"Una Clase Especial": El desopilante duelo actoral de Damian De Santo y Martín Seefeld

La aclamada comedia llega el próximo sábado al Teatro Plaza, con una obra hilarante y reflexiva acerca del amor y las relaciones. Entrevista a Damián De Santo

Como parte de una ambiciosa gira nacional, llega “Una Clase Especial”, la obra protagonizada por Martín Seefeld y Damián De Santo, que se presenta el próximo sábado, 14 de junio, en el Teatro Plaza, con entradas disponibles en entradaweb.com.ar y en la boletería del teatro.

Además, los días previos se estarán presentando en distintos puntos de la provincia. El miércoles 11 de Junio, en el Teatro Lafalla, de General Alvear; el jueves 12 de Junio, en el Auditorio Excelsior, San Rafael; el 13 de Junio, en el Cine Teatro Real, de San Carlos.

La propuesta de Daniel Dátola es un viaje hilarante y a la vez profundo por las complejidades de las relaciones humanas, la búsqueda del amor y los laberintos de la mente masculina. En "Una Clase Especial", el público será testigo de un encuentro singular entre dos hombres aparentemente opuestos, pero que, a lo largo de una supuesta "clase de seducción", descubrirán más de lo que esperaban sobre sí mismos y sobre el enigmático arte de la conquista.

Damian De Santo y Martín Seefeld

Leo y Lalo: Un Duelo de Personalidades en Escena

El epicentro de la trama es la relación que se establece entre Leo y Lalo, encarnados por Martín Seefeld y Damián De Santo, respectivamente. Seefeld, con su reconocida versatilidad actoral y carisma, se pone en la piel de Leo, un seductor empedernido, galán por naturaleza, mujeriego y autoproclamado "rey de la conquista". Necesitado de dinero, Leo decide capitalizar su experiencia en el arte de la seducción ofreciendo clases personalizadas en su propio departamento. Su figura se construye como la de un manipulador nato, un maestro de la palabra y el gesto, que ve en su nuevo alumno una oportunidad fácil de obtener ganancias.

Del otro lado del ring escénico se encuentra Lalo, interpretado por Damián De Santo. Lalo es un hombre introvertido, inseguro, fuera de época, que acaba de vivir el doloroso abandono de su esposa tras años de matrimonio. Desesperado por "volver al ruedo" y recuperar su vida sentimental, Lalo decide invertir en esta particular clase. A priori, Lalo parece ser la presa perfecta para el calculador Leo, un cordero a punto de ser esquilado por el lobo. Sin embargo, y para sorpresa del "maestro", Lalo resultará ser un hueso más difícil de roer de lo que imaginaba, un alumno que pondrá a prueba la paciencia y las estrategias de su mentor.

La elección de De Santo y Seefeld para estos roles es un acierto rotundo. Ambos actores poseen una química escénica probada y una capacidad innata para la comedia, sumado a una trayectoria que los ha consolidado como figuras de peso en la escena argentina.

En una charla con Damián De Santo, el actor se refirió a las complejidades de la obra, las relaciones de pareja y contó algunos detalles de su vida en las sierras cordobesas.

Damián De Santo

-No es común ver una obra con solo dos hombres en escena y es un rasgo distintivo de esta obra.

-No lo pensé eso, mira, te juro que no lo había analizado

-Vos interpretás a Lalo un hombre que busca reinventarse después de una separación dolorosa ¿Qué memorias emotivas buscaste para construir este personaje?

-Me regí mucho por el guión de Daniel Dátola, la dirección de Manuel González Gil, pero obviamente después de los 50 años te pasan un montón de cosas, que le pasaron también a Dátola: Después de los 50, en pareja, cuando el nido está vacío y por ahí no hay proyectos juntos. Nos toca vivir la vida y me parece que no está nada mal porque siempre uno tiene proyectos laborales por hacer, pero me parece que hay que frenar un poco y sentarse en la vereda de enfrente. Cuando no pasa esto en una pareja, pasa lo que pasa en la obra, que todo sorprende, y que termina como uno no se hubiese imaginado que terminen las relaciones, el enojo… bueno, la vida misma. Porque si uno si tiene una historia hermosa, ¿Por qué terminarla mal? Pero a veces hay que terminarla mal para cortar y después el tiempo ayuda a sanar y volver. Creo que por ahí es eso que me pega a mí a los 50, pero también la época del COVID ayudó un poco a ver una realidad en la que uno no estaba tan inmerso. Cuando laburamos todos los días y tenemos actividades, nos encontramos muy de vez en cuando, nos comunicamos vía telefónica o con mensajitos, es decir, no estamos el uno dedicándose al otro. Y lo que hizo la pandemia fue como resurgir, verse cada uno desde el entorno y preguntarse: “Y con esto qué hago? Si esto dura toda la vida, ¿qué hago?"

Damian De Santo y Martín Seefeld

-Es una comedia con un replanteo muy profundo y una resignificación de la pareja

-Es comedia hasta ahí nomás. Te vas a reír toda la obra, hasta un momento donde te comes un palazo ineludible, donde la obra hace un viraje y esta comedia se transforma en una realidad cruda, de de alcohol y carne. Sin piel.

-¿Estuviste 21 años sin hacer teatro?

-Es verdad, sí. Lo último que hice fue “La cena de los tontos”.

-¿Y qué te motivó a volver?

