13 de mayo de 2018 - 00:00

Estados Unidos y China, ¿más parecidos de lo que quisiéramos? - Por Thomas L. Friedman

Según el autor, son impresionantes las similitudes entre el presidente de los EEUU y el de China.

Estos días es imposible visitar China y no comparar y contrastar el drama que se desarrolla en la política de Pekín con el de la política de Washington.

Aunque hay muchas diferencias, lamento informarte que algunos de los paralelos se están acercando demasiado para nuestro gusto.

Comencemos con el hecho de que en China las severas medidas anticorrupción del presidente Xi Jinping han creado un clima de miedo en estos días, ya sea a interactuar con extranjeros, a decir algo equivocado o a comportarse de una forma tan derrochadora que pudiera atraer a los detectives "anticorrupción" del Estado.

Sin embargo, puesto que no se ha definido con claridad qué es "corrupción" -y se puede utilizar para deshacerse de cualquiera por una razón arbitraria-, la gente no sabe dónde está la línea, así que toman precauciones adicionales.

Por esta razón, durante semanas, la expresión más frecuente que escuché en Pekín fue la siguiente: "No me estás citando, ¿verdad?".

No obstante, si los chinos temen hablar entre ellos, en Estados Unidos hemos olvidado cómo hablar entre nosotros.

En Washington, no es poco común que en estos días cuando la gente recibe una invitación a cenas o reuniones públicas piense para sus adentros:

"Espero que no esté ninguno de ellos". Y los "ellos" en los que piensan no son personas de una raza o fe diferentes -lo cual sería de por sí espantoso-, sino que simplemente es alguien de otro partido político.

En otras palabras, tanto en Pekín como en Washington, la autocensura, y morderse la lengua, es más habitual ahora de lo que había sido jamás…   pero por razones distintas. En Pekín es para no ser arrestado. En Washington es para no pelearte. En ambos casos, sin embargo, el resultado es que hay menos gente hablando con la verdad en términos ideológicos.

Al mismo tiempo, en la actualidad en China, si eres funcionario del Partido Comunista o burócrata con un cargo alto, debes acatar los dictados del partido en el poder o puedes ser purgado o encarcelado con rapidez. En la actualidad en Estados Unidos, si eres congresista o senador del Partido Republicano también debes acatar los dictados del partido en el poder o puedes ser purgado o podrían desafiar tu puesto en las primarias... o recibir un tuit en la nuca de parte del presidente.

No obstante, hay una diferencia: en el partido que gobierna en China, el Partido Comunista, nunca es seguro criticar al presidente. En el partido que gobierna en Estados Unidos, el Partido Republicano, puedes criticar al presidente, o votar a conciencia, si estás muriendo, si te estás jubilando o si estás murmurando.

O, como lo mencionó en su nuevo libro un agonizante senador John McCain: "Este es mi último periodo… Soy más libre que algunos colegas que se enfrentarán de nuevo a los votantes. Puedo decir lo que quiera sin temer mucho a las consecuencias. Y puedo votar a conciencia sin preocupaciones".

El gobierno chino no dudaría en desplegar propaganda para apoyar al gobierno o defender los intereses de China, sin importar si los hechos son verdaderos o no. Sucede lo mismo con Donald Trump y su Casa Blanca. La semana pasada, The Washington Post informó: "En los 466 días desde que asumió el cargo, el presidente Trump ha realizado 3.001 declaraciones falsas o engañosas, según la base de datos de The Fact Checker que analiza, categoriza y monitorea cada comentario sospechoso que hace el presidente. En promedio, son 6,5 declaraciones por día".

Sospecho que el presidente Xi tiene un promedio mucho más alto que Trump al momento de decir la verdad en declaraciones públicas.

Sin embargo, no se puede distinguir entre la adulación y la falta de escepticismo con las que la Televisión Central de China cubre a Xi y la adulación y la falta de escepticismo de "Fox & Friends" y Sean Hannity cuando hablan de Trump.

