Evita, la principal figura política femenina de la historia de nuestro país - F. Lacoste

"Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, que es, en definitiva, el destino de su hogar".

El 7 de mayo de 1919 nacía en el interior de la provincia de Buenos Aires María Eva Duarte, más conocida como “Evita”. La segunda esposa del presidente Juan Domingo Perón quien logró hacerse un lugar en la historia argentina a fuerza de su capacidad política, convirtiéndose en un ícono de los sectores populares que, aún hoy, la mantienen viva en su memoria y en su lucha.

En el centenario de su natalicio, quienes seguimos su legado reconocemos en Eva a la principal figura política femenina de la historia de nuestro país y quien jugó un rol excepcional en la promoción de la participación política de las mujeres.

Su mayor consecuencia política es, tal vez, la creación del “Partido Justicialista Rama Femenina”, donde las mujeres argentinas se organizaron y reflexionaron sobre su condición, sin la presencia de hombres.

Fue ese ámbito libre en el que la mujer expresó y analizó los problemas y postergaciones y en el que la mujer argentina asumió puestos profesionales y ocupó un lugar de reconocimiento nunca alcanzado antes.

Evita tuvo un compromiso muy severo con la condición de las mujeres; y que avanzaran en sus derechos políticos fue fundamental.

Su militancia a favor del voto femenino, la conformación de la Rama Femenina del Partido Peronista, o las metas que propuso para la fundación que llevaba su nombre dan cuenta de ello.

Enumerar la obra de nuestra líder política, es hablar de su contribución y colaboración para que desde el Estado y la política se asegurara una vida digna para los sectores populares.

Así, fomentó el trabajo y el estudio mediante el préstamo de dinero, herramientas de trabajo o becas; la construcción de viviendas para la protección de familias en condiciones de indigencia; o la construcción de establecimientos educacionales, hospitalarios, recreativos para los sectores sociales menos favorecidos.

Hoy, las mujeres nos encontramos exigiendo ser reconocidas, ser sujetas del poder político, que la cosa pública tenga nuestra mirada.

Un claro ejemplo fue que, a través de una multipartidaria en el que nos reunimos las mujeres de la política, sin importar a qué sector pertenecemos, logramos dar luz verde a un ideal anhelado: la paridad de género en las listas electorales.

Las mujeres somos un factor importante y tenemos capacidad para llegar a ser fervientes protagonistas de los acontecimientos y la toma de decisiones en nuestro país.

Para lograrlo, es importante combatir las brechas o las desigualdades de género desde el hogar y asegurar una educación inclusiva, participativa y generadora de conciencia social.

Hoy, recordando la lucha de Evita por los derechos de las mujeres, destacamos y celebramos nuestra participación en espacios de poder, convirtiéndonos en referentes dentro de construcciones políticas que no hace tanto eran monopolio masculino.

Pero este avance positivo no debe hacer creer que el camino de la mujer en las instituciones ya está terminado, porque todavía tenemos poca representación en puestos directivos, ya sea en cargos electos, en la administración pública, la justicia, el sector privado o el mundo académico.

Esta realidad contrasta con la indudable capacidad como conductoras y agentes de transformación que las mujeres aportamos a la vida democrática.

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