-Lo que pasa es que me invadió la televisión, el cine un poco. Entonces, no podía hacerlo. De repente hacía una peli y una tira. ¿Dónde metía el teatro? Me muero. No hay tiempo. Empecé a decir: “Bueno, voy a hacer una cosa por año”. Antes hacía, por ahí, el primer semestre una peli y una tira, y después una obra de teatro y la tira. Entonces estaba bien, mi cuenta corriente estaba abultada, pero mi vida estaba vacía, tenía las mañanas y las noches ocupadas con el laburo. Cuando podía descansar sábado y domingo, tenía teatro. Entonces dije: “No, pará un poco”. Y después ya sabían que no quería y no me lo proponían.

Martín Seefeld

-¿Qué pasó cuando te propusieron Una Clase Especial?

-Me gustó la obra y volví al gustito del teatro. Estuve con los ensayos, me encantó el público, la devolución inmediata. Todos los días es una obra distinta. Si bien es la misma, es distinta. Dije: “Ay, qué ganas de hacer esto en gira”.

-Qué fue lo que más te gustó de esta obra?

-Lo que más me gustó es que no es una obra vacía en sí misma, como una comedia que no pasa nada. Creo que el final trajo a colación contar esta obra como una comedia, porque no vas a parar de reírte, pero después vas a salir y te vas a comer una picadita o te vas a ir a picotear algo y vas a hablar todo el mes de la obra.

-¿A todos les toca por igual?

-Sí. Totalmente, porque me pasa a mí arriba de escena, le pasa a Martín, le pasa al director. No es una autobiografía, pero tiene cuestiones que si no te pasó, te va a pasar o te está pasando. Aparte uno se empieza a replantear cómo vendrá la vida de los hijos porque está bueno también de alguna manera que los pibes vean que si uno está mal en la relación hay que hablarlo y si no se llevan bien, hay que soltar. Está bien una aprendizaje para ellos. Pero también está bueno pelear por lo que te parece que vale la pena. Ahí está la cuestión de esta obra de teatro.

-En un nuevo paradigma de las masculinidades, en donde hasta hace un tiempo el hombre se separaba por una mujer más joven, y la mujer, en general, quedaba enojada, frustrada y le costaba mucho más volver a formar pareja, ¿Esta obra plantea algo diferente?

-Totalmente. Primero somos políticamente incorrectos, obviamente lo vamos a hacer, pero hay un desarrollo de la obra muy fino, nada es lo que parece en la obra, nada es confiable.

-Son dos actorazos ¿Cómo trabajaron con Martin?

-Yo soy mucho mejor que él (se ríe). Martín y yo somos amigos hace 30 años o más y la verdad que fue muy simple porque nosotros nos queremos mucho, somos muy respetuosos uno del otro y somos dadores, tenemos esa personalidad. Si bien somos dos tipos totalmente distintos, como laburamos y todo es muy meticuloso. Él es Escorpio, ascendente Leo, es detallista. Y yo no, soy más despreocupado, agarro un vaso para poner un ramo de flores. Así que nos compensamos. Pero los personajes son opuestos a lo que somos, así que tuvimos una búsqueda permanente, hasta nos llegamos a preguntar: “Estamos yendo bien”. Cuando uno se pregunta eso quiere decir que todavía hay para elaborar. Y en el estreno nos dimos cuenta que cada paso que fuimos dando acompañados del director, fue preciso. Nosotros no teníamos pensado que la gente se iba a reir tanto. Hemos escuchado gente de la primera fila diciendo, “¡Basta, por favor, chicos, basta! No puedo respirar.” Y eso para nosotros es haber ganado.

Damián De Santo

-¿Vivís en Córdoba lejos del ruido porteño?

-Hace 22 años que vivo en Córdoba. Eso también me complicó, porque si hacía una gira y después tenía que quedarme a hacer las funciones, yo me volvía los fines de semana a casa, tener un cable a tierra.

-Cómo pasas de administrar cabañas a los escenarios?

- Soy electricista, plomero, fontanero, soy todo ahí. Hago las compras, soy el de mantenimiento.

-¿La gente de la zona ya se acostumbró o todavía te piden autógrafos?

-No me piden nada. O sea, me piden que me corra a un costado. Me dicen: “Dejá de hablar, negro. Yo tengo que llevar los huevos a las casas”.

Martín Seefeld

Más Allá de la Comedia: Reflexiones sobre el Amor y la Venganza

Si bien "Una Clase Especial" se enmarca dentro del género de la comedia, la obra de Daniel Dátola va mucho más allá de la mera risa. A lo largo de esta peculiar clase, alumno y maestro se adentrarán en temas profundos y universales como el engaño, el abandono, la venganza y, por supuesto, las relaciones humanas en todas sus complejidades. La obra explora los recovecos de la mente masculina, desmitificando ciertos patrones y exponiendo las vulnerabilidades detrás de las máscaras que a menudo se utilizan en el juego del amor.

La dinámica entre Leo y Lalo, que comienza con una clara jerarquía de maestro y alumno, irá desdibujándose a medida que la trama avanza. Un giro inesperado, provocado por una llamada telefónica que altera por completo el panorama, invierte los roles de manera sorprendente. De repente, el alumno supera al maestro, y la comedia crece en intensidad, desatando un torbellino de enredos y situaciones impredecibles. Este quiebre en la trama es uno de los puntos fuertes de la obra, manteniendo al espectador atento y expectante ante cada nuevo desarrollo.

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