Ramiro Navarro no es un productor más. Aunque se formó en la realización tradicional de películas, documentales y comerciales, desde hace años viene cultivando un perfil paralelo, casi secreto, que hoy toma protagonismo: el de un apasionado por la tecnología y la inteligencia artificial. “Mi lado B siempre fue el tema de la tecnología”, confiesa en Aconcagua Radio.
Desde 2014, comenzó a experimentar con IA como hobby. Hoy, ese hobby se transformó en un negocio millonario que está cambiando las reglas del juego en la industria audiovisual. En una entrevista distendida mientras compartía “una mañana en cocina con mate y tortilla”, ya que su vuelo a México había sido cancelado. Iba a presentar un nuevo proyecto cinematográfico 100% generado con inteligencia artificial. “Si esto en 10 segundos me hizo una imagen y en cine un segundo son 24 fotogramas, ¿cuánto va a tardar en hacer un video? ¿Y una película? Saqué los cálculos y dije: la industria tiene los días contados”.
Esa reflexión fue el puntapié para fundar su propia unidad de inteligencia artificial, que este año cumple su primer aniversario. Y el crecimiento fue exponencial. “Un fondo inversor mexicano-americano compró un 20% de esta startup”, cuenta. Con ese apoyo, lograron lanzar la producción de su primera película íntegramente realizada con inteligencia artificial, con “actores famosos, directores famosos, pero ya dirigiendo desde la computadora”.
El concepto suena futurista, pero Navarro es categórico: “Estamos trabajando mucho, gracias a Dios. Es una nueva era. En nuestra industria es muy diferente a cualquier otra: vos escribís un texto y aparece una imagen, un personaje, una escena. En otras industrias no pasa eso”.
Aunque algunas producciones ya están hechas totalmente con IA, muchas otras adoptan un modelo híbrido. “Estoy involucrado en dos o tres películas más en las que filmás la mitad y después recreás lo demás con inteligencia artificial. Imaginate esto para todo lo que es cine de época. Los presupuestos que se ahorran y el crecimiento artístico que tienen las películas es impresionante”.
Además del ahorro, Navarro plantea una democratización del acceso a producciones de alto nivel. “Muchos creadores van a poder hacer películas mil veces más grandes de lo que un presupuesto habitual permitía”, señala. Pero, como todo cambio profundo, también genera resistencias. “La primera pregunta que surge es: ¿cuántos puestos de trabajo estás eliminando con esto?”, reconoce.
Sin embargo, Navarro tiene una mirada optimista y basada en datos históricos: “En cualquier revolución tecnológica, duplicás o triplicás los puestos de trabajo respecto a la tecnología anterior. Acá aparecen nuevas formas de producir, de crear, de trabajar”.
Pero la velocidad del cambio es vertiginosa. “En otros momentos, la transferencia de tecnología tardaba años. Hoy hablamos de semanas o meses. Lo que antes hacías con un equipo de 200 personas, ahora lo hacés con cinco o seis”, explica. Por eso, considera inevitable que sindicatos y legislaciones deban adaptarse rápidamente.
Aun así, no pierde de vista la ética. “Nosotros como empresa tenemos una ley de moral y ética. Tratamos de incluir a la mayor cantidad de gente en cada decisión. No me olvido de dónde vengo, ni quiero dejar de hacerlo. No quiero transformarme en una fotocopiadora industrial”.
Navarro cree que, paradójicamente, el valor humano cobrará más protagonismo en este nuevo paradigma. “Vamos a llegar a un nivel de tal grado de fotocopia, con tecnología accesible y de alta calidad a bajo costo, que lo diferencial será la mano humana. Va a ser extremadamente valioso contar con un equipo artístico de primer nivel”, afirma.
El productor también se refirió al impacto de la IA en otras áreas, como el trabajo de los locutores. “Podés entrenar tu voz y estar mil veces al mismo tiempo ofreciendo tu servicio. No te saca trabajo, lo amplifica. El que pierde acá es el estudio de grabación, no el locutor. Es una herramienta más”, asegura.
La revolución está en marcha. Ramiro Navarro, desde Mendoza y con la mirada puesta en el mundo, está convencido de que se trata de una oportunidad para evolucionar. “Siempre trato de pensar las cosas de uno o dos años para adelante. Esto recién empieza. Estamos haciendo camino al andar”, concluye.
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