sábado 8 de agosto de 2020

Lisandro Aristimuño lanza su nuevo disco, "Criptograma".
Espectáculos

Lisandro Aristimuño: “los humanos estamos perdiendo las palabras”

Acaba de lanzar "Criptograma", un disco que marca un renacimiento artístico del cantautor oriundo de Río Negro. En una charla exclusiva, habla de su cuarentena al lado de su pequeña hija y de las singularidades de este álbum, el décimo en su carrera.

Lisandro Aristimuño lanza su nuevo disco, "Criptograma".

Si hay algo que extraña Lisandro Aristimuño en Buenos Aires es el horizonte. Esa es su nostalgia del sur. Si bien hace años que vive en la gran ciudad, hay cosas que extraña, y más en cuarentena. Aun así, se confiesa una persona solitaria. ¿Cambió el aislamiento algo de su rutina? Solo en lo social, revela del otro lado del teléfono. La vida del artista, afirma, tiene mucho de encierro, de estar puertas adentro.

Y el gusto es mayor si se cuenta, como él, con un estudio propio para destilar y efervescer ideas. De hecho, sorprendió a su público lanzando en plena pandemia “Criptograma”, que es su décimo álbum, grabado en su mayor parte en su estudio y editado por su sello, Viento Azul.

Llegó cuatro años después de “Constelaciones” y ocho después de “Mundo anfibio”, con diez canciones que, según manifiesta, contemplan un renacimiento en su creación. Quien le ponga play escuchará sombras y claroscuros. Confirmará la ternura excepcional de su voz, sus falsetes cristalinos y sus líricas que, como siempre, son tan visuales. Además, lo escuchará al lado de músicos notables, como Lito Vitale y Wos, el mago del freestyle.

Es que tener un estudio propio redefinió la hora de crear. Lisandro valora la libertad: “Libertad en todo, libertad en el tiempo”, dice sobre las sesiones. “A veces el estudio que alquilábamos cerraba a tal hora y nosotros recién estábamos entrando en calor, lo que hacía que surgiera una tensión entre todos. Había que tocar pensando en clavar, como si fuera un penal. Y ahora es jugar. Jugar en el estudio, como si fuera una cancha propia, y poder tener las ganas necesarias en el tiempo necesario”, explica.

-O sea que las canciones de este disco fueron naciendo antes de la cuarentena y llevan otro registro de tu vida...

-Hubo tres canciones que fueron hechas en este período. “Nido”, por ejemplo, que fue compuesta grabada en medio de la pandemia.Y después “Baguala 1”, que la grabé con el celular, que es la última. Yo estaba buscando un cierre del disco y me encantaba que el final fuera en soledad. Tenía unas grabaciones a capela grabadas con el celular y me pareció que iban de acuerdo con lo que está sucediendo.

-Vos sos de trabajar tus discos en torno a conceptos. ¿Hacia dónde vas con “Criptograma”?

-Como vos decÍs, me gusta laburar en torno a una temática, y este partió de mi incomodidad con el hecho de que los seres humanos nos estamos comunicando vía símbolos y emojis y estamos perdiendo las palabras. De ahí empecé a mirar, porque no es lo mismo que un amigo te mande una carita a que un hermano te pase la misma carita: es diferente, aunque el logo sea el mismo. Desde ahí empecé a pensar en cómo nos estamos comunicando y me pareció una situación re fuerte, porque la palabra se está dejando de lado: el poder charlar con la voz y mirándose a los ojos. Me dije que tenía que encontrar una palabra que pudiera expresar esto de la mejor manera. Una cosa me fue llevando a otra y llegué a esta palabra, que me pareció que era lo que intentaba decir. El criptograma es un mensaje oculto detrás de símbolos, así que me pareció adecuado el título para lo que quería transmitir.

-De alguna forma también te adelantaste un poco a una era, porque el mundo que se abre impone aun más despersonalización, parece...

-Espero que no, pero sí, eso parece. Para mí, en el oficio de ser músico siempre tenés que estar con las antenas paradas y viendo qué pasa socialmente. Cuando me pongo a crear, parto de lo social y lo político. No solo soy músico, sino que vivo la vida como cualquier persona. Todo eso me da a veces bronca, a veces amor, a veces tristeza… y lo canalizo del lado de la música…

-¿Ya has hecho algún streaming?

-No me siento cómodo con la tecnología todavía como para canalizar desde ese lugar. Creo que a todos los músicos nos gusta el hecho de compartir, de que esté el público y él genere una energía que haga parte del show. Todavía no estoy preparado para tocar delante de una pantalla. También me parece que todavía la tecnología no está tan buena como para que se haga un streaming sin que se corte o se tilde: no está a la par de poder expresarse fluidamente.

-¿Tu décimo disco te motivó para mirar para atrás en algún sentido?

-La verdad es que siempre estoy viendo el presente y el futuro. Mientras pueda, seguiré haciendo música y disco. Siempre por alguna cuestión me resulta revisar discos viejos, como “Mundo anfibio”, que lo sacamos en vinilo desde mi sello, y tuve que revisar los master, ver de qué lado del vinilo iba cada tema, etcétera... pero la verdad es que no soy de escuchar mis discos viejos, voy del presente para adelante..