Tal vez esta sea una razón que explique por qué cada vez más chinos no creen que somos una nación tan "excepcional" como suponemos, y ahora están listos para decirlo en voz alta. Quedé sorprendido de cuántos funcionarios y expertos que asistieron a un seminario de la Universidad Tsinghua al que también fui me decían sin rodeos que su sistema de gobierno de un partido y su capitalismo encabezado por el Estado eran superiores a nuestro sistema de libre mercado, democrático y multipartidista.

Y las dos grandes evidencias que siempre citaron eran que ellos nunca atravesaron el tipo de crisis económica que nosotros experimentamos en 2008, y que su sistema nunca toleró a un líder tan indisciplinado, deshonesto e inestable como Donald Trump (al menos no desde Mao).

Al respecto, solía defenderme ante mis interlocutores chinos con el argumento de que fueran más humildes y precavidos sobre lo que podría deparar el futuro.

En su sistema, en el que las medidas provienen de un partido y un hombre, se pueden tomar decisiones importantes y con prontitud. Pero también se pueden tomar decisiones equivocadas con la misma rapidez.

Por ejemplo, en febrero, Bloomberg News informó: "En 2008, la deuda total de China era cercana al 141 por ciento de su producto interno bruto. A mediados de 2017, esa cifra había alcanzado el 256 por ciento. Los países que se echan encima una cantidad tan alta de deuda en un periodo tan corto suelen enfrentar un aterrizaje de emergencia".

No obstante, Xi y el Partido Comunista Chino al menos estimularon su economía para evitar una verdadera crisis económica…  para ellos y el mundo. Trump y su Partido Republicano acaban de añadir 1,5 billones de dólares a la deuda de Estados Unidos para pagar los recortes fiscales a los negocios e individuos en una época en la que nuestra economía ya iba en ascenso. Trump lo hizo a sabiendas de que él estaría presente para adjudicarse el crédito de cualquier auge…  y se habrá ido hace mucho tiempo cuando tengamos que apretarnos el cinturón todo lo que sea necesario para que esos intereses sobre la deuda no devoren todo nuestro gasto no relacionado con la defensa y se produzca un colapso.

En contraste, los chinos están preparados para sacrificarse con el fin de hacer que China sea grandiosa de nuevo. Trump quiere hacer que Estados Unidos sea grandioso de nuevo sin pedirnos que hagamos nada difícil, solo recortar los impuestos y regulaciones para los ricos y las corporaciones, mantener bombeando combustibles fósiles y no invertir en los bienes públicos como la educación y la infraestructura, los cuales han sido los verdaderos motores del resurgimiento de China.

La política internacional de China siempre ha sido transaccional, al decir a sus vecinos: "dennos acceso a sus mercados y les construiremos su infraestructura, la cual podemos usar los dos…  después seremos aliados". La política internacional de Estados Unidos, aunque siempre ha tenido su lado cínico y transaccional, en especial durante la Guerra Fría, ha tendido más hacia: "comparte nuestros valores y después podemos ser aliados".

Sin embargo, es evidente que Trump quiere que actuemos más como China: "no me muestren sus valores. Muéstrenme su dinero y sus compras de armas. No me consideren su aliado. Piensen que soy su casero. Paguen nuestra protección y podemos ser amigos".

Afortunadamente, por ahora, sigue habiendo una gran diferencia: mientras Xi ha amedrentado a sus medios informativos, Trump, a pesar de todos sus esfuerzos por desacreditar nuestra prensa libre, en realidad ha terminado por fortalecerlos. Dejando de lado a Fox, nunca habían sido más combativos. Y mientras las instituciones y el Estado de derecho en China siempre han tenido un control débil sobre sus líderes, las instituciones creadas hace más de 250 años en Estados Unidos siguen limitando a Trump…  por ahora.

No obstante, tendrán que aguantar al menos dos años y medio más, y no será fácil con un presidente como Trump, quien por supuesto no bromeó al 100 por ciento cuando se refirió al presidente Xi en marzo: "Presidente de por vida…  creo que es genial. Tal vez nosotros queramos intentarlo algún día".

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