18 de noviembre de 2025 - 14:55

Liudmila Titova, directora del Moscow State Ballet: "Con esta obra uno puede amar el ballet"

La compañía rusa regresa a Mendoza para presentarse en el Arena Maipú. En esta oportunidad con el clásico El Cascanueces, con música de Tchaikovsky. En esta entrevista, la directora y bailarina habla de su pasión por la danza y la importancia de los repertorios clásicos.

El reconocido Moscow State Ballet vuelve a Mendoza. Luego de su presentación en abril, cuando ofreció una selección de piezas clásicas, en esta ocasión, pondrá en escena una especial producción de El Cascanueces, obra emblemática que ha enamorado a generaciones con su magia, encanto, delicadeza y emoción.

La compañía rusa regresa con el clásico usualmente programado para las navidades este jueves 20 de noviembre a las 21.30, en el Arena Maipú de Mendoza (Emilio Civit y Maza, Maipú).

Dirigida artísticamente por Liudmila Titova —también primera bailarina de la compañía— esta versión se destaca por la calidad de su elenco, la precisión de sus coreografías tradicionales, un deslumbrante vestuario de época y escenografías que envuelven al público en un universo fantástico.

Desde su estreno en 1892 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, El Cascanueces se convirtió en uno de los ballets más emblemáticos del mundo y en un ícono de la tradición navideña.

Inspirada en el relato de E.T.A. Hoffmann y acompañada por la inconfundible música de Piotr Ilich Tchaikovsky, la historia sigue a la pequeña Masha que junto al Príncipe Cascanueces, se enfrentan con el Rey Ratón, en un viaje lleno de imaginación que recupera el espíritu navideño en cada escena.

El Moscow State Ballet ha llevado sus producciones a numerosos escenarios internacionales, entre ellos México, España, Italia, Brasil, Alemania, Portugal, Israel, Turquía, Chipre, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua y El Salvador. En sus presentaciones trabajan primeras bailarinas del Teatro Bolshoi, Teatro Mariinsky, Stanislavsky y Nemirovich-Danchenko (Teatro Musical de Moscú).

Liudmila Titova, directora y primera bailarina del ballet

En una entrevista con Los Andes, Ludmila Titova habla acerca del ballet clásico, el reto de ser directora a la vez que primera bailarina y la preparación que exige una gira mundial.

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Liudmila Titova, directora y primera bailarina del Ballet de Moscú.

Liudmila Titova, directora y primera bailarina del Ballet de Moscú.

—¿Cómo vive el reto de combinar la dirección artística del Ballet de Moscú con su interpretación en El Cascanueces?

—El trabajo es una bendición más cuando es haciendo lo que nos apasiona. La coordinación administrativa de nuestras actividades cae en manos de empresarios responsables en áreas de trabajo en Europa, Asia, Latinoamérica etc. Confiamos en su trabajo y eso me permite desarrollar el área de dirección artística de lo que implica la propuesta artística, la rigurosidad de la clase de todos los días y, además, participar artísticamente en la propuesta hacemos. Nos hacemos el tiempo y lo hacemos con gusto.

—Dentro de esta obra, ¿qué parte considera la más exigente o la más significativa para usted como intérprete?

—El ballet en todas su etapas y presentaciones exige cumplir con los estándares que la escuela rusa especialmente exige. No hay piezas simples, todas tienen su magia ya sea en interpretación o exigencia física. El Cascanueces tiene piezas muy exigentes y nos hemos preparado durante años para entregarlos con cariño y respeto al público nos visita.

—Después de tantos años en los escenarios, ¿qué la sigue inspirando a bailar con la misma pasión?

—No hay manera de apagar la pasión de lo que uno ama.

El Cascanueces es un clásico navideño que sigue emocionando a públicos de todas las generaciones. ¿Por qué cree que sigue siendo tan universal y atemporal?

