4 de enero de 2015 - 00:00

Estimado amigo de 2045

Estimado amigo de 2045, esta carta es para usted. Disculpe que lo interrumpa de este modo, con tinta, sobre un papel, un objeto tan extraño para usted, tan acostumbrado a los cristales flexibles, que quizá este recorte de diario hasta le provoque algún tipo de alergia en la piel. No es la intención.

Lo que ocurre es que le quería hacer llegar unas preguntas y alguna que otra advertencia. Recuerde que en 1980, nosotros, los de 2015, pensábamos que el futuro serían autos voladores y vacaciones en Marte. Y el futuro era Facebook, amigo. ¿Qué pedazo de estafa no? ¿Les pasó algo parecido a ustedes? Espero que no.

¿Cómo recuerdan las redes sociales en el futuro? ¿Como aquellos adultos que rememoran las borracheras de la secundaria? ¿O como una larga siesta, de esas de las que te despertás abombado, a las seis y media de la tarde? ¿Qué piensan, en 2045, del hecho de que las empresas que más fortuna hicieron en 2015 eran un buscador de palabras en internet, un fabricante de teléfonos caros y un lugar para colgar mayormente fotos simpáticas de gatos?

El gran logro de Facebook y Twitter es hacer creer que se trata de conocer la historia de los demás, cuando en realidad la plataforma consiste en construir el propio ego. La mayoría de las personas cuece la vanidad en las redes, al calor de un mundillo feliz (¿recuerda el libro de Aldous Huxley?). Un mundo tan feliz, que ni siquiera existe la posibilidad de que otro te diga no. Esa es la clave del suceso. Nadie te puede decir "no me gusta". Aplausos, es el invento más ingenioso después del aire envasado que te venden en la Sierra Cordobesa.

A propósito. ¿Qué pensará la especie, en 2045, de los políticos que suben a la red del pajarito fotos de ellos mismos haciendo asados? (¿En la parrilla con la camisa celeste recién estrenada? ¿Alguna vez tiraron algo a las brasas?). ¿Siguen creyendo los tipos que con un asesor de imagen, un community manager y un sociólogo que les sopla qué dicen las encuestas basta y sobra para hacer política? ¿O se pusieron a laburar?

Pero no quiero aburrirlo, amigo de 2045. Y no quiero que se confunda. Yo no soy un pesimista. Tampoco un refutador. Me siento muy seducido como todos, por los tuits de los famosos y por ese espacio de voyeurismo azul, que permite otear vidas de ex y también de aquella compañerita de la secundaria, fulera entonces, que a los 40 está más fuerte que la macroeconomía de China. Y, le confieso, soy fan de cualquier tipo de tecnología que se presente delante de mí.

Desde los jueguitos de la Play hasta esas aplicaciones inútiles de los iPhones o Android. ¿Se acuerda de esas apps que contaban los pasos? Sí, hubo una época, en 2015, que éramos tan sedentarios, que debíamos enumerar los metros que caminábamos para imponernos ir al baño saliendo por el lado contrario de la oficina. ¡20 pasos más son 20 pasos más!

Usted dirá, amigo de 2045, que he desaprovechado el tiempo. Que quizá me convenía preguntarle por los avances científicos, por el crecimiento de la expectativa de vida, o por el hecho de que ustedes ya son tan inteligentes que el uso de la pirotecnia o de cualquier vehículo no eléctrico les resulta casi tan bárbaro como las prácticas medievales de vestir fajas que comprimían las costillas o capar a parte de la servidumbre.

En ese sentido, aquí tengo dudas genuinas y más adultas: ¿alguna vez alguien que apostó al dólar perdió? ¿Estábamos condenados al éxito? ¿Messi nos dio lo que alguna vez el Diego? ¿La Argentina es ya la potencia que nos merecemos y que el complot universal nos ha negado durante años? ¿Nos sacamos de encima el "roba pero hace" o "si puedo zafar, zafo"?

Pero deje, no emita palabra y ni siquiera se gaste en mandarme un Whatsapp holográfico... En 2015 no éramos tan giles como ustedes creen allá en ese 2045 tan moderno que tienen. Éramos muy parecidos a ustedes, con los mismos sueños, con menos experiencias y con algunas certezas. La más fuerte de ellas es que cada generación se debe hacer cargo de responder sus propias preguntas. Los del futuro están muy ocupados en su futuro como para darle un poco de bolilla a los plomos del pasado.

Por Leonardo Rearte - [email protected]

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