María Emilia Marín llega hoy, a las 22, al Teatro Imperial de Maipú con "El manual del placer", un unipersonal dirigido y producido por Renzo "Chory" Occhionero que recorre "sin filtros" los mitos y verdades del deseo entre hombres y mujeres. Actriz y locutora con más de ocho años de trayectoria en medios locales —trabajó siete años en Canal 9 y participó de distintos programas del Grupo América—, Marín es además educadora sexual certificada con perspectiva de género, diplomada en Educación Sexual Integral por la Universidad Nacional de Córdoba y está terminando la Licenciatura en Psicología para especializarse en sexología. Esa doble formación, actoral y científica, es la base de un espectáculo que combina "una clase magistral de educación sexual integral" con el humor como principal herramienta. Las entradas están disponibles por EntradaWeb o en la boletería de la sala.
En la previa a la función, Marín habló con Los Andes sobre el contenido del show, la hipersexualización digital, el analfabetismo sexual y su mirada sobre la inteligencia artificial y el ciberdelito sexual.
—¿De qué trata el Manual del placer, el espectáculo que vas a presentar en el cine Imperial?
—Tiene mucho estudio, tiene un rigor científico importante, porque además de ser profe y licenciada en teatro soy educadora sexual: tengo diplomaturas en educación sexual integral y en género, diversidad y derechos, y estoy terminando psicología porque la idea es especializarme en sexualidad y ser sexóloga. Descubrí que gracias al teatro tengo herramientas para bajar información que, por lo general, es incómoda. Lo que intento es que las personas se encuentren con su propio manual de placer: conocer las diferencias fisiológicas, hormonales, las distintas genitalidades —porque no es solo vulva y pene— y sobre todo conocer el propio cuerpo. Como siempre digo, las personas que conocen son las que pueden elegir; si no, te quedás en el mismo lugar. La sexualidad está en todo. Por qué nos gusta el fútbol o por qué no; algunas personas están en contra de un determinado gobierno y otras quieren salvaguardarlo; unos se mten en política y otros no. Y todo eso tiene que ver con la sexualidad. El espectáculo dura una hora y media, pero podría estarte hablando de esto dieciocho días seguidos. La idea es que, gracias al humor, te vayas con información para cuestionarte cosas y tener una vida sexual sana.
—Es la definición de Freud, en el fondo: la libido está en todas partes.
—Exactamente, ahí se me notó la línea teórica sin querer decírtelo (risas). Es mi línea predilecta, por eso voy a especializarme desde ahí. La libido está donde la ponemos, no siempre en lo genital. Esa es la data del manual.
—Vivimos en una sociedad hipersexualizada, con acceso total a la pornografía. ¿Cómo tomás eso en tu monólogo?
—Me animaría a decirte que el tema sexo está prostituido, si me lo permitís. Manoseado. La pornografía a veces sirve como herramienta en un caso puntual, no es cuestión de defenestrarla totalmente, pero hay una industria detrás que creo que es más grande que la farmacéutica y que la del tabaco en su momento. Desde el psicoanálisis decimos que la sexualidad es una pregunta que no tiene respuesta, como la muerte: si te pregunto cómo es un orgasmo, te vas a quedar medio así, porque a cada uno le pasa de una manera. Eso la hace singular, intransferible. La hipersexualización lo que hace es generalizar: que todos tenemos que sentir igual, excitarnos igual, eyacular igual. Si la mujer no hace el squirt no es una grosa; si al varón no se le para hasta los 80 es un tarado; y nadie avisa que la pastilla te hace funcionar pero no necesariamente te da placer. Yo tengo un hijo de casi once años, Cayetano, y lamentablemente también está atravesado por esto, no solo por la escuela sino por el bombardeo permanente de los adultos. Ya es un mal cultural, una sintomatología de la época. Por eso el cuestionamiento, y de la mano del humor se hace más liviano.
—¿Pese a esa hipersexualización, lo que prospera es el analfabetismo sexual?
—Tremendo. Y eso que tenemos la Ley de ESI desde 2006, la 26.150, que hace que Argentina sea pionera en la región. Esa ley promueve que todos tengan la misma información para poder elegir. El problema es el analfabetismo. Hay personas que al día de hoy están contagiadas con sífilis porque hay un alto índice de esta enfermedad dando vueltas. Pero piensan si total hay una pastilla, si total me dan penicilina y se acabó. Pero nadie los informa de que con la sífilis pueden tener daño neurológico con el tiempo. Eso no te lo cuentan.
—Tu espectáculo se inserta en un momento en que el gobierno está en contra de la divulgación y el ejercicio concreto de esa ley. ¿Cómo te situás frente a eso?
—Mi espectáculo está sostenido por el encuadre de esa ley, y la defiendo mucho, porque gracias a ella muchas personas lograron hablar, no solo de abusos —el 80% de los niños y niñas pudieron denunciar abuso intrafamiliar gracias a la ESI— sino también de cosas tan simples como lavarse las manos antes de comer, que también es ESI: es cuidar el cuerpo, hablar de fraternidad, de vínculos, de respeto. La intención es integrar la sexualidad, no reducirla a lo genital, que es lo que este gobierno y sectores de ultraderecha intentan instalar como lo más importante. No lo es: es apenas el 1%. Hay una perversión de parte de quienes gobiernan, que tienen un pene y una vulva en la frente y no ven todo lo demás.
—Con la inteligencia artificial también aparecen cosas como el ciberdelito sexual. ¿Está ese tema en tu espectáculo?
—La virtualidad puntualmente no se toca en el espectáculo, ahí trabajo las fases de la respuesta sexual humana y las diferencias entre cómo la vive la vulva y cómo el pene, con mucha comedia de situación. Pero ese tema hace falta ponerlo en discusión con profesionales especializados en ciberacoso. Hay chicos de una escuela que les dijeron a sus compañeras que iban a seguir desnudándolas y vendiéndolas pese a las denuncias. Para mí es peligroso: nadie imaginó que lo de la IA iba a tomar esta magnitud, y recortarlo ahora dejaría sin herramienta a toda una población acostumbrada a usarla, mientras el sistema pierde la plata que le entra por eso. Este sistema lo único que quiere es plata y poder. Mi postura es que nos tenemos que formar, denunciar los casos puntuales y tomar conciencia de que es masivo e irrefrenable. No es muy alentador, pero creo que les va a costar mucho a las generaciones que vienen: a mi hijo, a mis nietos si llegan a existir. Porque todo depende de lo que le convenga al sistema, a los pocos que siempre tienen el mismo poder.