Lo que prometía ser una de las noches más potentes del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, en Chile, terminó en un papelón histórico. Tras el show de Pet Shop Boys, la Quinta Vergara quedó prácticamente vacía antes del último espectáculo.
La segunda jornada del certamen repitió un patrón que ya había generado críticas en la apertura: el público comenzó a retirarse masivamente tras los números centrales y dejó al artista de cierre frente a un público visiblemente reducido.
El efecto dominó después de Pet Shop Boys
El plato fuerte de la noche fue el dúo británico Pet Shop Boys, que concentró la mayor expectativa del público. Después, el humorista Rodrigo Villegas logró una sólida respuesta en la Quinta.
Sin embargo, tras esos espectáculos comenzó la gente a dejar el recinto. Aunque la programación continuó con la competencia folclórica, las butacas comenzaron a vaciarse.
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En la transmisión oficial se alcanzó a notar la baja de público e incluso en redes sociales circularon comentarios que cuestionaban la extensión de la jornada y el horario asignado al último número musical.
Bomba Estéreo salió al escenario de Viña casi sin público
El grupo colombiano Bomba Estéreo, liderado por Li Saumet, subió al escenario alrededor de las 2. A esa altura, gran parte de la galería ya estaba vacía.
La postal contrastó con la energía que desplegó la banda durante su presentación. Quienes permanecieron en el recinto bailaron, acompañaron las canciones y sostuvieron el clima festivo hasta después de las 3.
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Pese al escenario adverso en términos de convocatoria, el grupo recibió el reconocimiento del público presente, que premió su show con gaviota de plata y gaviota de oro.
Una situación que ya se había repetido
En la primera noche del festival ocurrió algo similar con el tenor italiano Matteo Bocelli, quien también se presentó en un horario cercano a las 2 y frente a una Quinta con menor asistencia que al inicio de la jornada.
En plataformas digitales, varios usuarios apuntaron a la organización por extender demasiado la programación y relegar al último artista a un horario que desalienta la permanencia.