—Su historia es atemporal. El amor, la valentía y la esperanza son guías que llevan al ser humano a buscar su felicidad y a encontrar modelos para orientarse. De eso nos habla la historia… Los cuentos de Navidad, en una época de alegría, forman parte del alma humana, y eso se refleja en el público, que desea volver a escuchar y ver esta historia. Son relatos que, en los momentos difíciles, funcionan como guía: nos recuerdan la valentía, la esperanza y lo que nos une como familia y como seres humanos: el amor.

—¿Cómo describiría la experiencia de actuar para el público latinoamericano y qué diferencias percibe en comparación con otros escenarios del mundo?

—En el mundo, los públicos son distintos en muchos sentidos. El público argentino es especialmente receptivo y culto, sensible al arte desarrollado con respeto y al amor que tratamos de transmitir los artistas en cada historia que contamos. El ballet es el arte que une técnica, espiritualidad y pasión, y permite narrar estas historias sin necesidad de otro idioma más que la percepción de la danza, una expresión que se construye después de años de práctica, esfuerzo, privaciones y dedicación.

Venir a Argentina siempre es un placer para nosotros; nos vamos felices por la hermosa recepción que nos brindan. Venir a Argentina siempre es un placer para nosotros; nos vamos felices por la hermosa recepción que nos brindan.

—¿Qué distingue esta producción del Ballet de Moscú de otras versiones clásicas de El Cascanueces?

—La propuesta es una suite de El Cascanueces, un compendio de sus mejores momentos, con las piezas más importantes. Esto permite que el público, especialmente quienes no conocen la obra, pueda descubrir y reconocer las hermosas composiciones de Tchaikovsky y convertirse en nuevos amantes del ballet. Y para quienes ya son balletómanos, es una oportunidad de ver estas piezas interpretadas por grandes bailarines y disfrutar de su técnica y ejecución. Poder llevar cultura a más personas, masificando y democratizando el arte, es parte de nuestra misión.

—¿Qué tipo de preparación física y mental requiere una gira internacional tan exigente?

—Requiere de varias etapas y de que se alineen muchos planetas. No sólo es necesario que la compañía tenga fechas disponibles: cada artista es un mundo, con permisos, compromisos, estado de salud y disponibilidad. Además, las salas deben tener fechas libres, y a eso se suma la gestión de vuelos, hoteles, campañas promocionales, traslados, visas, permisos, equipamiento, maletas, vestuarios, escenografías, pisos de ballet, requerimientos técnicos y un largo etcétera. Es un esfuerzo enorme de muchísima gente. Nosotros venimos a bailar, y nuestra concentración está puesta exclusivamente en eso, porque descansamos sobre los hombros de un equipo inmenso que, en cada ciudad y en cada teatro, trabaja para que lo que presentamos pueda realizarse: empresarios responsables, productores, gestores culturales, administradores, técnicos y personal de planta y apoyo. A todos ellos les decimos ‘gracias’ cada noche cuando levantamos nuestras manos y agradecemos al público que nos aplaude

—¿Qué valores o principios artísticos definen al Ballet de Moscú en la actualidad? ¿Qué significa para usted y la compañía llevar la tradición del ballet ruso a diferentes partes del mundo y compartirla con nuevos públicos?

—El ballet existe desde el siglo XV. La técnica que conocemos hoy se desarrolló en el siglo XIX en Rusia, gracias a coreógrafos como Marius Petipa, creador de obras como El lago de los cisnes y El cascanueces, junto a la música de un gigante como Tchaikovsky. Es algo profundamente arraigado no solo en el alma del pueblo ruso, sino también una responsabilidad inmensa para nosotros como artistas: es parte del patrimonio cultural de nuestro país. Presentarlo en el mundo es algo que tomamos muy en serio. Somos una delegación diplomática cultural que visita cada país con cariño, respeto y pasión. Abrazamos con amor a quienes nos reciben y agradecemos con humildad cada muestra de afecto que nos brindan. Ese es el principal combustible que hace que todos los involucrados quieran volver a hacerlo una y otra vez.

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