sábado 8 de mayo de2021

Miguel López presentó su último disco “Mi lágrima número 100″
Luego de tocar por más de una década en el cuarteto del Tata Cedrón, Miguel continuo su camino solo y lanzó su último disco "Mi lágrima número 100".
Espectáculos

Miguel López presentó su último disco “Mi lágrima número 100″

El músico mendocino recopila 6 canciones donde el tango y el rock se fusionan de una forma magistral. Cuenta sobre su nuevo trabajo y recuerda su camino con el bandoneón junto al Tata Cedrón.

Miguel López presentó su último disco “Mi lágrima número 100″
Luego de tocar por más de una década en el cuarteto del Tata Cedrón, Miguel continuo su camino solo y lanzó su último disco "Mi lágrima número 100".

A sus 41 años Miguel López ha recorrido mucho. Desde muy joven y por influencias de su abuelo materno encontró su pasión por la música y fue donde sembró gran parte de sus talentos. Hoy, más de 20 años después desde que comenzó aquel camino con el bandoneón, presenta un nuevo disco donde recopila canciones que lo marcaron y acompañaron durante un largo tiempo.

“Mi lágrima número 100″, ya disponible en Spotify y titulado así por la canción de Sandro que también forma parte de este disco, es un conjunto de seis temas donde ambas pasiones de Miguel se encuentran en sintonía: el rock de la guitarra y el tango del bandoneón.

“Este disco viene a ser una parte de reversiones de canciones de otros artistas como Sandro, Gildardo Montoya, y otra parte con temas propios. El disco tiene un color siempre mezclado entre el tango y el rock. Las canciones van apareciendo, se van cruzando –cuenta Miguel - Mi lágrima número 100 de Sandro la conocí porque había una disquería cerca de mi casa y ahí encontré el casete de Sandro. Lo que me gusta de eso es que siempre uno va encontrando el repertorio que no esperas, cuando escuche ese tema fue un temazo y no me pareció que estuviera tan tocado.”

Este disco surge producto de su dúo con Mikio Higa, su compañero durante algún tiempo que luego decidió continuar su carrera en Japón. “Tenía una banda con Mikio Higa que es un músico hijo de japoneses, fue alumno mío, empezamos a tocar juntos, hicimos unas cuantas presentaciones antes de que apareciera todo esto. A fines de 2019 él se fue a Japón a laburar así que antes le dije que grabáramos lo que habíamos hecho.”

Fue así que entre canción y canción, fue naciendo este trabajo que mezcla sus dos caras más opuestas. Una de las características principales de Miguel, quien compartió varios años junto al cuarteto del Tata Cedrón, es su manera de entrelazar el tango y el rock de una forma magistral.

Claro está, ambos géneros habitan en él e inconscientemente se encuentran alojados en sus canciones. “Lo rockero viene completamente de lo generacional, yo crecí escuchando eso y desde chico fue la música de mi época, por lo menos para un músico siempre hay que reconocer la música de la época en la que estas, el rock es completamente medular para mí. Y el tango aparece en mi adolescencia también, empiezo a tocar el bandoneón a los 18 años y tiene que ver con la figura de mi abuelo materno, su figura me representa mucho, a él le gustaba mucho el tango y uno hace una especie de ligazón con eso”, relata.

Miguel López: de Mendoza al mundo

Si bien sus raíces se gestaron aquí, fue su gran salto a aventurarse en la música quienes nutrieron a este artista. El primer acercamiento se debió a su abuelo, que aunque no tuvo oportunidad de apreciar las obras de Miguel, fue el gran impulsor de su pasión por el tango.

“El bandoneón aparece bastante después de la muerte de mi abuelo, apareció el tango en mi vida y como toda mi generación escuche mucho a Piazzolla al principio, me voló la cabeza. A los 21 conocí al Cuarteto Cedrón que me pareció increíble y tuve el placer de tocar con ellos. Fui conociendo cosas, siempre me cruce con discos de tango y me gustaba mucho el instrumento, tuve la suerte de poder conseguirlo.”

El Tata Cedrón fue su gran compañero, pero hubo un músico que lo impulsó a dar sus grandes pasos. Aníbal Appiolaza lo adoptó como su aprendiz y fue prácticamente su creador, quien lo acompaño en sus inicios.

