actualmente es un lecho seco completamente cubierto por los edificios y calles de la ciudad.
Los arqueólogos creen que los aztecas que vivieron en este vecindario pudieron haber depositado la basura de sus casas frente al lago para elevar el nivel de la tierra y evitar inundaciones. Una variedad de artefactos domésticos ha salido a la luz en el área, como alfarería, agujas de hueso, navajas de obsidiana, instrumentos musicales hechos con huesos humanos y caninos, el hueso tallado de un venado y huesos de pavos y perros servidos como comida.
Sí, los aztecas comían perros. De hecho, criaban a estos animales principalmente como comida.
Los arqueólogos que trabajan en Azcapotzalco tienen planeado escarbar más para ver si pueden desenterrar pistas del significado del cementerio de perros. También, un análisis de los huesos podría revelar la causa de su muerte, posiblemente enfermedades o malformaciones u otra evidencia que ayude a los científicos a descifrar por qué los perros fueron colocados juntos para la eternidad en este lugar.
