A treinta años de su estreno, "Evita" vuelve a ocupar un lugar central en la memoria cultural argentina. El musical dirigido y escrito por Alan Parker, que llegó a los cines en 1996 y que tuvo aMadonna como protagonista absoluta, no solo fue un éxito comercial —con una recaudación cercana a los 141 millones de dólares— sino que también dejó una marca profunda en Buenos Aires y en el corazón de los argentinos. Polémicas políticas e ideológicas aparte, la película convirtió a la Argentina y a una parte decisiva de su historia en protagonista de una superproducción internacional que todavía hoy sigue generando recuerdos, debates y relatos desde adentro.
En Aconcagua Radio, el aniversario número treinta del filme fue la excusa para volver sobre aquel momento único y, al mismo tiempo, para celebrar la reciente inauguración del espacio propio de uno de los argentinos que formó parte de esa experiencia cinematográfica. Luis Solanas, dueño de La Viruta Tango AR, participó en "Evita" como bailarín y es quien aparece en pantalla bailando tango junto a Madonna. Desde ese lugar, compartió una mirada personal sobre el paso del tiempo, su carrera y el impacto que tuvo la película en su vida y en la difusión del tango.
“Increíble cómo pasa el tiempo: lo veo yo en mis canas. Pero, más allá de eso, siempre estoy divertido porque mi profesión es ser actor y bailarín y estoy haciendo lo que me gusta, así que eso ya es como un regalo”, expresó Solanas al aire, con una mezcla de nostalgia y gratitud. Tres décadas después, la experiencia sigue viva no solo en la memoria colectiva sino también en su recorrido personal.
Solanas destacó además la importancia simbólica y cultural que tuvo "Evita" para el tango en el contexto internacional. “Siempre el tango estuvo presente en Hollywood de una manera u otra, pero la llegada de Madonna, tratar un tema como el de Evita y demás me pareció importantísimo para el tango. Además, más allá de las ideas políticas y todo (porque había escenas en las que no estaba todo el mundo de acuerdo, y me parece bien que todos opinen), la película y ella trajeron una movida acá bastante importante”, señaló.
La historia de cómo una productora de Hollywood llegó hasta un bailarín argentino para integrarlo a una superproducción internacional parece, en sí misma, parte de un guion cinematográfico. "La historia de la película ya viene con Oliver Stone, que era el primero que iba a hacerla. Yo hice el casting y tuve la suerte de ganarlo en ese momento y bueno, después, por diferentes causas, no se hizo la película con él y quedó el proyecto en el aire”, relató.
Luissolano
El tiempo pasó y el proyecto resurgió de manera inesperada mientras Solana se encontraba en Europa. “Mucho tiempo después yo fui a bailar a París y me llegó una nota. Hablamos por teléfono y me dijeron que estaba contratado para la película. Tuve que volver a Buenos Aires. La movida fue impresionante”, recordó. El regreso fue vertiginoso: “Para mí, como para mi carrera, fue importante y después fue tratar de cambiar los pasajes: el día viernes estaba en París y el lunes tenía que presentarme en Buenos Aires. Bajé del avión y vine directo a Puerto Madero, que era donde en principio estaba la productora instalada para la ropa y todo lo demás. Hasta ahí era entrar a la película y posiblemente bailar con Madonna, porque no se sabía eso todavía”.
El encuentro con la estrella pop fue otro de los momentos decisivos de la experiencia. “Yo tenía que actuar y bailar, de manera que las dos cosas eran familiares para mí y un día me dijeron que a tal hora tenía que encontrarme con Madonna en el hotel y me iba a conocer”, contó. Según su relato, el primer contacto fue distante, pero rápidamente se transformó en un espacio de trabajo intenso. “La cosa fue así, un poquito fría al principio. La conocí y la idea era bailar, así que empezamos a practicar y demás. Estuvimos como una hora y media practicando. De más está decir que Madonna es una profesional excelente”.
Solanas reveló además un costado poco conocido de aquella relación profesional que luego derivó en algo más cercano. “Ella ya sabía bailar tango y cuando terminó el primer encuentro me preguntó muchas cosas (de dónde venía, dónde había estudiado). En un momento me preguntó cuánto ganaba por la película. Yo no le podía decir, pero aflojé un poco y le dije. Ella me dijo entonces que me iba a contratar para 15 clases de tango y me iba a pagar exactamente lo mismo que me iban a pagar en la película”. Ese gesto tuvo un impacto concreto en su vida: “Para mí fue impresionante porque justo yo estaba pagando mi casa. Eso me ayudó muchísimo”.
Con el correr del tiempo, el vínculo se volvió más cercano. “Después terminamos más con una amistad y empezamos a charlar de otras cosas. Un día le pregunté por qué lo hizo y ella me dijo: ‘Porque vos venís del mismo lugar de donde yo vengo’. Dando a entender que se hizo también desde abajo. Una persona realmente muy agradable”, concluyó.
-En aquel momento haber logrado esa intimidad personal con un artista de Hollywood sorprende.
-Sí, porque ella planteó amistad. Era muy copada. Ella tenía un lugar en Miami, me contaron, que era como una mecenas de artistas. Me propuso ir a Miami, me hospedaba y me bancaba un año toda mi presentación en Hollywood. Yo no quise porque me quedé con La Viruta. Yo no hablo inglés. Como dicen los porteños, arrugué.
-La Viruta en noviembre pasado cumplió 35 años.
-Sí, fue una buena decisión. La otra hubiera sido una buena decisión también, pero esta que me tocó fue buena. Tengo un recuerdo de ella muy, muy lindo. Una gran persona. La verdad que yo la quise mucho, aunque duró lo que duró la filmación. Nos despedimos con una milonga, porque ella venía a la milonga. Digamos, era una mina que estaba muy interesada por el tango: no es que hizo cualquier cosa. No es que bailó un poco de tango y nada más.
La nota completa del artista con Aconcagua Radio puede escuchar en el canal de Spotify de la emisora.