13 de julio de 2013 - 21:27

La evolución de los humanos

Un estudio de videos de atletas universitarios permitió establecer la evolución en las características anatómicas que permiten lanzamientos de hasta 162 kilómetros por hora en el béisbol.

Proezas deportivas como la bola rápida del béisbol de 162 kilómetros por hora son posibles por un conjunto de características anatómicas que aparecieron en nuestros ancestros homínidos hace aproximadamente 2 millones de años, según sugiere un estudio de videos de atletas universitarios.

Y esta habilidad para lanzar proyectiles pudo haber sido crucial para la cacería humana, que a su vez pudo haber jugado un papel vital en nuestra evolución.

"Lanzar proyectiles probablemente hizo posible que nuestros ancestros mataran presas grandes en forma eficaz y segura", dice Neil Roach, un antropólogo biológico de la Universidad George Washington, de Washington DC, que encabezó el estudio. Comer más grasa y carne rica en calorías hubiera ayudado a crecer al cerebro y cuerpo de los primeros homínidos, permitiendo que nuestros ancestros se expandieran a nuevas regiones del mundo, sugiere Roach. El estudio se publicó en la revista Nature.

Aunque algunos primates ocasionalmente lanzan objetos, y con alto grado de precisión, sólo los humanos pueden arrojar proyectiles rutinariamente con velocidad y precisión, afirma Roach.

Los chimpancés machos adultos pueden tirar objetos a velocidades de alrededor de 30 kilómetros por hora, pero hasta un humano de 12 años puede lanzar una pelota de béisbol tres veces más rápido, señala. De hecho, el movimiento más rápido que produce el cuerpo humano (la rotación del húmero, el hueso largo del brazo, a una tasa brevemente equivalente a 25 rotaciones completas por segundo) ocurre cuando una persona lanza un proyectil.

Roach y sus colegas descubrieron que la fuerza y precisión de los humanos al lanzar se reducen a adaptaciones principalmente relacionadas con el hombro.

Los investigadores usaron cámaras especiales de alta velocidad y registraron los movimientos de lanzamiento de 20 atletas universitarios, incluyendo 16 jugadores de béisbol. Después, limitaron las capacidades de lanzamiento de los atletas a algo supuestamente más parecido a las de nuestros homínidos ancestros, usando aparatos ortopédicos terapéuticos para limitar el rango de movimiento del brazo de lanzamiento. Los investigadores pudieron hacerlo simulando la forma y configuración de las articulaciones de los homínidos que se conoce a partir del récord fósil.

Su análisis sugiere que los músculos del hombro no producen más de la mitad de la fuerza generada durante un movimiento de lanzamiento. Gran parte del resto de la fuerza viene de características evolutivas novedosas en el hombro y otras partes del cuerpo que almacenan energía temporalmente para liberarla rápidamente, afirman los investigadores.

Por ejemplo, el ángulo entre la cabeza del húmero que encaja en la cavidad del hombro y su eje es hasta 20° más chico en los humanos que en los chimpancés. Eso, afirma Roach, alarga el rango de movimiento del brazo, permitiendo que los humanos guarden más energía en los tendones del hombro porque pueden martillar su brazo más hacia atrás antes de lanzar.

Fase de martilleo del brazo

El equipo descubrió que durante la fase de martilleo del brazo, el húmero del lanzador rotó casi 60 grados más allá del límite que podría alcanzar usando su propia fuerza muscular, señal de que los ligamentos y tendones se estaban alargando y almacenando energía.

También, la larga y flexible cintura de los humanos en comparación con la de los chimpancés permite mayor rotación del torso, lo que a su vez permite almacenar más energía antes de soltar un proyectil. Finalmente, señalan los investigadores, la orientación de la articulación del hombro en los humanos aumenta la habilidad de producir torque durante un movimiento de lanzamiento. En conjunto, afirma Roach, estas características ayudan a transformar al brazo humano en una catapulta eficiente y potente.

Carrera de resistencia

Aunque algunos de estos rasgos anatómicos figuran individualmente en los Australopitecos, que vivieron hace aproximadamente entre 4 y 2 millones de años, el conjunto completo de características no parece haber aparecido sino hasta hace aproximadamente 2 millones de años en la especie Homo erectus. Posiblemente no sea coincidencia que más o menos sea la fecha en que aparece en el registro fósil de homínidos un diverso grupo de características relacionadas con la carrera de resistencia.

Los descubrimientos del equipo "constituyen un muy buen caso" en el sentido de que gran parte de la habilidad del hombre moderno para lanzar se enfoca en el hombro, dice Scott Williams, un antropólogo de la Universidad de Nueva York, situada en la ciudad de Nueva York.

"Es un trabajo interesante que combina resultados experimentales con observaciones de anatomía para crear hipótesis comprobables", agrega Zeresenay Alemseged, un paleoantropólogo de la Academia de Ciencias de California, localizada en San Francisco.

LAS MAS LEIDAS