En este artículo quiero ofrecer una sinopsis cronológica de la trayectoria multidimensional de Jorge Alberto Sabato, quien se destacó en la enseñanza de la física y como metalurgista, director de importantes proyectos en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y teórico de las relaciones entre ciencias, tecnologías y desarrollo.
Jorge Sabato nació en Rojas (provincia de Buenos Aires) el 4 de junio de 1924 y se formó como Maestro Normal en Quilmes y después como profesor de Física en el Instituto Superior del Profesorado -hoy Instituto Joaquín V. González-. Desde 1946 ejerció la docencia, el periodismo, la difusión científica y elaboró con Alberto Maiztegui un libro de texto de Física para la escuela secundaria que se convirtió en un clásico.
En 1952 Sabato ingresó a la empresa metalúrgica Guillermo Decker SA para dirigir el laboratorio de investigaciones. Como la metalurgia no estaba consolidada en Argentina en tanto disciplina académica, debió estudiar por su cuenta para asimilar el conocimiento técnico sobre el cobre y sus aleaciones. En 1954 creó junto con Luis Boschi una empresa de investigaciones para asesoramiento a la industria metalúrgica y metalmecánica.
A comienzos de 1955 ingresó a la CNEA como responsable de un área que sería la base del Departamento de Metalurgia. Primero en dicho cargo y luego como gerente de Tecnología, Sabato desarrolló hasta los primeros años de la década de 1970 una intensa actividad de investigación y gestión, en el marco de diversos proyectos y decisiones de la CNEA.
Una primera decisión clave fue la de crear, en lugar de un laboratorio de metalurgia nuclear, uno capaz de abordar también problemas metalúrgicos generales, como los que podrían interesar a la industria. A tal fin Sabato privilegió desde el comienzo de su gestión la formación de científicos. Para esto impulsó, entre otras iniciativas: el dictado de cursos por parte de expertos internacionales; estadías de perfeccionamiento de investigadores argentinos en reconocidos centros del exterior; la incorporación de la física de metales como un área de especialización en el Instituto de Física que dirigía José Antonio Balseiro en Bariloche; la creación de la Sociedad Argentina de Metales; y, el establecimiento de vínculos nacionales e internacionales de cooperación científica.
Otro desarrollo relevante tuvo lugar cuando la CNEA resolvió construir el primer reactor nuclear de investigación, denominado RA-1, sobre la base del modelo Argonaut diseñado por Argonne National Laboratory (Estados Unidos). Los metalurgistas del equipo de Sabato introdujeron mejoras en la fabricación de los elementos combustibles. El mismo año en que se inauguró el RA-1 (1958) la empresa Degussa-Leybold (Alemania) compró el know-how de las citadas innovaciones, lo que representa un primer reconocimiento internacional de la capacidad tecnológica local.
En 1961, con el fin de aportar al desarrollo metalúrgico y metalmecánico nacional, la CNEA y la Asociación de Industriales Metalúrgicos crearon el Servicio de Asistencia Técnica a la Industria (SATI), un novedoso ámbito de articulación entre el Departamento de Metalurgia y la industria local, en el contexto favorable de los proyectos institucionales sobre reactores nucleares.
Como se indica más adelante en esta nota, la experiencia del SATI tuvo su importancia también para la evolución del pensamiento de Sabato.
En enero de 1965 el gobierno nacional encomendó a la CNEA el estudio de pre-inversión de una central nuclear para el área Buenos Aires-Litoral. Cuando en 1966 se convocó a oferta de precios para la construcción de la central nuclear de Atucha, Sabato introdujo en la evaluación el criterio de una “adecuada apertura del paquete tecnológico”. Esta idea, una de sus contribuciones más recordadas, implica favorecer la mayor participación posible de la industria nacional, no solamente por su importancia económica sino también por el crecimiento tecnológico que tal participación podría estimular.
En 1968 se firmó con la empresa Siemens Aktiengesellschaft (Alemania) el contrato para construir una central eléctrica de 319 megavatios de potencia alimentada por un reactor nuclear de uranio natural y agua pesada. Ese mismo año, Jorge Sabato y Natalio R. Botana presentaron en una conferencia realizada en Bellagio (Italia) el trabajo titulado “La ciencia y la tecnología en el desarrollo futuro de América Latina”, donde se analizan las interrelaciones entre tres actores considerados clave para la innovación y el desarrollo: la infraestructura científica (I), el gobierno (G) y la estructura productiva (E). Según los autores, el proceso de desarrollo requiere la articulación dinámica entre estos tres elementos, en cuyo caso las interacciones bidireccionales que los vinculan determinan un triángulo.
En esos tiempos Sabato consideraba que el triángulo I-G-E “racionalizaba los éxitos y fracasos del SATI” y ofrecía un modelo de pensamiento “para hacer diagnóstico de la situación y ordenar terapéutica”. Hoy, el modelo de Sabato y Botana es valorado como uno de los primeros aportes conceptuales del denominado Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Desarrollo.
Jorge A. Sabato falleció en Buenos Aires el 16 de noviembre de 1983, poco antes de la asunción del gobierno constitucional. Hombre de pensamiento y de acción, Sabato fue un intelectual público comprometido incansablemente con la educación, las ciencias, las tecnologías, la cultura democrática y la libertad. A más de 35 años de su deceso, su obra sigue iluminando la tarea de concretar líneas de investigación orientadas por la demanda de tecnologías socialmente relevantes. También sigue convocando a la reflexión y acción en favor de un ideal mayor: el logro de una capacidad nacional de decisión autónoma en ciencias y tecnologías para ponerlas al servicio del desarrollo humano integral.