La forma en que se respira al correr o hacer ejercicio suele quedar relegada frente a otros aspectos del entrenamiento, pero influye de manera directa en el rendimiento, la resistencia y la percepción del esfuerzo. Expertos sostienen que una gran parte de los corredores no alcanza su potencial por una técnica respiratoria deficiente.
Expertos sostienen que una gran parte de los corredores no alcanza su potencial por una técnica respiratoria deficiente.
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Por qué respirar mal afecta el rendimiento
El problema más frecuente es la respiración torácica. En este patrón, los hombros se elevan y el pecho se expande en cada inhalación, lo que limita el uso del diafragma. Esa restricción reduce la cantidad de oxígeno que ingresa en cada ciclo y genera tensión muscular innecesaria.
Como consecuencia, aparecen la fatiga prematura, la dificultad para mantener el ritmo y una sensación de esfuerzo mayor a la real. Según David Jackson, citado por Men’s Health, muchos corredores interpretan el jadeo como algo inevitable, cuando en realidad suele ser resultado de una técnica ineficiente.
Ejercicio verano
La respiración como habilidad entrenable
El enfoque propone entender la respiración como una capacidad que puede desarrollarse. Su mejora impacta en la postura, en la estabilidad del cuerpo y en la forma en que se transmite la fuerza al suelo al correr.
“Optimizar la respiración no consiste en obtener más aire, sino en utilizar el aire disponible de manera más eficiente”, explicó el entrenador. El objetivo es mantener el cuerpo relajado incluso bajo exigencia, evitando el gasto energético innecesario.
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Dos ejercicios para reeducar la mecánica respiratoria
Uno de los métodos centrales es la “respiración de cocodrilo“. Se realiza acostado boca abajo, con el cuerpo relajado. La inhalación se hace por la nariz, enfocándose en expandir el abdomen contra el suelo, y la exhalación también es nasal. Este ejercicio activa el diafragma y reduce la intervención de los músculos del pecho y el cuello. Repetir entre 10 y 15 ciclos antes de correr permite incorporar el patrón correcto.
El segundo ejercicio es la respiración sincronizada, que consiste en coordinar la respiración con la zancada. El esquema recomendado es 2:3: inhalar en dos pasos y exhalar en tres. Esta proporción extiende la exhalación y favorece un estado más relajado durante el esfuerzo. Para quienes recién comienzan, puede utilizarse un patrón 2:2 hasta adaptarse.
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Un cambio que impacta en todo el rendimiento
La sincronización entre respiración y movimiento mejora la eficiencia y evita el descontrol que suele aparecer al aumentar la intensidad. Con práctica constante, el cuerpo incorpora este patrón y reduce la necesidad de esfuerzo adicional.