“Yo no conocía mucho sobre las orquestas y lo que había sido el tango en Mendoza cuando aprendí a tocar el bandoneón, la última vez que toco en vivo Aníbal lo fui a ver y empecé a conocer todo ese mundo. Fui a escucharlo y le dije directamente que quería tomar clases con él, tuvimos una relación muy linda de maestro-discípulo, estuvimos dos años. Recién empezaba, realmente todos mis primeros años fueron con él, después de él no volví a tener maestros, quise volver a estudiar pero nunca pude, así que siempre seguí tocando y aprendiendo de manera autodidacta.”

Miguel con su bandoneón junto al Tata Cedrón.

-Appiolaza fue tu gran maestro, pero también fueron clave tus años con el Tata. ¿Qué pensas que le dio a tu carrera?

-Todo, el Tata para mi es el referente número uno tanto en el tango como en la música, estar tantos años con él y además nunca pude estar tantos años en un grupo musical. Toque 11 años con el y fue una marca muy fuerte, pude tomar un montón de cosas, fue muy bueno, fue duro, en 11 años pasas por miles de cosas. Todo lo que yo hago esta completamente marcado por el, yo conocí su música a los 20 años y a los 27 lo conocí, toque hasta hace 3 años atrás. Me siento completamente Cedroniano, tengo su marca en la manera de tocar, lo que busco, lo que me gusta.

-En tu primera gira con él tuvieron un accidente, ¿pensaste en abandonar?

-En la primera gira que hacíamos en Europa nos accidentamos en la ruta, mi mano quedo media jodida y fue una marca media tremenda. El Tata siempre dice ‘obligado cualquiera pelea’, y es así, no podía hacer mucho más que volver, pensé miles de cosas pero frente a lo peor había que salir y bancarlo. Por suerte no fue algo tan jodido, la mano me funciona bien para lo que yo necesito, fue una marca que tuvimos.

-¿Cómo fue definir ese perfil donde el bandoneón y la guitarra son protagonistas?

-Creo que eso nos pertenece como a toda mi generación, toda la generación de los ’90 o 2000 que hicimos tango. Me di cuenta que pertenecía a toda una fauna que ya crecía, uno es hijo de su generación y es algo que hacen muchos. Allá en Mendoza la Vicky Raimondo, Elbi Olalla, era algo que se venía hablando esto de juntar los dos mundos. El tango clásico nunca lo podes terminar de apropiar, en algún momento necesitas traerlo a tu propia época, y nosotros no crecimos con el tango. Es lógico que necesitemos apropiarnos del lenguaje. Ya en el momento en que te pones a componer lo fusionas con algo más, a mí ya no me sale componer un tema puramente tanguero.

-Dicen por ahí que sos desordenado para escribir, ¿es así?

-Soy desordenado para todo, hay épocas en las que no hago nada, otras en las que hago mucho más. No tengo un proceso de composición, últimamente l que hago es dedicarme a escribir una especie de diario, pero musicalmente voy haciendo cuando va saliendo, tiene que ver con el momento en que estoy, la vida del músico tiene muchos altibajos.

-Venias trabajando en el disco que presentaste a fin de año, ¿Cómo te enganchó la cuarentena?

-Empecé bien porque ya antes de la cuarentena venia sin tocar ni tenía mucho interés por tocar. Lo que hice fue hacer un pequeño disco de música instrumental y después estuve grabando, me dedique mucho a eso. Hice una serie que se llama Hermético Magnético, está en Youtube, son una serie de videos donde me filmo con aparatos y voy haciendo canciones, voy haciendo el proceso y me gusto mucho hacerlo.

-Y si ahora debemos volver a casa, ¿qué tenes en mente?

-Ahora estoy cerrando lo que estoy grabando nuevo, por ahora no tenemos pensado presentar el disco, por ahora no estoy tocando con nadie. No me acostumbro a esta cuestión de grabar de lejos, no descarto que pueda pasar pero por ahora estoy solo y la voy llevando bien, por ahora esta complicado presentar el disco ya que estoy muy lejos de la parte digital y del streaming. Más que el streaming lo que me gusta es grabar, esto que uno no puede hacer en vivo de grabar varias cosas a la vez, similar a lo que hice durante la cuarentena.