Peter Ostrum protagonizó Un mundo de fantasía en 1971, convirtiéndose en el niño más famoso del planeta como el pequeño Charlie Bucket en Willy Wonka. Pese a tener el éxito asegurado tras ser elegido entre cientos de niños, rechazó un contrato para dedicarse a su verdadera pasión. Hoy, tras tres décadas como veterinario, sigue vinculado al cine de forma curiosa.
La experiencia de rodar junto a Gene Wilder fue positiva para el joven actor de doce años, pero marcó el final de su paso por la industria. Aunque el estudio le ofreció un contrato para realizar tres películas adicionales, Ostrum decidió no firmar porque sentía que aquello limitaría su capacidad de elegir su propio camino. Tras algunas audiciones fallidas en teatro y cine, su interés por la actuación terminó de desvanecerse para dar lugar a una vocación más profunda.
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La vocación animal que superó las promesas de Hollywood
La razón de este cambio radical se encuentra en la infancia de Ostrum y su contacto directo con la naturaleza. Durante su adolescencia, desarrolló una gran admiración por el hombre que se encargaba de cuidar a los caballos de su familia. Esa curiosidad por la medicina animal y el deseo de tener una profesión con un impacto tangible en la salud de los seres vivos lo motivaron a estudiar veterinaria. Para él, la autenticidad del campo y el quirófano animal resultaba mucho más gratificante que la presión y la artificialidad que suelen rodear a los sets de rodaje en Hollywood.
Esta decisión lo llevó a ejercer la veterinaria durante casi 30 años, una carrera que desempeñó con éxito hasta su retiro definitivo en 2023. Durante gran parte de ese tiempo, prefirió mantener su pasado cinematográfico en un segundo plano, centrándose exclusivamente en su labor profesional y en el bienestar de los animales. Solo ocasionalmente, cuando enseñaba en universidades, compartía con sus alumnos algunas historias sobre cómo fue buscar el ticket dorado bajo la mirada de Willy Wonka.
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Un cheque trimestral por el ticket dorado de 1971
A pesar de que solo realizó una película en toda su vida, el estatus de clásico que alcanzó el film de Roald Dahl le permite mantener un vínculo económico constante con su infancia. Peter Ostrum sigue recibiendo regalías por su papel protagónico, aunque las cifras están lejos de las que manejan las estrellas actuales de la pantalla grande.
Cada tres meses, el exveterinario recibe un pago por derechos de imagen y distribución de la película:
El monto oscila regularmente entre los 10 y los 11 dólares por trimestre.
Es una cifra pequeña pero recurrente que se mantiene gracias a la vigencia del film.
Estos pagos son el resultado directo de haber interpretado al personaje principal.
Se trata del único ingreso que percibe de una industria que abandonó hace más de medio siglo.
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La historia de Ostrum es inusual en un contexto donde muchos niños actores sufren las consecuencias de una fama temprana y no deseada. Al elegir una profesión diferente, logró construir una vida basada en su propia pasión por los animales y la enseñanza, demostrando que el éxito no siempre se mide en alfombras rojas o contratos millonarios. Su retiro en 2023 cierra un ciclo profesional ejemplar, mientras que esos diez dólares trimestrales permanecen como un recordatorio simbólico de que, alguna vez, él fue el niño que encontró el tesoro en la fábrica de chocolate.