22 de junio de 2013 - 20:53

Eurozona, un poco menos deprimida

Son pocas en cantidad y calidad las señales de recuperación en la Unión Europea, sobre todo en los países más afectados por la crisis económica. Sin embargo, ha sido tan grande la caída que cualquier indicio, por leve que sea, provoca desmesurados optimis

Esto es lo que pasa por una buena noticia económica en Europa: España acaba de sumar 265 empleos. “Claramente alentador”, dijo el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, sobre el suceso. No importa que casi 5 millones de personas en España estén desempleadas.

El último informe de desempleo del gobierno, emitido hace dos martes fue presentado por Rajoy como una señal de que quizá, tan solo quizá, la economía está mejorando.

Casi seis años después de que la crisis financiera en Estados Unidos se extendiera a través del Atlántico, sumiendo a Europa en una recesión y, en algunos lugares, depresión desesperada, “bueno” es relativo.

Las cifras económicas que serían consideradas desastrosas en otras partes están siendo pregonadas por muchos políticos y legisladores como realmente no tan malas ni en lo más mínimo; los primeros tiernos retoños de una recuperación que está allá afuera en alguna parte.

O quizá no. Políticos en todas partes rara vez se cansan de hablar bien de la economía. La cuestión es si la supuesta buena noticia que los dirigentes europeos están elogiando es meramente un encubrimiento conveniente.

El riesgo -no sólo para Europa, sino para el resto del mundo- es que ellos sencillamente estén esperando que hayan hecho lo suficiente para restablecer el crecimiento, y que las duras decisiones que algunos dicen que aún se deben tomar puedan ser postergadas al futuro.

Dos semanas atrás, el Banco Central Europeo dejó las tasas de interés sin cambios, desafiando llamados por acciones más audaces. Incluso así, Mario Draghi, el presidente del banco, destacó los potenciales “riesgos inconvenientes en torno a la perspectiva económica para el área del euro”.

Lo que pocos políticos reconocen en público es que muchos de los pasos que los economistas dicen que aún se deben dar seguramente causarán la pérdida de votos. La liberalización de rígidos mercados laborales, por ejemplo, pudiera impulsar el crecimiento y ayudarles a los jóvenes a irrumpir en la fuerza laboral. Sin embargo, seguramente eso alienaría a electores que terminan perdiendo empleos que pensaron que tendrían de por vida.

“Los legisladores tienen un fuerte interés en que la presente estrategia dé la impresión de que funciona”, dice Simon Tilford, jefe de economistas en el Centro de Reforma Europea en Londres. “Incluso el rayo más tenue de esperanza es interpretado como una señal de recuperación”.

Tilford cree que Europa estaba atrapada en una enfermedad similar a la japonesa. “Hay un debate surrealista en marcha con respecto a que si no hacemos A, B o C, hay un riesgo de que Europa sea como Japón”, dijo. “Si vemos los datos de los últimos seis años, Europa ya está peor”.

El peligro es que un sentido de descenso económico se ha enraizado a tal grado que la mediocridad se confunde con excelencia y el statu quo se comercializa como una marca progresista. Se prevé que Alemania, la envidia económica de Europa, crezca apenas 0.3% este año, paso raudo sólo bajo las nuevas normas de bajo rendimiento.

Financieramente, Europa se ve menos riesgosa de lo que se veía el año pasado, cuando el temor era rampante en el sentido de que el euro pudiera venirse abajo. Los mercados de bonos se han calmado. El desempleo está bajando, aunque muy lentamente, en unos cuantos países como España e Irlanda.

Durante una visita a Atenas dos semanas atrás, el ministro holandés de finanzas dijo que había detectado “la primera señal de un giro en la economía”.

Después, el día siguiente, llegó la noticia de Bruselas en el sentido de que la economía griega efectivamente estaba mejorando. Se redujo por apenas -tan sólo- 5,3% en los primeros tres meses del año. Eso, de hecho, fue una mejoría: se había contraído 5,7% en el trimestre anterior.

Los mercados financieros, que han repuntado respecto de sus bajos niveles, no capturan plenamente el dolor económico que sienten muchos europeos. Eso se debe a que los mercados financieros se apoyan en la esperanza y ven hacia delante, no hacia atrás.

El indicador base de Alemania DAX, por ejemplo, ha subido 39% en el último año, aun cuando la economía de la nación, si bien fuerte para Europa, difícilmente va progresando a toda velocidad. Hace dos jueves, las acciones europeas bajaron sólo modestamente, pese a la débil perspectiva del BCE.

A medida que las preocupaciones continúan por el futuro a largo plazo de Europa y su divisa, el euro, algunos analistas temen que la buena noticia, como está, pudiera ser demasiado buena. Señales de crecimiento podrían impulsar un remate en mercados de bonos europeos, impulsando un aumento en las tasas de interés en momentos que las economías aún son frágiles.

Sin embargo, para muchos europeos, esa no es la gran inquietud. La economía de la Eurozona se ha estado encogiendo durante un año y medio, y el continente es menos rico de lo que era en 2008.

Gobiernos del área del euro siguen bajo presión para reducir el gasto, incluso si quienes hacen los presupuestos en Bruselas le otorgaron a principios de este mes a Francia, España, Portugal y otros cuatro países un poco de tiempo adicional para poner en orden sus libros.

La empresa consultora Ernst & Young acaba de publicar un sondeo mostrando que empresas extranjeras que invierten en Europa crearon aproximadamente 170.000 nuevos empleos en 2012, aumento de 8% respecto de 2011.

Sin embargo, el valor total de la inversión extranjera directa a Europa, incluido Reino Unido y el oriente europeo, se desplomó 36%, quedando en 293.500 millones de dólares, el doble del descenso en todo el mundo. Negocios extranjeros, en otras palabras, siguieron manteniéndose profundamente cautelosos con respecto a invertir en el futuro de Europa.

Incluso si la economía de la Eurozona efectivamente deja de declinar, eso no significa que crecerá. Sencillamente podría tocar fondo y quedarse ahí.

Si ocurre eso, pudiera haber unas cuantas opciones fáciles.

Los electores alemanes siguen reacios a apoyar bonos comunes de la Eurozona u otros grandes programas de ayuda para países en aprietos.

Además, el Banco Central Europeo sigue con pocas probabilidades de empezar a inyectar dinero a la economía como han hecho la Reserva Federal de EEUU e, incluso más, el Banco de Japón, debido a divisiones en la toma de decisiones del banco central que rige al consejo.

Debido a esto, los dirigentes políticos tienen pocas opciones para seguir con la laboriosa tarea, políticamente riesgosa, de rehacer sus economías para que puedan competir en mercados mundiales y crear empleos.

“Aún falta hacer más cosas”, dice Martin van Vliet, prominente economista de la Eurozona en ING Bank en Ámsterdam.“Los países tendrán que hacer nuevas reformas, y eso es sumamente impopular”.

¿Cómo sabremos cuándo la Eurozona realmente esté empezando a recuperarse? La verdadera medida son los empleos, cree Van Vliet.

Cuando se reanude el verdadero empleo en el sur de Europa, “entonces estaré dispuesto a declarar que lo peor ya pasó”, dijo. “Hasta ese momento, no estoy tan seguro”.

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