15 de junio de 2026 - 13:32

Pepe Cibrián vuelve a su propio mito: estrena una secuela de "Drácula" en el Circo Rodas

"Drácula", que cambió para siempre el musical argentino, ya tiene una secuela a cargo de Pepe Cibrián, ya sin la música de Ángel Mahler. Estrena esta semana en Buenos Aires.

A 35 años del estreno que cambió la historia del teatro musical argentino, Pepe Cibrián Campoy presenta "Drácula: Resurrección", una obra completamente nueva que deja atrás el legado musical de Ángel Mahler para abrir una nueva etapa. En una extensa entrevista a diario Clarín, reivindicó el impacto revolucionario del original, cuestionó la dependencia de Broadway y aseguró que el gran problema del género no está en los artistas sino en la falta de oportunidades para las producciones nacionales.

En 1991, "Drácula" no fue simplemente un éxito de taquilla: alteró el mapa del teatro musical argentino. Lo que comenzó como una apuesta arriesgada terminó convirtiéndose en un fenómeno popular que agotó funciones, recorrió escenarios de todo tipo y abrió un camino que, según su creador, todavía sigue marcando el pulso del género.

Treinta y cinco años después, Pepe Cibrián vuelve una historia situada tres décadas después de los hechos originales y concebida para funcionar de manera independiente. El estreno será este 19 de junio en una gran carpa instalada por el Circo Rodas en el Hipódromo de San Isidro (Buenos Aires), un espacio acondicionado como teatro con capacidad para 1.300 espectadores.

La idea de regresar al personaje, asegura, no nació de una búsqueda personal sino de una sugerencia inesperada. “Fue una idea de Cecilia Milone. A partir de ahí empecé a escribirlo rápidamente. Quien no haya visto la primera, la puede entender igual. Hay muchas segundas partes que fueron muy buenas, y creo que esta es una de ellas”.

La firma de Pepe Cibrián, pero sin Ángel Mahler

La nueva producción también marca un punto de inflexión por la ausencia de Ángel Mahler, histórico socio artístico de Cibrián y compositor de la música que convirtió a "Drácula" en un clásico. En su lugar aparece Pablo Flores Torres, con quien el director ya había trabajado anteriormente.

Lo conozco desde que arrancó. Ya trabajamos juntos. Es muy talentoso y le tengo absoluta confianza. Se adaptó al libro y estoy muy contento con el resultado”, afirma.

Lejos de buscar una continuidad estética con la obra original, Cibrián decidió romper deliberadamente con aquel lenguaje musical. “No, para nada. Porque es otra obra, otra época y otras circunstancias de la vida. Me encantó y me encanta haberlo hecho con Pablo”, responde cuando se le pregunta si intentó conservar el espíritu compositivo de Mahler.

El resultado, explica, se aleja de la impronta lírica que caracterizó buena parte de sus colaboraciones anteriores. “Es un estilo mucho más moderno, no es un estilo lírico, como otras obras mías. Es una obra más contemporánea, con un tipo de música más accesible. Sin embargo, no deja de tener grandes voces. Pero no es el estilo ‘operístico’ que tienen las que hicimos con Ángel de 'Drácula' en adelante”.

Incluso frente a la inevitable evocación de su antiguo compañero creativo, asegura haber transitado el proceso sin nostalgia. “Son momentos de la vida de cada uno que son importantes y que ahí están, para recordarlos”.

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Del Luna Park a una carpa

La elección de montar la obra dentro de una enorme carpa tampoco representa una excepción dentro de su trayectoria. Cibrián recuerda que tampoco imaginaba el destino que tendría la producción original cuando comenzó a buscar un teatro para estrenarla.

“En 1991 no soñaba con el Luna Park. Fui a ver a Tito Lectoure porque estaba buscando alguien que produzca 'Drácula' en un teatro, y fue su idea llevarlo ahí. Yo me asusté, pero él creyó en eso y apostó para que fuera un estadio”.

La nueva experiencia nació cuando los responsables del Circo Rodas le propusieron traer una estructura desde México y convertirla en un espacio teatral. “La gente de la empresa del Circo Rodas me llamó para ofrecerme traer una carpa de México y construir un teatro dentro de esa carpa con 1300 localidades. Y fue lo que se hizo. Es un mundo totalmente distinto y será muy mágico”.

Para él, sin embargo, el desafío técnico no supone una novedad. “Hace 30 años que hago estadios. Entonces me da lo mismo hacerlo en el Luna Park, en el Movistar Arena o en un teatro de 100 localidades. Tengo bastante conocimiento de lo que es el manejo de un escenario, de sus posibilidades y de lo que te da”.

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Competir contra sí mismo

Si existe una presión alrededor del regreso de "Drácula", no proviene de las expectativas del público sino del propio legado de su creador. “Nunca cumplo con lo que quiere nadie. Siempre escribo lo que a mí me gusta y espero que a los demás les guste. Acá, además, compito conmigo mismo”, sostiene.

También deja claro que no pretende replicar el éxito anterior ni contar la misma historia. “No se puede comparar con la anterior porque es otra historia. El único personaje que vuelve es el de Mina. Para 'Drácula' me basé en la novela. Acá me basé en mí”.

Cibrián tampoco evita las afirmaciones contundentes cuando analiza el estado actual del teatro musical argentino. Ante el crecimiento sostenido del género durante las últimas décadas, responde sin rodeos: “Todo eso es gracias a mí. 'Drácula' generó una pasión popular por el género, y a partir de ahí surgen las escuelas de teatro musical”.

Sin embargo, considera que el gran déficit sigue siendo la falta de espacio para las producciones nacionales dentro del circuito comercial. “Lo que lamentablemente no sucede es que los musicales argentinos trasciendan a un nivel más comercial, salvo los míos. Si vas al teatro alternativo ves genialidades, musicales y no musicales. Pero no les dan espacio. La realidad es que llenan el circuito comercial de musicales de afuera”.

A su juicio, existe además una fascinación cultural por todo lo extranjero que perjudica a los creadores locales. “Los argentinos somos muy particulares. Siempre vamos a ser un pueblo donde lo de afuera parece fascinante. En Buenos Aires todos piensan en Nueva York. Y en Nueva York piensan en Nueva York. Nos babeamos por lo extranjero incluso cuando no lo merece. Hay cosas muy buenas y muy malas afuera. Pero no por ser de afuera es bueno”.

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