-¿Y por qué decís que este disco es un renacimiento?

-Tiene que ver con algo artístico sobre todo. Sobre todo con el hecho de querer seguir probando cosas, porque soy bastante inquieto. Esto de tener mi propio estudio fue una especie de renacimiento, es como tener tu propia cancha de futbol y jugar ahí, tiene mucho con eso, hacer un disco desde mi nido, mi lugar. Me pareció que estaba bueno remarcarlo, porque el disco tiene mucho de eso, en el que se refleja el lugar en el que creo.

-Quizás salvo “Hoy no fue ayer”, una canción minimalista, el resto del disco merodea atmósferas oscuras y hasta oníricas, ¿a qué se debe?

-En este disco me puse más en primera persona en cuanto a las letras. En mi vida intento rescatar esa cosa que no se ve normalmente y es que toda persona también tiene una sombra. En la música, me gustaba la idea de poder mostrarlo. Me pareció que este disco, si hablaba de mí, tenía que tener eso, porque yo soy bastante así.

No es que sea depresivo o triste, pero también esa parte que tengo la valoro muchísimo para poder sonreír y ser feliz, porque es como el yin y el yang. Valoro mucho esa parte mía. Pensé que eso tenía que estar. No me gusta hacer música para filtrar todo lo malo, porque a veces escuchás música para eso. Quise reivindicar que todos tenemos nuestros momentos oscuros y malos, y es hermoso que se acepte eso de las personas, ¿no?

-¿Este disco contrasta con los anteriores?

-No creo, porque en los anteriores también hay mucho de eso... por lo que leí que dicen de mí, o las notas o las reflexiones que se hacen sobre mi música…

-Estaría bueno hablar de eso, ¿qué te parecen las cosas que se dicen sobre vos?

-Hay una melancolía siempre. Algunos lo asemejan con que soy del interior o del sur, y en el sur la soledad es muy importante, a la soledad la tenés que construir. La verdad es que yo hago lo que siento. Tengo mi propia productora y mi sello, así que no tengo ninguna presión de intentar ser agradable, de que venga un tipo de corbata y me diga que lo que hago es muy triste y que haga algo más pila. Yo hago lo que siento y lo que me gusta hacer. Y asi sale.

-Una de las mejores cosas del disco es la canción “Comen”, con Wos. ¿Cómo es tu relación con él?

-A Wos no lo conozco todavía personalmente. Su parte la grabamos en plena pandemia. Yo le envié la base y él cantó. Todavía no lo conozco mucho, pero hicimos algo que me encanta. Confirma que las generaciones y los estilos no son límites para crear.

-¿Qué rescatás de esta cuarentena? ¿Pudiste dedicarte a otras cosas además de la música?

-Sí, la verdad que sí. Con mi laburo, cuando estaba todo “normal”, giraba mucho y estaba mucho tiempo fuera de casa. Esta cuarentena me hizo reivindicar el amor con mi hija. Ahora estoy viviendo una relación con ella muy hermosa y muy fuerte. Tiene ocho años.

-¿Y cómo hablás con ella esta situación tan traumática?

-Creo que ella lo entiende más que yo, la tiene más clara. Para nosotros, los adultos, yo tengo 41, es mucho más fuerte. Me parece que los niños lo entienden mejor, porque los padres somos los que estamos más nerviosos, y con razón, porque pensamos en lo económico... en mi caso, no poder tocar y tener que pensar en otras variantes. Preocupados por todos, y también por la educación de ellos. Pero ellos lo entienden y mi hija es la que me da energía y me dice que no pasa nada y vamos para adelante.

Lisandro Aristimuño: “La música es como la Pachamama, si no le das no te devuelve”, dijo cuando estuvo sobre el escenario de la Fiesta de la Cosecha en Mendoza.

-¿Qué reflexión te despierta todo?

-Yo miro todo esto con optimismo. Primero y principal, creo que el mundo está descansando de nosotros, porque somos seres muy horribles, que destruimos todos. Hay que pensar en eso, en que la tierra está mejor sin tanto manipuleo y destrucción del animal que somos. Y lo veo positivo porque, en mi caso, mi relación con mi hija es mucho mejor. Puedo estar al lado de ella, ahora mi laburo no me impide estar con ella, jugar con ella, dibujar con ella… lo hacía antes, pero en cuotas, ahora es todo el tiempo. Pienso que cuando termine todo esto algo de nosotros va a cambiar, y para mejor. Es algo que estamos pasando todos, desde el menos al más poderoso, nos está pasando lo mismo. Hay una situación que nos iguala.

-¿Te entra nostalgia del sur?

-(ríe) Hace tiempo que vivo en Buenos Aires, y de hecho mi hijita es porteña, así que medio que ya lo tomé como mi nido. Pero siempre se extraña. Se extraña sobre todo el horizonte. Hoy por hoy, en algunas ciudades la gente se puede ver, mientras que acá todavía no. Salís a la esquina y hay un policía que te pregunta por qué saliste. Al ser la capital y haber mucha más población motiva que el control sea más fuerte. Tengo familia y amigos en el sur que me cuentan que están en la plaza tomando mate y me vuelvo loco. Pero es lo que me tocó. Acá sigo activo, sigo haciendo cosas, como sacar un disco.