26 de julio de 2026 - 13:42

Serú Girán en Mendoza: "Sentimos esta provincia como nuestro hogar"

Un recital inolvidable, con las grandes canciones de la banda mítica argentina. Por qué David Lebón y Pedro Aznar remarcaron su profunda relación con los mendocinos y las claves de uno de los shows más importantes del año del rock nacional. Recorremos la historia de estos músicos, aquí cerca.

1. Las primeras palabras de David Lebón en el recital de Serú Girán del sábado fueron enmarcadas con una sonrisa. “Hola mendocinos, ¿ustedes se acuerdan que yo viví aquí 12 años? Yo también siento a Mendoza como hogar”.

Me acuerdo.

“Acompañame a la Plaza de Chacras, aquí cerca”, me dijo en pleno 2002. Estaba contento, sobre un bello y antiguo sillón, en el aireado comedor de la casona que vivía. Siempre profundo, intenso y con ese tono unísono del habla que es tan distinto a su cantar resonante. Que va de palo a palo. De polo a polo. En el paseo sacó algo de plata del cajero porque tenía que pagar la cena con su joven mujer mendocina y la madre de ella. Y después, volvimos despacio a su hogar, cerca de la Fábrica Casale, y seguimos con su entrevista para el diario. Fue un momento intenso, tranquilo, entre tanta anécdota histórica sonora (y de las otras también, contó en detalle cómo sufrió el horrendo proceso militar en carne propia), hasta que David me dijo como al pasar: “¡Uy! Me olvidé la tarjeta puesta en la máquina”. Volvimos al banco. Nadie se llevó su plástico, la dejaron sobre el cajero automático un par de horas. Mendoza lo ama, y lo respeta, pensé. Como lo viví ayer cuando cantó junto a Aznar, al comienzo del que considero el recital del año. Por ellos, por Serú, por cómo esta banda descifraba y descifra los sentimientos profundos de un país.

2. David y Pedro Aznar comenzaron puntuales su recital dedicado enteramente a Serú. Obras maestras que tocaron con la sapiencia de respetar la química original de las canciones más que históricas, míticas. Por supuesto hubo versiones originales de “Nos veremos otra vez” o “Mundo agradable”; y tamices imborrables (por la intensidad) de clásicos firmados por Charly como “Cinema varieté” y “Desarma y Sangra”; y pura energía en creaciones que les enseñaron a los argentinos, allá lejos y hace tiempo qué es un hit perenne: “No llores por mí Argentina” y “Seminare”.

El Stadium del Arena Maipú estaba repleto, lo que obligó a programar una nueva función, el 12 de noviembre.

Pedro fue el responsable artístico de este concierto de dos horas, que buscó respetar el núcleo de estas creaciones: bajo en lo alto, guitarras que extienden el valor sonoro y el canto limpio, a tope, con los ojos cerrados. Porque con los ojos cerrados, te ven mejor.

“Lo particular del bajo en Serú Girán es que es la herramienta de un compositor/arreglador para pintar la música de los colores que a él le gustaría oír. Era, además de un bajo, un violoncello, un trombón, una orquesta de cuerdas, una voz más. Así lo concebía yo”, recuerdo que alguna vez en una entrevista me deslizó Aznar. Otra vez, se confirmó en el reciente recital.

3. Pedro siempre fue el joven; pero quizá el más adulto de Serú. El que tenía claro cómo edificar las canciones para que sonaran globales. Y redondas, además.

Resumir su historia no es fácil. Aquí el mediocre intento: fue un bebé que le daba con un palito a las sartenes y a las ollas; luego un niño que desarmaba tocadiscos buscando la quintaesencia de la música en las entrañas de ese artefacto mágico; y también el adolescente que se sumó a una "bandita" que se llamaría Serú Girán. Tenía 18 años cuando se subió a una camioneta, con Oscar Moro, rumbo al Aeropuerto que los llevaría a Brasil; desde Buzios, García y Lebón los habían mandado a llamar para armar “algo nuevo”. Y él va a donde lo quieren. Tras el huracán Serú, fue el mejor socio que tuvo Charly, un buen amigo de Spinetta, y como un hijo para Mercedes Sosa. Desde 1993 decidió "ser solista" y nada más. Hoy es un “viejo músico” con cara de joven. Esto me dijo, sonriendo, tras la pregunta, cómo hace para que no le pasen los años. “Soy un tipo feliz -respondió-. Tengo una linda familia, un puñado de amigos hermosos, hago lo que más me gusta, y me reinvento todo el tiempo con nuevos intereses y entusiasmos. Creo en que hacerle bien a los demás y sumarle belleza a sus vidas refleja ese bien sobre la propia. Ah, ¡y tengo un gran peluquero!”

4. En el marco del recital de este finde, Aznar comentó que hace años se dedica también al vino mendocino. Que es parte de esta parte del mundo (“yo también siento a Mendoza como mi hogar le retrucó a su amigo David). Y para subrayarlo, en cada canción, dejaron todo. Y el público se lo agradeció a aplauso tendido, de pie. Y de paso también le cantaron el feliz cumple, porque el 23 de julio arribó Pedro a los 67 años.

En el escenario latieron los dos, y estuvo presente el espíritu manifiesto de Charly, de Oscar Moro a quien homenajearon y la gente también vitoreó. Descubrimos una vez más por qué Serú fue y es el más grande del rock nacional. Por qué en “Grasa de las capitales”, en “Canción de Alicia en el país”, se traducen cómo somos, adónde nos llevaron y a dónde siempre los argentinos queremos ir. Las vías. Las rutas. El mar. Cantar con el corazón, la verdad. Clavando miradas, elevando los sentimientos. Hicieron que gran parte de la platea llore, a sabiendas de que se estaba en lo hondo de un momento histórico. Histórico no por viejo. Por lo trascendente. Por la fuerza de esas narraciones melódicas que nos atraviesan.

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