15 de julio de 2026 - 15:25

Mujeres del teatro mendocino en el nuevo libro de Fausto Alfonso

El periodista y docente presenta Fijate quién dirige II (Directoras), un recorrido por la obra de catorce teatristas mendocinas que, entre diferencias de poética e ideología, comparten la experiencia de dirigir en un oficio históricamente patriarcal.

El viernes 17 de julio, a las 19.30, la Biblioteca Popular Chacras de Coria abre sus puertas para algo que en Mendoza no abunda: un libro que se detiene a mirar de cerca a quienes dirigen teatro. Fijate quién dirige II (Directoras), del periodista y docente Fausto J. Alfonso, reúne charlas con catorce teatristas —Celeste Álvarez, Mariú Carrera, Ivana Catanese, Gabriela Céspedes, Elsa Cortopassi, Jorgelina Flores, Adriana Gigena, María Godoy, María Lacau, Marcela Montero, Gabriela Psenda, Pinty Saba, Noemí Salmerón y Ángela Verdejo— y llega cuatro años después de un primer volumen centrado en sus pares varones. La presentación estará a cargo de la directora, dramaturga y actriz Laura Angélica Rodríguez, con prólogo de Fernando Toledo, editor de Diario Los Andes.

Detrás del libro hay casi cuatro décadas de Alfonso siguiendo el pulso del teatro local, y una convicción que atraviesa toda la charla que sigue: la de que la bibliografía sobre la escena mendocina es escasa y que, si nadie la escribe, esa historia se pierde. El libro no busca un relato uniforme —al contrario, Alfonso eligió a sus entrevistadas pensando en la diversidad de formaciones, estéticas e ideologías— pero sí encuentra un punto en común incómodo: el peso del patriarcado en un oficio que, pese a todo, ellas vienen sosteniendo desde hace años. En la siguiente entrevista, Alfonso repasa el proceso de escritura, los hallazgos que no esperaba y lo que espera que este segundo volumen deje en la cultura teatral mendocina.

—¿Cómo y de dónde surgió el interés por escribir sobre las directoras teatrales de Mendoza?

—Llevo casi cuatro décadas escribiendo sobre teatro en distintos tipos de publicaciones y he seguido la trayectoria de estas mujeres del mismo modo que lo he hecho con la de sus pares varones. La bibliografía sobre teatro mendocino es escasísima, a tal punto que el año pasado la edición de siete u ocho libros en un lapso muy corto, me llevó a escribir un artículo señalando esa rareza. Me interesaba que la palabra de quienes dirigen quedara en formato libro, que los protagonistas contaran su historia, y que en la multiplicidad de voces se fuese escribiendo, de algún modo y obviamente de modo parcial, la historia del teatro mendocino. En 2022 publiqué el primer volumen, dedicado a directores, y ahora éste. Creo probar con el texto que, pese a que el mundo teatral no ha sido para nada ajeno al sistema patriarcal, las teatristas mendocina han estado siempre presentes con su protagonismo y con aportes concretos.

—¿Cuáles son los desafíos que te planteó la escritura de este libro y cuánto tiempo te llevó escribirlo?

—No podría precisarte exactamente cuánto me llevó escribirlo porque en el camino se entrometieron otros dos trabajos, sobre otros temas, que además terminaron publicándose antes. Así que entre 2023 y 2026 hubo períodos de mayor y menor productividad. Sí, más allá de las charlas en sí, me llevó un buen tiempo la pre producción, buscando y chequeando datos, y reuniendo muchísimo material sobre cada directora, algo que con la tecnología se presume más fácil. Salvo, cuando la mayor parte de ese material solo existe en papel, como fue en este caso.

—Como conocedor del teatro mendocino, al avanzar con las entrevistas ¿hiciste descubrimientos o te encontraste con ideas que en la previa no esperabas?

—Cada directora me sorprendió en algún punto. En algunos casos, lo novedoso tenía que ver específicamente con su labor profesional en sí, su método de trabajo, sus modos de inspiración, sus lecturas. Pero en otras ocasiones, las sorpresas llegaban por el lado de sus experiencias de vida por fuera de la profesión. Desde situaciones curiosas o simpáticas hasta episodios traumáticos o trágicos. Que a la larga y en definitiva, es cierto, iban a tener impacto en lo creativo y en el modo de entender el oficio.

—La nómina de entrevistadas es bien amplia, ¿qué disidencias y coincidencias encontrás, alguna problemática atraviesa a todas estas mujeres del teatro?

—Al sorprenderme cada una en algún aspecto, di por satisfecha mi pretensión inicial, que era la de arrimar al lector un “elenco” de directoras que reflejase la máxima diversidad posible. Como he dicho en otras ocasiones, la diversidad se cacarea mucho, pero se explicita en pocos actos. Creo que dejar asentado en papel -del cual es difícil volver- esa diversidad es un aporte. En qué medida, no lo sé, pero creo que en las entrevistas se reflejan los contrastes de formación teórica y práctica, de estilo, poética, ideología, estética… Como también las trayectorias. Son directoras de distintas generaciones, que lo único que tienen en común es estar todas en actividad. Tan disímiles son que, ante problemáticas comunes, como lo ya citado sobre el patriarcado, las opiniones y experiencias han sido y son diferentes.

—¿Qué expectativas tenés con respecto al aporte que este libro pueda ofrecer a la cultura teatral mendocina?

—Me gustaría que llegara al común de los lectores, y no solo a los teatristas o académicos. El libro está planteado desde un enfoque periodístico. Desde siempre me ha interesado la divulgación cultural. El mendocino promedio desconoce la historia de la cultura y el espectáculo local, en gran medida porque nunca hubo políticas culturales que contribuyesen a su enseñanza y difusión. Ojalá este libro incentivara a proyectos similares. Está todo por hacer en este vastísimo campo del teatro. Solo hace falta hacerlo. Cualquier argumento en contra son solo excusas.

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